
Atajó casi dos temporadas en Almagro (1975-1977), jugando en Primera B; hasta que el 23 de noviembre del ‘77, fue secuestrado por integrantes de la Superintendencia de Seguridad Federal. En ese momento, era estudiante de Filosofía y Letras. Estuvo en la Mansión Seré, hasta que logró escapar junto a otros tres militantes.
“Un compañero de cuarto encontró un tornillo que se había caído de una cama y que justo entraba en la manija de una de las ventanas. Después, era cuestión de desatar las persianas que estaban atadas con un cable de plancha y hacer una cuerda para desprenderse por los ventanales.
Los cuatro del cuarto abrimos la ventana, hicimos una soga con las colchas y las sábanas y nos dejamos deslizar por el balcón hasta ganar la calle.
Después intentamos arrancar con el cable de plancha un Fiat 600, pero no pudimos. Seguimos corriendo y nos detuvimos ante un Peugeot 504 que tampoco pudimos hacer arrancar, porque nos habíamos olvidado el cable en el Fiat. Para peor, de la casa que estaba al frente del auto nos gritaron qué estábamos haciendo ahí, que éramos ladrones e iban a llamar a la policía.
En ese momento cambiamos el plan de fuga. Uno de mis compañeros tocó timbre en una casa y dijo que le habían robado y lo habían dejado sin ropa, por lo que una señora le dio algo de plata y un pantalón. Así salió de la zona, se fue a la casa de un familiar y nos volvió a buscar con un auto” (Claudio Tamburrini).
El arquero se escondió durante un tiempo en la casa de un amigo y la primera vez que salió a la calle, fue para unirse a los festejos del Mundial ’78: “Fue ahí, entre la gente, cuando sentí que recuperé mi condición de ciudadano”.
A partir de ese momento, no volvió a tener contacto con su familia, ni amigos. Se ganó la vida vendiendo libros puerta a puerta y manejando un taxi, hasta que un año y dos meses después, se exilió en Suecia. Estudió Filosofía en la Universidad de Estocolmo y fijó residencia en Europa.
Masión Seré, Blas Parera 48, en el límite entre Ituzaingó y Castelar. Una casona de estilo francés de dos plantas, con amplios ventanales y pisos de madera. La casona de los Seré, pasó a manos de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y el brigadier Osvaldo Cacciatore, la cedió en comodato a la VII Brigada Aérea de Morón.
Durante la dictadura, la propiedad fue conocida como “Atila”. Después de la fuga y la búsqueda infructuosa de los 5, los militares decidieron dinamitarla, para borrarla del mapa. Algunos detenidos fueron liberados y otros trasladados a la Comisaría N°2 de Morón. Tiempo después pasaron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
En 1985, las paredes de la Mansión que quedaban de pie, fueron demolidas por el ex intendente de Morón, Norberto García Silva, para crear un Complejo Polideportivo.
A partir del año 2000 y la gestión de Martín Sabatella, el municipio de Morón recuperó los restos de la casa y se levantó un sitio de memoria.
Tamburrini había regresado al país, el 29 de diciembre de 1984. Declaró en el juicio a las Juntas, el 7 de junio de 1985: “Me introducen en una casa, creí sentir piso de madera; a los golpes me suben por una escalera, amenazándome y me hacen preguntas sobre supuestas conexiones, sobre mis supuestas actividades de índole política. En el primer piso me atan a una cosa que pude sentir como un elástico de cama y ya comienzan a torturarme el mismo día a la tarde, aproximadamente a las 14”. Cuando finalizó la sesión de picana lo llevaron a una pieza. Se subió un poco la venda, hasta que pudo ver que estaba junto a otro joven. Con Gustavo Mensi pasó los próximos 10 o 15 días.
Sus captores le comunicaron que estaba detenido por su actividad en el Centro de Estudiantes de la secundaria en 1972 y en la segunda sesión de tortura, pudo ver a uno de esos compañeros, Jorge Infantino, aún hoy desaparecido. En una libreta con números telefónicos de Infantino, apareció el nombre de Tamburrini.
El testimonio de Tamburrini en el juicio a las Juntas, fue clave para condenar al brigadier Orlando Ramón Agosti. El militar fue declarado culpable en 8 casos de tortura y robo y sentenciado a 4 años y 6 meses de prisión y destitución de su cargo. La Corte Suprema de Justicia redujo la pena a 3 años y 9 meses de prisión.
El protagonismo del Ejército y la Armada en el genocidio, minimizó el rol de la Fuerza Aérea; pero la Mansión Seré, las comisarías de Haedo, Castelar y Morón y las bases aéreas de El Palomar, Moreno y Morón y el centro clandestino Virrey Ceballos en Capital, fueron los espacios de terror más importantes del arma.
Luis Fernando Estrella, ex subjefe de la base aérea de Chamical, es uno de los militares condenados por el asesinato de monseñor Angelelli y el brigadier Omar Domingo Rubens Graffigna, por los secuestros de Patricia Roisinblit y José Manuel Pérez Rojo.
Agosti ingresó al Penal de Magdalena, el 24 de octubre de 1984. Procesado por el delito de rebelión, no fue liberado hasta mayo de 1989. En 1993 solicitó judicialmente sin éxito, la restitución de su grado militar.
Agosti fue el único de los miembros de la Junta del terrorismo de Estado, que cumplió íntegramente la pena impuesta en el Juicio a las Juntas por esa causa.
A partir del 18 de diciembre de 1975, fue comandante general de la Fuerza Aérea, cargo que mantuvo hasta que pasó a retiro el 26 de enero de 1979.
En el séptimo día de cautiverio, a Tamburrini lo torturan junto a Infantino: “Nos hacían preguntas a ambos para tratar de establecer una cierta vinculación entre nosotros; nos atan a los dos juntos a la cama o al elástico y nos torturan con picana alternativamente, a uno y a otro, por un espacio prolongado de tiempo, también; en esa oportunidad se me introdujo un objeto metálico en el ano y se me transmitía corriente eléctrica por él; se me torturó en los genitales y en la boca, en las órbitas de los ojos, es decir, en todas partes del cuerpo”.
Luego el traslado a una habitación con otros cinco secuestrados y la versión que iban a ser legalizados y trasladados a un penal. “A fines de febrero o principios de marzo, comenzó a gestarse en nosotros la idea de buscar una alternativa a la mera espera; yo diría que fue imposibilidad de continuar en esas condiciones; intentamos buscar un final a esta situación y un intento de fuga parecía ser el final, aun cuando no tuviera éxito. Todo comenzó, al menos a tomar forma, con un clavo, con un tornillo que Guillermo Fernández descubre flojo en la cama sobre la cual estaba tirado”.
La noche del 23 de marzo, los guardias repartieron la comida cerca de las 22:00 y una hora después retiraron los platos. En la madrugada del 24, se produjo la fuga. Primero bajó Rusomano, después Tamburrini, luego Carlos García y por último, Guillermo Fernández. Todos completamente desnudos y casi todos esposados.
Tamburrini escribió el libro “Pase libre” y su vida quedó reflejada en la película de Adrián Caetano, “Crónica de una fuga” (2006), con Rodrigo de la Serna, Pablo Echarri y la participación especial de Guillermo Fernández, uno de los protagonistas de la fuga, como el “juez”.