“Proyecto Henry Kissinger”: Fútbol para encantar a la comunidad latina

Detrás de la llegada del 10 al Cosmos, hay una trama política generada por Henry Alfred Kissinger. El objetivo: utilizar al fútbol como puente entre Estados Unidos y el fenómeno de la multiplicación de población latina en su territorio.
No se trataba de un funcionario estadounidense trasplantando un deporte lejano a su cultura, que solo amparado por una actitud intuitiva imaginaba las consecuencias del proyecto. Kissinger había nacido en Fürth (Alemania), el 27 de mayo de 1923 y dos décadas después, se convirtió en ciudadano del país norteamericano.
En aquel pequeño pueblo del sur alemán donde reina el fútbol, Kissinger era hincha del Greuther Fürth y en su niñez festejó 3 vueltas olímpicas de su equipo. Años más tarde se convirtió en un eterno equipo de segunda división.
La North American Soccer League (NASL), la liga de fútbol profesional que suma equipos de Estados Unidos y Canadá, nació en 1968. Dos años después nació la franquicia del New York Cosmos, por iniciativa de los hermanos de origen turco, Ahmet y Nesuhi Erdegun. Ambos eran ejecutivos de la Atlantic Records, la división discográfica de la Warner, el emporio de comunicación de Steve Ross.
El 17 de abril de 1971, el Cosmos jugó su primer partido en la NASL, ante casi 4 mil espectadores en el Busch Memorial Stadium de Missouri. Triunfo 2-1 con goles del delantero Randy Horton (Bermudas). Al año siguiente el equipo ganó su primer campeonato, en el ’72 tuvo una campaña regular y tocó fondo con los malos resultados de 1974. Decidido a transformar la situación de la mano de un ídolo que encabece como símbolo el juego y el negocio, Ross encabezó el operativo Pelé. La Warner analizó al brasileño como marca global (botines, camisetas y cualquier licencia que lleve su nombre) y dejó la negociación en manos del presidente del Cosmos, Clive Toye.

En ese momento, el 10 tenía ofertas de Inglaterra, España, Italia y México. El encargado de volcar la balanza a favor del Cosmos, fue Henry Kissinger. El ex Secretario de Estado, no se sentó a negociar con el Santos, directamente lo hizo con la dictadura brasileña.
Cuando comenzó a trabajarse la operación, el dictador brasileño, Ernesto Geisel, se negó a aceptarla. Defendió al crack como “Tesoro Nacional No Exportable” y por lo menos, pedía que jugara un año más en el Santos de Brasil, antes de unirse al equipo neoyorquino.
La Warner pidió ayuda a Nelson Rockefeller, por entonces vicepresidente de Estados Unidos. La decisión del petrolero, fue dejar todo en manos del único integrante del gabinete que conocía al fútbol y a Pelé: Henry Kissinger.
El brasileño debutó el 15 de junio en Nueva York (30 mil espectadores en el Downing Stadium), en el empate ante el Dallas Tornado 2-2. Pelé señaló un gol y para el marketing, se trató del 1.221 en 1.254 partidos.

A partir de 1976, se sumaron otras estrellas en la recta final de su carrera. Giorgio Chinaglia, Franz Beckenbauer, Johan Neskeens y Carlos Alberto. Otras franquicias siguieron el camino del Cosmos y concretaron la llegada de George Best, Johan Cruyff, Gordon Banks y Rodney Marsh.
El contrato que le ofreció Ross a Pelé era por 3 años, pero tuvo que aceptar que el jugador solo quería jugar 2 temporadas más. El empresario aceptó, pero se aseguró por 10 años los derechos de explotación de imagen a nivel mundial y por 14 años, lo nombró encargado de las Relaciones Públicas del equipo. En ese momento, Pelé se convirtió en el deportista con mejores ingresos del mundo. Por problemas económicos, el Cosmos cerró sus puertas en 1984.
Henry Kissinger y el fútbol, siempre hicieron negocios juntos. En 1994, Estados Unidos fue sede de la Copa del Mundo y el ex secretario de Estado, fue presidente del Comité Organizador. Dos años después, la FIFA le otorgó la Orden del Mérito por su contribución al desarrollo del deporte en todo el planeta.
Pero a través de Kissinger, el fútbol también estuvo al servicio de la doctrina de la seguridad nacional y el terrorismo de Estado. Desde una productora con sede en Suiza, se obtenían los fondos para financiar los grupos de tareas que operaron en América Latina, a través de todos los procesos dictatoriales de los ’70. Muchas de estas empresas fueron las que tiempo después integraron el “Club de Sponsors” (patrocinadores oficiales de las Copas del Mundo), que coordinaba Joseph Blatter (Adidas, Coca-Cola, Fuji, Master Card, Visa, Sony, Castol, Budweiser, KIA, Mc Donald’s, Hyundai y Continental).

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