
El 22 de mayo de 1979 en Zurich, Argentina derrotó por penales a Holanda (8-7, con tres atajadas de Fillol), después de empatar sin goles en los 90’ y se quedó con el trofeo “75º aniversario de la FIFA”. Teniendo en cuenta que las imágenes que iban a llegar a Buenos Aires, eran emitidas por la televisión suiza y por lo tanto, inmodificables en el destino satelital, colgaron banderas detrás de los arcos con la leyenda: “Videla asesino”.
Argentina: Fillol; Olguín, Villaverde, Passarella y Tarantini; Ardiles, Gallego y Maradona; Bertoni (Houseman 67’), Luque (Barbas 61’) y Ortiz (Enzo Trossero 85’). Holanda: Doesburg; Jansen (Metgod 83’), Krol, Stevens y Hovenkamp; Poortvillet, Peters y Neeskens; Rep, Kist (Peters 67’) y Tahamata (René Van der Kerkhof 75’). DT: Jan Zwartkruis.
Diego llevándose a la rastra a Neeskens por toda la cancha y Tahamata venciendo la resistencia de Olguín en cada desborde, fueron las dos cuotas individuales más importantes, de un partido que en lo colectivo se jugó a gran velocidad y con muchísima profundidad. En la cabeza de algunos protagonistas, se impuso la idea con la que se vendió mediáticamente el duelo (“La revancha del 78”) y en muchos pasajes de pierna fuerte, el estadio donde se jugó la final del ’54, se convirtió en el Monumental. Con el gran trabajo de la dupla Villaverde-Passarella, Argentina estrenó centrales. Altos rendimientos de Ardiles, como co-conductor por la derecha y de Daniel Bertoni, quebrando el fondo naranja a pura potencia.
Por entonces, el periodismo argentino hablaba de una oferta de un millón de dólares de Talleres de Córdoba por Bertoni (Sevilla, España), para devolverlo al fútbol argentino. El club que presidía Amadeo Nucitelli, de la mano de grandes actuaciones en el Nacional y de la chapa que Menotti le dio a medio plantel como seleccionados en el proceso 78, pretendía a través de la tablita de Martínez de Hoz, una transferencia histórica.
Después de ver por televisión los carteles “Videla asesino”, que los exiliados argentinos colgaron detrás de los arcos en el partido con Holanda, el locutor tomó el toro por las astas y salió a defender lo indefendible. Julio Lagos comenzó rápidamente una campaña por radio para llevar a Roma una gran bandera con “una leyenda en pro del país”. Pensó en llevar cinco celebridades como representantes del modelo que auspiciaba la dictadura, pero ninguno se anotó. Finalmente subió 30 oyentes a un charter por 150.000 dólares (entre ellas la mamá de Maradona) y volaron para ver Italia-Argentina.
A través de “Mónica presenta” (Canal 13), Lagos convocó a los que tuvieran su pasaporte al día o posibilidades de renovarlo rápidamente y por supuesto, que pudieran pagarse el pasaje. El viaje a París fue por Aerolíneas Argentinas y de allí a Roma, por Alitalia. Llegaron con los minutos contados para ir al estadio y para conseguir las entradas, la figura del contraalmirante Lacoste fue fundamental.
Cuatro días después de la victoria desde los 12 pasos ante Holanda, los campeones del mundo empataron 2-2 con Italia, en el estadio Olímpico de Roma (primer partido ante los italianos en su tierra, en el que Argentina no terminó derrotada). Valencia a los 6’, puso en ventaja al equipo argentino con un golazo (doble amague ante Scirea y derechazo cruzado ante la salida de Zoff); empató Causio (25’) y lo dio vuelta Rossi (54’). Empató Passarella de penal (55’).
Gran primer tiempo de los visitantes, que presentaron al ganador de la Copa del 78 con tres cambios: Villaverde por Galván, Barbas por Ardiles y Maradona por Kempes. En el dibujo táctico, Valencia como cuarto volante y Housemann-Luque, la dupla atacante.
Italia: Zoff; Gentile, Scirea, Collovati y Cabrini; Tardelli, Oriali y Antognoni; Causio, Rossi y Bettega. DT: Enzo Bearzot.
Argentina: Fillol; Olguín, Villaverde, Passarella y Tarantini; Barbas, Gallego y Maradona; Houseman, Luque y Valencia. DT: César Luis Menotti (Fragmento de “Tribunas sin pueblo”, Gustavo Campana).

