El fútbol argentino de principios de la década del ’60, se entregó a los brazos de un fenómeno de extranjerización, que conocimos como “fútbol espectáculo”. Un laboratorio que terminó siendo un salto al vacío, conducido desde River Plate por Antonio Vespucio Liberti y por el Boca Juniors, al mando de Alberto Jacinto Armando. Los dos dirigentes con mayor peso político del fútbol argentino, intentaron por una vía nunca antes explorada con tanta vehemencia, salir de la gran depresión que había causado la mala actuación de la Selección “no representativa” en el Mundial de Suecia (sin Maschio, Angelillo, Sívori, Di Stéfano y Grillo).
En síntesis, los que manejaban a los dos clubes más importantes, se sintieron con “superpoderes” para achicar el número de equipos de Primera, cambiar el formato de los torneos, etc. Cuando perdieron la pelea política, intentaron con la prepotencia del bolsillo, instaurar la ley de la selva para que “solo sobreviva el más apto”.
Importaron todo, sin tener en cuenta la calidad del producto. Desembolsaron cifras importantísimas para nuestra plaza y llegaron muy pocas individualidades de buen nivel. Pagaron demasiado por un ejército de jugadores mediocres y junto con ellos, un residual de apellidos inaceptables.
El objetivo era uno solo: volver a convocar multitudes a las canchas, fundamentalmente con apellidos brasileños; jugadores que eran comprados con una supuesta “garantía de calidad”, teniendo en cuenta los títulos mundiales que consiguieron los verde-amarillos entre 1958 y 1962.
River compró al español Pepillo, al uruguayo Domingo Pérez, a los brasileños Delem, Roberto, Moacir y Salvador. Boca a los brasileños Orlando, Almir, Maurinho y Dino Sani y al peruano Loayza. El “efecto contagio” generó que Independiente buscara al paraguayo Cabral y al brasileño Lanzoni. San Lorenzo trajo de Brasil a Belizario y Racing a los uruguayos Mesías y Borges.
El Xeneize trajo como entrenador al técnico del campeón Mundial del ’58, Italo Feola; Independiente a otro brasileño, Oswaldo Brandao y River recuperó al húngaro Hirschi, que había pasado por el club en la década del ’30. San Lorenzo trajo al “europeizado” Juan Carlos Lorenzo, luego de su larga experiencia en Italia y Francia.
(Foto de portada: Alberto J. Armando y Antonio V. Liberti).
Entre comienzos de la década del ‘30 y fines de los años ‘60, Liberti fue presidente millonario en cinco oportunidades: 1933-1935, 1939, 1943-1952, 1960-1964 y 1966-1969. Aquello del “fútbol espectáculo” no era nuevo para el hombre de River. Sin ser el titular del club, pero como uno de sus principales dirigentes, gestionó las míticas compras de Carlos Peucelle primero y Bernabé Ferreyra después. Don Antonio, dueño de un cine en San Fernando, más tarde lideró la mudanza del equipo de la banda roja, del Riachuelo a Alvear y Tagle y fue el padre de la construcción del Monumental en Núñez (estadio que hoy lleva su nombre).
En 1964 puso sobre la mesa nada menos que 33 millones de pesos, para quedarse con Roberto Matosas; pero el desatino de la época fue armar una delantera extranjera, que salvo alguna excepción, muy poco tenía que ver con el brillo futbolístico del pasado de la institución (Domingo Pérez, Moacyr, Pepillo, Delem y Roberto).
En el marco del histórico matrimonio del fútbol con la política, Antonio Vespucio Liberti fue designado durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, cónsul general en Génova. Fue el único dirigente que se animó a incorporar a Mary Terán de Weiss al equipo de tenis de su club, cuando las comisiones directivas del resto de las instituciones y muchas jugadoras, rehusaron a participar del torneo interclubes, por la relación de la deportista con el peronismo.
Murió a los 76 años, el 28 de noviembre de 1978.
El “fútbol espectáculo” se agotó muy pronto y a partir de mediados de los años ’60, nuestro fútbol vivió un tiempo de inesperada bonanza. Regresó en parte a sus fuentes y con algo de su vieja estirpe renació a través resultados. La Selección ganó en Brasil la Copa de las Naciones 1964 y redondeó su mejor Copa del Mundo desde 1930, en Inglaterra ‘66.
En materia de equipos, después del subcampeonato de Boca en la Libertadores ‘63, Independiente fue campeón en 1964 y 1965; River perdió la final con Peñarol en el ‘66; Racing la ganó en 1967 y Estudiantes (La Plata) en 1968, 1969 y 1970. La Intercontinental fue para la Academia en 1967 y al año siguiente para el “Pincha” de Osvaldo Zubeldía.
Armando nació en Santa Fe en 1910. Fue presidente xeneize, primero entre 1954 y 1955 y luego desde 1959 hasta 1980. La fiebre del consumo del jugador importado a través de la conducción del Puma, la constituyeron la llegada a Boca de Vicente Feola (DT campeón del Mundo con Brasil en el ‘58), Valentim, Orlando, Almir, Edson dos Santos, Dino Sani y Del Vecchio. Repatrió a Ernesto Grillo del fútbol italiano y compró los goles del Nene Sanfilippo.
Fue el primer presidente local que entendió la importancia de la Libertadores, como dato deportivo y como negocio. Boca, campeón argentino de 1962, cayó en la final continental del ’63 ante el Santos. El presidente tuvo revancha, conquistando las copas de 1977 y 1978 y la Intercontinental ’77, en agosto del ’78.
Pasó a la historia por ser uno de los dirigentes más personalistas de nuestro medio y convertirse en el padre de una de las promesas incumplidas, más tristemente célebres del deporte argentino: la inauguración de un estadio para 120 mil personas en la Ciudad Deportiva, prevista para el 25 de mayo de 1975 ante el Real Madrid.
En los medios gráficos deportivos de 1969, aparecía un aviso que decía: “La gente que hace es discutida, pero avanza. Usted sabe que Alberto J. Armando significa visión, empuje, realidades. Que cuando dice haremos, lo hace. Invierta su dinero (no importa la cantidad), en Alberto J. Armando Financiera Mandataria S.A., Av. La Plata 2935. Seriedad, responsabilidad, altos intereses y el aval de la presencia dinámica y transformadora de Alberto J. Armando.
Además, la seguridad que otorga el Hollandsche Bank Unie, afiliado al Algemene Bank Nederland. Agente pagador: Banco Holandés Unido”.
Tiene varias coincidencias con Mauricio Macri. Los dos manejaron al club con aires monárquicos, en tiempos de vacas gordas deportivas (títulos locales, Libertadores e Intercontinental) y respondieron políticamente a la derecha. Armando fue candidato a gobernador de Buenos Aires en las elecciones de 1973, acompañando el sueño presidencial del Brigadier Martínez (“Presidente joven, sabe y puede”, decía el jingle de campaña).
Aquel campeonato del ’61 lo ganó Racing con 47 puntos y segundo terminó San Lorenzo con 40, los dos que menos habían invertido. River tercero a 9 unidades de la Academia y Boca quinto a 12.
Los goleadores fueron Sanfilippo (San Lorenzo) 26 y Luis Artime (Atlanta) 25. Se convirtieron 55 goles menos, que el torneo de 1960.