“Tribunas sin pueblo”: La Selección argentina con 11 apellidos ingleses

A fines del siglo XIX, la comunidad británica en la Argentina, comenzó a darle espacio al nuevo juego en sus canchas de cricket, mientras marineros, obreros y técnicos ingleses, que trabajaban en puertos y ferrocarriles, empezaron a sorprender a los porteños pateando la de tiento en los ratos libres. Hasta que Alejandro Watson Hutton, director del Buenos Aires High School, incorporó el nuevo deporte al programa escolar y el fenómeno encontró un cauce seguro para desarrollarse.

Hutton llegó en 1882 para trabajar en Saint Andrew’s y dos años después asumió en el Buenos Aires. La escolarización del deporte, era por entonces una novedad teórica, que los ingleses incorporaron al mundo académico en la segunda mitad del siglo XIX. El francés Pierre de Coubertin (historiador, pedagogo y filósofo, responsable del regreso de los Juegos Olímpicos después de 1500 años), viajó a Inglaterra en 1873 y se vinculó con la experiencia de Thomas Arnold (Escuela de Rugby, donde William Ellis creó el rugby). Cuando regresó a París, trasplantó un formato que luego adoptó la educación de casi todo el mundo.

Aparecieron los equipos (Alumni que primero se presentó como English High School; Belgrano Athletic Club; Banfield; Lomas; etc.) y luego surgieron las competencias.
El 15 de mayo de 1889, cuando aún no se habían creado las selecciones nacionales, un combinado de Buenos Aires enfrentó al de Montevideo, en La Blanqueada (Uruguay). El motivo: súbditos “extraoficiales”, festejando los 70 años de la reina Victoria de Gran Bretaña. Fue triunfo de los argentinos 3-0 y de esta manera, nació la idea de empezar a jugar internacionalmente.

El primer partido de la Selección argentina, se jugó el 17 de mayo de 1901. Victoria 3-2 sobre Uruguay, en el campo de deportes del Albión en Montevideo.
Uruguay: E. Sardeson (Nacional); C. Poole (Nacional) y Cardenal (Nacional); J. López (Albion), Cutler (Nacional) y Ortiz Garzón (Nacional); J. Sardeson (Nacional), Morton (Albion), W. Poole (Nacional), Lodge (Nacional) y Bolívar Céspedes (Nacional).
Argentina: Rudd (Lomas Athletic), W. Leslie (Quilmes) y Addecot (Belgrano Athletic); A. A. Mack (Alumni), Rattcliff (Belgrano) y E. Duggan (Belgrano); G. Leslie (Lomas Athletic), Anderson (Lomas Athletic), Leonard (Alumni), E. Dickinson (Belgrano Athletic) y G. Dickinson (Belgrano Athletic).

El 21 de febrero de 1893 se creó la Association Football League, por impulso de Mr. Watson Hutton. En 1900 con la creación de la Uruguay Association Football League, quedó todo dispuesto para el choque de dos selecciones representativas de ambas ligas.
El primer partido de la celeste y blanca, fue el 20 de julio de 1902, en El Paso del Molino (Montevideo), ante 8 mil espectadores y con el arbitraje del argentino Roberto W. Ruud.
Nuestra selección jugó con José Buruca Laforia (Barracas); William Leslie (Quilmes) y Walter Buchanan (Alumni); Eduardo Duggan (Belgrano), Carlos Buchanan (Alumni) y Ernesto Brown (Alumni); Edward Morgan (Quilmes), Juan Moore (Alumni, capitán), Juan Anderson (Lomas), Carlos Dickinson (Belgrano) y Jorge Brown (Alumni).
Los uruguayos también pusieron en el campo de juego, algo de perfume británico: Sanderson; Carve y Arimallo; Bebel, Carbone y Peixoto; Céspedes, Reyes, Rincón, Boutón y Rowland.
En la revancha disputada en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1903, los uruguayos ganaron 3-2.

En 1891 había nacido la The Argentine AssociationFootball League y se jugó el primer torneo (Saint Andrew’s y Old Caledonians, compartieron el título). Después de 1892 sin competencias, el fútbol volvió a las canchas al año siguiente. El 21 de febrero de 1893, en una reunión en Venezuela 1230 (casi esquina Salta), nació la Argentina Association Footbal League.

En 1908 chocamos por primera vez con Brasil (3-2 en Río de Janeiro); Chile se incorporó a las competencias en 1910 (3-1 en Buenos Aires) y en 1919 Paraguay (5-1 en Asunción).
Ya estaban dadas todas las condiciones para que el deporte más popular del continente, tuviera torneos sudamericanos importantes y explotaran definitivamente a nivel continental, los clásicos más tradicionales de la región.
En la década del ´20, la Selección argentina inició su recambio generacional. Aparecieron los apellidos que representaron el inicio de la argentinidad del fútbol local (criollos e hijos de la inmigración europea, que la generación del ’80 subió a los barcos, soñando con mano de obra calificada). Nació un estilo propio que se olvidó del coloniaje cultural, sin temor a que lo “fabricado” por la industria cultural nacional, sea de menor calidad que el venerado producto importado.
Poco después irrumpieron los “chacareros”, los jugadores de las plazas más importantes del país profundo, para sumarse a una Selección que en sus orígenes, era casi con exclusividad una representación “metropolitana”.

A principios de la primera década del siglo pasado, nacieron los clubes fundados más allá de las fronteras de las instituciones inglesas y en las barriadas populares, crecieron los primeros grandes fenómenos de masas de nuestro fútbol.

Con alguno de los míticos hermanos Brown, todavía vigentes, Wilson en el arco y los Hayes de Rosario; la transición adoptó a Tesorieri, Perinetti, Bidoglio, Ohaco, Olazar, Libonatti, Zenón Díaz y Calomino.
Tiempos en los que se jugaban frente a Uruguay, las copas Lipton, Honor Uruguayo, Honor Argentino y Newton; la Roca ante Brasil y la Chevalier Boutell, con los paraguayos. Etapa en la que generalmente, algunos dirigentes elegían a los jugadores y el capitán formaba el equipo. (Fragmento de “Tribunas sin pueblo”, Gustavo Campana – 2018).

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