
Mayo de 2008. A punto de cumplirse 30 años del Mundial argentino, Caloi brindó una entrevista para un programa de TV, que buscaba contar aquella historia a través de Clemente y sus apariciones diarias en la contratapa de Clarín.
“Para entender a Clemente, siempre hay que relacionarlo con la situación política, social y cultural del país” -advertía el creador del entrañable personaje-. “Clemente nació en el año 1973 en Clarín, durante la última etapa de la dictadura de Lanusse. Una época de agitación política muy grande, con el advenimiento de Perón a la Argentina y con una gran movilización de la juventud y las organizaciones sociales que volvían a florecer. El poder se ganaba y se dirimía en la calle, de manera que Clemente nació con ese agitado calor popular. Y dentro de nuestra cultura, el fútbol es ineludible. No es solamente un entretenimiento o un espectáculo para los argentinos, sino parte de nuestra idiosincrasia. Así que con el calorcito de esos días, más el del alma de pibe de barrio que uno tiene y que fue tan importante en la formación de toda mi generación, se hizo la sustancia de Clemente”.
Aquella situación política, social y cultural del país que vio nacer a Clemente, cambió poco después. “Vino la noche larga y negrísima, que empezó con el golpe militar del ‘76. En ese tiempo fui amenazado. Todos los días recibía llamadas en mi casa y yo tenía un bebé recién nacido (Tute, hoy un notable dibujante del diario La Nación), así que como no era ningún valiente, me fui de mi casa. Y como buen porteño, fui a la casa de mi mamá… Hasta que después empezó a amenazarme ella para que me fuera”. Caloi remataba con humor aquel recuerdo, como si fuese el último cuadro de la tira de contratapa.
¿Cómo se originó lo de Clemente y los papelitos?: “En el año’ 77, el gobierno militar inició una campaña en todos los medios, para civilizarnos. Recomendaban tratar bien a los turistas, que los taxistas no los ‘pasearan’ para cobrarles de más, a los hinchas para que no empujen en la cancha, etc. Es decir, nos trataban como a grandes inadaptados cuando en realidad, lo que tenían era mucho miedo a la multitud. Todas las organizaciones sociales y políticas estaban censuradas, prohibidas. Los medios estaban totalmente controlados y durante el Mundial era la primera vez que se volvería a juntar mucha gente en las calles. Agregado a esa campaña oficial, José María Muñoz, que era el relator más conocido en ese momento, comenzó una campaña per se, diciendo que además de todas aquellas recomendaciones, no había que tirar papelitos en la cancha porque íbamos a dar la imagen de un país sucio. Muñoz veía en eso la suciedad. Es más, antes del Mundial, en las transmisiones de cada domingo conectaba con los corresponsales en las otras canchas y preguntaba si, por ejemplo, la hinchada de Gimnasia había tirado papelitos. Si el periodista le respondía ‘sí Muñoz’, él sentenciaba: ‘¡Cero puntos para la hinchada de Gimnasia!’. Después iba a otra conexión y si aquella otra hinchada no había tirado papelitos, la calificación era ‘¡Diez puntos para esa hinchada que no tiró papelitos!’ y así seguía la ronda”.
¿Siempre hay una salida a través del humor?: “Los humoristas somos una especie de raza internacional de resistentes. Estaba totalmente prohibido cualquier comentario sobre política y sobre la realidad. El deporte era el único resquicio por donde mirar esa realidad, entonces a través de la tira del diario, empecé una campaña con Clemente en favor de los papelitos porque me parecía que en Argentina, un espectáculo de futbol no se acaba con los 22 jugadores y los referees que están adentro de la cancha, sino que incluye al marco, es decir, a la hinchada. No con estas imágenes de violencia que nos acostumbramos a ver ahora sino con la participación creativa, con esa gran capacidad de improvisación, de sentido del humor, de canto coral que tienen y con esa manifestación espontánea de tirar papelitos cuando sale el equipo a la cancha. Así que empecé a defender esto de tirar papelitos porque era lo único que iba a dar el indicio de que había gente, de que acá las hinchadas se manifestaban, no solo cantando y alentando, sino con esa expresión autóctona de tirar papelitos cuando sale el equipo. Y en realidad, eso era una gran metáfora porque no fue solamente la batalla de los papelitos, como se la calificó, sino una lucha profundamente ideológica dentro de lo poco que se podía decir en esa época de total censura sobre los medios de comunicación. Hoy en día, todo esto resulta absolutamente pueril o infantil pero en aquella época era todo un desafío”.
¿Clemente aparecía en el tablero electrónico?: “¡Claro! Era una novedad para el futbol argentino la incorporación de los tableros electrónicos en los estadios. Estaban diseñados y manejados por gente de una empresa que se llamaba Autotrol y habían diseñado un Clemente espantoso, entonces me llamaron para ver si yo podía diseñarles un Clemente”.
¿No hubo objeciones del gobierno?: “No porque el tablero no pertenecía al EAM 78, sino a la FIFA. De todos modos, la información autorizada para incluir en los tableros era únicamente las formaciones de los equipos, los cambios, el tiempo de juego y la publicidad de los dos sponsors que tuvo el Mundial: Coca Cola y Café do Brasil. A pesar de eso, los muchachos de la empresa me decían ‘somos argentinos, queremos hinchar por Argentina, diseñamos un Clemente y nosotros le vamos cambiando el cartelito’. Así que con las limitaciones estéticas del tablero, entre cuadrados, rombos, puntos y líneas, diseñé un Clemente que ellos animaban un poco toscamente y le ponían un mensaje arriba. Y se dieron casos muy curiosos”.
¿Por ejemplo?: “Cuando Argentina tuvo que jugar en Rosario, como la cancha de Central no tiene pista de atletismo, los hinchas tiraban papelitos y quedaba todo nevado, no se veían ni las líneas del campo de juego. La voz del estadio, que sí dependía del EAM 78, pedía que no tiraran más papelitos porque Argentina podía perder los puntos, mientras que al mismo tiempo, en el tablero electrónico aparecía Clemente diciendo ‘tiren papelitos muchachos”.
¿Qué otros mensajes transmitía ese Clemente del tablero electrónico?: “Uno arriesgado, porque si entraba la pelota que pegó en el palo sobre la hora estaríamos hablando de un subcampeonato, fue cuando salió Argentina a la cancha para jugar la final con Holanda, Clemente apareció en el tablero diciendo ‘Argentina Campión’, con ‘i’, como hablaba él”.
¿No hubo aprietes hacia usted o los técnicos manejaban el Autotrol? “No. Inclusive, creo que esa exposición fue lo que me dio cierta seguridad. Pero además esto era una cosa muy elíptica, una metáfora, de manera que no era captada a fondo tal como ahora podemos analizar e interpretar sobre lo que fueron aquellos tiempos tan terribles. Es más, Muñoz cambió su discurso y empezó a decir que no le molestaban los papelitos y las cintas, sino los taquitos que podían pegarle en la cabeza a los jugadores o la gente que estaba dentro de la cancha”.
¿Los papelitos fueron una muestra de rebeldía de parte del hincha? “Es que el sistema era absolutamente represivo. Había que atravesar como ocho o diez vallas con la entrada para llegar al estadio y en esas vallas, por supuesto, había policías que requisaban a la gente y le sacaba los diarios y los papeles que traían para tirar cuando salía el equipo. En el archivo de El Gráfico he visto fotos de montañas de papeles que la policía le retiraba a la gente. Entonces se armó un contrabando de papelitos porque después, adentro de la cancha, evidentemente había un montón. Y así como el Mundial de México ‘86 se recuerda por la participación de la gente como el Mundial de la Ola, el del ’78, aparte del sistema que estábamos padeciendo, fue el Mundial de los papelitos”.
¿Clemente le ganó a Muñoz?: “Con el asunto de los papelitos se creó un código con la gente, esto es evidente. La hinchada le cantaba “Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó” o “Muñoz, Muñoz, los papelitos los tiramos para vos” y a mí me daba bastante julepe. Yo estaba acreditado por El Gráfico y en el sector de prensa del estadio mis colegas me miraban, me felicitaban y yo tenía un miedo bárbaro de aparecer en una zanja al otro día”.
¿Tomó partido Clemente por algún jugador?: “Evidentemente el ídolo de ese Mundial fue Kempes. A mí, como hincha de River, me gustaba particularmente Alonso y creo que Menotti lo tuvo como castigado, lo hacía entrar cuando faltaban pocos minutos y sin embargo fue muy importante la presencia de Alonso. Lo que tengo grabado en la memoria son las conversaciones con el Negro Fontanarrosa, tan futbolero y tan fana de Central, cuando discutíamos sobre cómo tenía que formar Menotti a la Selección. Yo decía que no podía faltar Alonso y el Negro decía ‘el que tiene que estar fundamentalmente es Kempes’, de quién no había grandes noticias en la Capital pero sí sabían lo que valía los hinchas de Central. Y por supuesto, tenía razón el Negro”.
¿El partido con Perú?: “Perú tuvo un par de chances, una que pegó en el palo y otra más de Oblitas pero fue extraño. Lo vimos por televisión junto a mis compañeros periodistas de ‘El Gráfico’ y nos miramos diciendo ‘acá algo raro ha pasado’. Obviamente, no había ninguna información al respecto. Entiendo también que los jugadores eran totalmente ajenos a todo eso y uno no podía dejar de contagiarse de la alegría que daba el triunfo. Los muchachos de Autotrol ahí hacen otra de sus audacias porque en el tablero electrónico aparece Clemente y ellos ponen el cartelito que decía ‘Calentito el café’. Recordemos que Café do Brasil, era uno de los sponsors del Mundial”.
¿Cuál fue la mirada de Clemente?: “La mirada de Clemente, era la mirada del hincha, con el entusiasmo que había en Argentina por el hecho de que el Mundial se jugara aquí y que el equipo llegara a la final pero ese entusiasmo era estrictamente futbolístico, porque no había otra cosa para festejar”.
¿Y los periodistas del exterior?: “Me acuerdo que en el palco de prensa había algunos periodistas extranjeros y se escuchaban los disparos del Tiro Federal. Ellos tenían más información que nosotros sobre lo que estaba pasando en Argentina y hablaban de una cruenta represión y decían que eso que se escuchaba, eran fusilamientos. Yo les explicaba que seguramente habría otras cosas pero que justamente esos disparos venían del Tiro Federal que estaba frente al Monumental. Pero fueron los periodistas europeos, sobre todo holandeses y franceses, los que traían la información que acá estaba ocurriendo una matanza muy grande y de la que poco a poco nos fuimos enterando después. De manera que era muy contrastante ese clima de cierta conciencia sobre lo que sucedía en Argentina y el festejo en las calles por la alegría que produce el fútbol y produjo el título mundial”.
¿Le quitó brillo a la conquista el que se haya dado en tiempo de aquella dictadura?: “Creo que no, que la conquista fue auténtica, aún con la sospecha que dejó ese partido con Perú. Que alguien vaya a convencer a los jugadores de que ellos ganaron con malas artes… No. Lo que sucedía en Argentina, era una tragedia nacional que tenía poco que ver con el futbol. Insisto, el futbol para los argentinos no es solamente un espectáculo o una manifestación deportiva o un comercio bastante importante como lo es hoy, sino una cuestión que tiene que ver profundamente con nuestra idiosincrasia. Que haya coincidido con esa etapa de la Argentina es eso, una coincidencia en el tiempo porque en realidad no fue ese gobierno el que consiguió que el Mundial se jugara en Argentina. Lo que no se podía prever en aquel momento era el golpe terrible que llegaría en el ‘76”.
¿Cuál es la historia de Clemente en la contratapa de Clarín que más recuerda, entre las publicadas durante aquellos días del ’78?: “Más que las tiras que hablaban de los papelitos, de los jugadores o de Menotti, recuerdo especialmente una que decía más o menos esto: Yo sé que ahora van a venir los ‘sociologizadores’ del ‘fulbo’ a decir que este es un triunfo de la idiosincrasia y que se yo… En realidad -decía Clemente- es el resultado de la alegría que produce el futbol. Y en el último cuadrito, mirando a cámara, decía: “¿Qué otra cosas se puede festejar?”
Esta entrevista se realizó en mayo de 2008. Carlos Loiseau (Caloi) falleció cuatro años más tarde, el 8 de mayo de 2012.
Clemente, la tira en Clarín: Lo que sigue es la transcripción y descripción de la tira “Clemente y Bartolo” publicada en la contratapa de Clarín durante aquellos días de fines de mayo a fines de junio de 1978. El detalle sobresaliente es que Clemente cumplía puntualmente con la mención previa al partido que Argentina jugaría, pero su reacción o alusión a lo sucedido en cada presentación del equipo de Menotti nunca se veía en el diario del día siguiente ni en el inmediatamente posterior, sino al tercer día luego de disputado cada juego y por una triste y sencilla razón: La censura. Caloi debía entregar con tres días de anticipación cada tira de Clemente para que fuera debidamente chequeada y aprobada para su posterior publicación.
Sábado 27 de mayo (a 5 días del comienzo del Mundial): “Los que van a aparecer ahora, también, con este asunto del mundial, son los sociologizadores del fulbo”.
Lunes 29 de mayo (a 3 días): “Aliento a nuestra selección nacional de fulbo… Cordial bienvenida a todas las selecciones extranjeras que nos visitan… Siempre y cuando pierdan con Argentina. No es cuestión de andar cometiendo excesos de hospitalida, tampoco”.
Martes 30 de mayo (a 2 días): El Gauchito pasa llevando la pelota con la zurda mientras Clemente lo mira… “Que oportunidá perdida pa’ mostrarle al mundo la calidá de los dibujantes y diseñadores gráficos argentinos”.
Jueves 1 de junio: Luego de varios días de cuenta regresiva, Clemente se morfó la aceituna del emblema del Mundial versión Caloi, luego de comenzar la tira diciendo: “Hoy había algo gordo y no me acuerdo bien qué era”.
Viernes 2 de junio (debut de Argentina): “En realidá, el mundial empezó ayer. Pero pa’ nosotros empieza mucho más hoy que ayer. ¿No cierto?” En el segundo cuadro, una barra de Clementes con banderas, papelitos y serpentinas al grito de ¡¡¡Argentina!!! “Ah!… Y no se olvide de yevar papelitos”.
Sábado 3 de junio (Argentina le había ganado a Hungría): Luego de cuatro cuadros con el globo de pensamiento en blanco, en el quinto Clemente dice: “Que lo tiró… Casi más me quedan afónicos hasta los pensamientos”
Domingo 4 de junio: “!Qué lindo quedó el estadio de River! ¡Y qué hermosos son todos los otros!” Cuadro en silencio y luego: “Qué maraviya pero qué lástima ¿no? Porque si venden a todos los jugadores ¿a quién vamos a ir a ver jugar ahí adentro después del Mundial?”.
Lunes 5 de junio: “¡Qué espectáculo imponente fue la salida a la cancha de Argentina el otro día! ¡¿Se fijó la cantidá de cintas y papelitos que se tiraron?!… Y eso que antes de entrar, la cana le sacaba los papelitos y los diarios (futuros papelitos) a la gente… Había montañas de papeles junto a las vayas, en los accesos al estadio que me juego la cabeza que después se los yevaba Murióz… ¿No estará arreglado con algún boteyero?”.
Martes 6 de junio (Argentina enfrenta a Francia): “¡Ar – gen – tina! ¡Ar – gen – tina! ¡Ar – gen – tina! Hay que ir ahorrando voz pa’ la final porque optimismo sobra”.
Miércoles 7 de junio (Argentina derrotó a Francia): Clemente camina en silencio y encuentra una aceituna en el piso. Se detiene frene a ella y le da una orden “Hóp”. Al cuadro siguiente, la aceituna escupe su propio carozo “Stup!”. “Cuesta amaestrarlas… Pero me ahorran la grosería de andar escupiendo el carozo en la cancha de River”.
Jueves 8 de junio: “Lo que me parece un desperdicio en este mundial, son los tableros electrónicos. ¿Semejantes moles tan imponentes, con tantas posibilidades pa’ poner el resultado y un par de cambios nada más? Yo lo que propongo es que se utilicen también pa’ poner los cantitos que improvisa la tribuna traducidos a distintos idiomas, así los extranjeros los pueden entender. Es una buena manera de poner la tecnología al servicio de la hinchada, al servicio del ingenio, de la creatividá, del talento puético, de la cultura argentina. ¡Otra que Borges!”.
Viernes 9 de junio: Clemente canchero, con una gamba cruzada: “¿Usté vio qué triunfo el otro día ¿no? Definitivo, eh!… Sí, sobre Francia también. Pero sobre Murióz, digo… Y claro, era una barbaridá pretender erradicar algo tan hermoso como los papelitos. Al contrario, hay que fomentarlo. Esas son las cosas lindas de las hinchadas. Por eso creo que los tableros electrónicos tienen que ponerse al servicio de la hinchada y traducir los cantitos a distintos idiomas. Si no, poco a poco, el espectáculo del fulbo se va a ir despersonalizando. Y va a yegar un día en que nuestras hinchadas van a ser como las europeas. Eyas incorporaron mal la tecnología… ¿Usté vió algo más espantoso? ¡Con esas vocinas! Parecen un embotellamiento en la 9 de julio, no una hinchada. ¡VAMOS ARGENTINA, TODAVÍA!!!”, cerró Clemente embanderado entre cintas y papelitos.
Sábado 10 de junio (Argentina enfrentaba a Italia): “Bon yorno. Quiero salutare a tuti italiani amichi qui si trovan a laryentina. Specialmenti a los qui han venido lontano per colonizare cuesta hermosa terra o per fazerse lamérica. Perque elli saben que cuí han sido recibidos come hermanis, come figli diletos di cuesta reyione. Sensa diferenzas de nesuna specie, e cuí on trovato hogare, lavoro, famiglia, fraternitá e anque pizzerías. Así que hoy le pedimo que se quédeno mosca pa’ que gane Aryentina ¿capito?”.
Domingo 11 de junio (Italia había vencido a Argentina): “¡Qué campañita contra la Argentina se mandaron en el extranjero aprovechando el mundial, eh! Parece que es bastante gorda y ambiciosa. Qué quiere que el diga… Pa’ mí que hay mucha gente afuera que nos codicea algo más que un par de buenos delanteros”.
Lunes 12 de junio: “Y aparecieron, nomás ¿Se acuerda que yo le dije que iban a salir un montón de ‘sociologizadores’ con este asunto del Mundial? Y ahí andan… tratando de descubrir ocultos significados en los festejos cayejeros. Y el significado es claro: Los festejos son el resultado de la alegría que produce el fulbo. ¿Qué otra cosa se puede festejar?”.
Martes 13 de junio: Clemente camina en silencio. En el segundo cuadro se cruza con una aceituna en el piso. La mira pero sigue caminando. Ultimo cuadro: “A ver si me toca el control antidóping y me da positivo, todavía”.
Miércoles 14 de junio (Argentina enfrentaba a Polonia en Rosario): Clemente con bandera como capa anudada al cuello y pañuelo cuatro nudos en la cabeza, vuela… “¡A Rosario! ¡Argentina para todo el mundo! Tranquilo Masotti. Tranquilo muchachos… Que Superclem ya va pa’ ayá”.
Jueves 15 de junio: Clemente sale a la cancha, mientras caen papelitos y serpentinas. Clemente parado, con la pelota bajo su suela izquierda. En el tercer cuadro le da un boleo de zurda. En el siguiente, salta y cabecea. Luego, le pega y al cuadro siguiente festeja. En el último cuadro, corre festejando un gol. No hay pensamientos ni texto.
Viernes 16 de junio: Clemente: “¡Qué lindo quedó el Monumental! Es una lástima tanto estadio pa’ ver a River, nomás”. Bartolo: “¡Qué lindo quedó el Monumental! Es una lástima que alguna vez tenga que jugar Boca en esta joyita”.
Clemente y Bartolo juntos, saltando: “¡Ar – gen – tina!¡Ar – gen – tina!”.
Sábado 17 de junio: “Ojalá que Alonso no juegue nunca en la selección. Ojalá no se introduzcan cambios ni se modifique el funcionamiento defensivo, especialmente en la derecha. ¿No vió que Masotti está en hacer todo lo contrario de lo que le sugiere el periodismo?”.
Domingo 18 de junio (Argentina enfrentaba a Brasil): “A volar para Rosario. ¿Cómo andará Kempes Mario? Borón-bon-bon Borón-bon-bon ojalá que haya plafón. Con neblina o sin neblina, vamos vamos Argentina. Superclem está en camino vamos vamos argentinos. Con cintas con papelitos e improvisando cantitos”.
Lunes 19 de junio (Argentina y Brasil habían empatado): “¿Qué pasará después del mundial?… Pensar que hoy tenemos todo esto, todo el fulbo del mundo, un partido internacional a cada rato, a la vuelta de una periya de cualquier televisor, el fervor cayejero, los comentarios por todas partes… ¿Cómo vamos a hacer para desacostumbrarnos, para desmalcriarnos una vez que termine todo esto? Dicen que pa’ que se vuelva a jugar otro mundial aquí van a pasar, por lo menos, cien años. Habrá que ir pensando seriamente en la reencarnación.”
Martes 20 de junio: “Claro que hay gente -sobre todo las mujeres- que piensa que, después del mundial, vamos a estar tan hartos de fulbo que nadie va a querer oír hablar más del tema. A lo mejor tienen razón… Y es cierto… No todo es fulbo. Hay otras cosas también en la vida… Sin ir más lejos, ya empezó el mundial de básquet, por ejemplo”.
Miércoles 21 de junio (Argentina enfrenta a Perú): “Al final, este se ha convertido en el mundial de la especulación. Cuenta más la matemática que el fulbo. Todo el mundo anda haciendo cuentas. Calculando las zonas, los puntos, los goles a favor, en contra… Inclusive se vive más pendiente de lo que hace el otro que de lo que uno produzca… En fin, de cualquier modo, por suerte, el fulbo da para seguir festejando, pa’ seguir alentando a los nuestros pese a todas las especulaciones. ¡¡POLON… Digo ¡AR – GEN – TINA – AR – GEN – TINA!!” (Clemente se pone colorado).
Jueves 22 de junio (Argentina goleó a Perú la noche anterior): Un solo cuadro que ocupa todo el largo de la tira. No hay texto. Clemente festeja mientras cae sobre él una lluvia de papelitos y serpentinas.
Viernes 23 de junio: “¿Y sabe por qué, se me ocurre, se especuló tanto en este mundial?… Porque no hay un equipo como el Brasil de antes, por ejemplo, al que no había especulación capaz de pararlo. No sé… Será que el nivel general ha decaído… O que el juego se ha ido diluyendo, mecanizando… O que las nuevas tácticas y estrategias han desarrollado defensas perfectas… Sí, seguramente. Seguro que es eso. No me gustaría nada tener que empezar ya a pensar que fulbo era el de antes. No sé si me explico” (dice un Clemente abuelo en el último cuadro).
Después del 25 de junio: Clemente reflexiona: “No es porque seas campion mundial, pero a raíz de eso me di cuenta una vez más, que a veces a uno le da’ no sé qué decirlo… Pero no me aguanto más: ¡¡Argentina yo te quiero!!
Clemente mira sorprendido a dos aceitunas, que pasan gritando “¡Dali campión!”. En el segundo cuadro, siguen cantando: “¡Minotti corazón! ¡Argentini! ¡Argentini!”.
Entonces no aguanta más y grita, “¡Bueno, basta!”. Mientras las aceitunas se alejan, el protagonista reprocha: “Al final ustedes hablando todo con la i, están minimizando el triunfo”. Y las aceitunas contestan: “¡Holandís!”. (José Russo, para “Tribunas sin pueblo”).