Entre comienzos de la década del ‘30 y fines de los años ‘60, Liberti fue presidente millonario en cinco oportunidades: 1933-1935, 1939, 1943-1952, 1960-1964 y 1966-1969. Aquello del “fútbol espectáculo” no era nuevo para el hombre de River. Sin ser el titular del club, pero como uno de sus principales dirigentes, gestionó las míticas compras de Carlos Peucelle primero y Bernabé Ferreyra después.
Don Antonio, dueño de un cine en San Fernando, más tarde lideró la mudanza del equipo de la banda roja, del Riachuelo a Alvear y Tagle y fue el padre de la construcción del Monumental en Núñez (estadio que hoy lleva su nombre).
En 1964 puso sobre la mesa nada menos que 33 millones de pesos, para quedarse con Roberto Matosas; pero el desatino de la época fue armar una delantera extranjera, que salvo alguna excepción, muy poco tenía que ver con el brillo futbolístico del pasado de la institución (Domingo Pérez, Moacyr, Pepillo, Delem y Roberto).
En el marco del histórico matrimonio del fútbol con la política, Antonio Vespucio Liberti fue designado durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, cónsul general en Génova. Fue el único dirigente que se animó a incorporar a Mary Terán de Weiss al equipo de tenis de su club, cuando las comisiones directivas del resto de las instituciones y muchas jugadoras, rehusaron a participar del torneo interclubes, por la relación de la deportista con el peronismo.
Murió a los 76 años, el 28 de noviembre de 1978.
Notas relacionadas
“Fútbol espectáculo” en los ’60: La “colonización cultural” del potrero
“Fútbol espectáculo” en los ’60: La “colonización cultural” del potrero