
En el número 20 de la revista “Chau pinela” (noviembre de 1975), aparecieron las opiniones de los dos periodistas que simbolizaron las dos caras de la moneda, a la hora de defender y atacar la organización del Mundial en la Argentina: Dante Panzeri y José María Muñoz.
A Panzeri siempre hay que leerlo, a través de la transparencia de su honestidad intelectual. Una suerte de liberal-republicano sin correspondencia política de ningún partido, ni dirigente. Una patrulla perdida de sus propios postulados, que llevó sus teorías a fronteras irreconciliables contra quien sea. Nada era negociable, ni siquiera aquello que podía amoldarse al saldo de una discusión democrática. Solo había dos caminos posibles: casarse o no, con sus juicios lapidarios.
Caminó demasiado tiempo, acompañado por la soledad de muchos y el respeto a su valentía de casi todos. Pero gozó del afecto ilimitado, de aquellos que pudieron conocerlo detrás de la dureza de su palabra periodística.
Antiperonista duro, fijó estas ideas sobre el Mundial cuando el justicialismo estaba todavía en el Gobierno, pero siguió planteando exactamente lo mismo, después del golpe del 24 de marzo de 1976.
Muñoz fue un oficialista empedernido, a través de más de cuatro décadas de trayectoria profesional. Su papel frente a la autoridad, legítima o ilegítima, fue siempre el mismo. Su análisis superficial del Mundial ’78, una constante. Los límites del fútbol estaban marcados por las líneas de cal y lo que se debatía fuera del terreno de juego, eran temas para tratar muy lejos del micrófono. Debajo de su alfombra quedaba toda la mugre de un sistema, que por supuesto, siempre tuvo personeros que le chuparon la sangre al deporte. Y esas denuncias, nunca estuvieron presentes en su relato.
Dante Panzeri: “El Mundial ‘78 no se debiera realizar en la Argentina, por las mismas razones que un tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T, no debe comprarse un Torino. Si lo hace es porque a alguien le está robando. Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir afanándonos unos a los otros. De mil maneras. Con precios subvencionados y con empleos públicos para todos.
El Mundial de Fútbol es una variante de aquel acostumbramiento. Es un acto de robo a nosotros mismos. Consentido por la institucionalización del afano entre nosotros mismos. La magnitud de ese robo será considerablemente menor, desde que destituidos López Rega-Villones quedó atrás la obligatoria implementación de la TV-color, que no era obligatoria. Pero con cuya implementación alguien se habría enriquecido.
Igualmente el costo de aquella orgía sigue siendo representativo de que los argentinos vivimos afanándonos los unos a los otros. El deporte es un medio para hacerlo. Basta reflexionar sobre las transferencias al exterior de futbolistas por lo que se cobran millares de dólares, que muy rara vez ingresan al caudal nacional de divisas. De allí que sean necesarios tantos intermediarios-empresarios para vender a un jugador. Porque vivimos esquivando leyes. Afanándonos entre nosotros mismos.
Borges dice que el nuestro es un país venal. Se lo nota de mil maneras. Algunas muy simples, infantiles. Se lo nota en el no demasiado enojo que nos produce Alonso exigiendo 250 millones extra para jugar un campeonato que está incluido en su contrato, o 300 dólares por partido perdido. Las dos cosas proceden del acostumbramiento a la venalidad. Por ese mismo acostumbramiento, hacemos del Mundial de Fútbol una hipoteca pública”.
José María Muñoz: “En primer lugar, el Mundial ‘78 es el hecho más importante en materia de difusión del país, que se puede producir en este siglo para la República Argentina. La Copa va a ser vista por más de 1.100 millones de seres humanos que por fin van a saber lo que es la República Argentina. Mucha gente todavía sigue confundiendo Buenos Aires con Río de Janeiro. El diario más importante de Francfort publicó una foto del Tula con su bombo y una nota que decía: Este señor amigo del extinto presidente, viaja a las exequias de Perón en San Pablo”.
Dante Panzeri: “Todos estos orígenes domésticos de nuestros acostumbramientos a vivir afanándonos a nosotros mismos, determinan que querramos hacer el Mundial ’78, aún a sabiendas de que nos va a ir muy mal, especialmente si lo ganamos. Porque lo vamos a ganar al estilo Martín Fierro y el Viejo Vizcacha. O de Bairoleto y el Pibe Cabeza, delincuentes comunes con los que ya tenemos fabricado el mito de la delincuencia bondadosa, que también apoya el acostumbramiento nacional de afanarnos entre nosotros mismos. A ese rito también lo apoya otra tradición nacionalizada: no hablar jamás, mal de un muerto, que es como los vivos que roban mientras viven, se aseguran su indemne e impune paso a la posteridad, como Bairoleto y el Pibe Cabeza, hay convertidos o a punto de convertirse en santos de la milagrería componente de nuestro 51% de población entre analfabeta y semi analfabeta. De allí el gran auge de la quiniela, la lotería, las carreras, el PRODE y todo lo que sea representativo de lo milagroso y el afano. De allí también el Mundial ’78 que el peronismo heredó de Lanusse, pero no se atrevió a rechazar por temor a la impopularidad política, cosa que está muy lejos de haberse probado alguna vez, como efectivamente un riesgo. Todo forma parte de una misma filosofía de vida”.
José María Muñoz: “En una palabra, venderemos la imagen de un país a través de un partido de fútbol. Todas las Copas del Mundo fueron rentables. Se estima que 1.600.000 personas van a pagar su entrada para asistir al Mundial. Es cierto que deberemos hacer una gran inversión en construcción de estadios, pero éstos serán utilizados como futuros centros deportivos.
En lo que se refiere a la instalación de coaxiles por parte de ENTel, el único problema es acelerar un trabajo que se pensaba hacer en cuatro años, para terminarlo en dos. La instalación ya estaba previsto en el Plan Trienal de Gobierno. Puede ser que insuma un gasto del 15% o 20% más por la aceleración, pero esto es una inversión en obras para el país”.
Dante Panzeri: “Con mucha frecuencia, ahora desde la oposición, Francisco Manrique, postula moral argentina. Pide reconstrucción moral del país. Señala contrasentidos económicos y sociales que agudizan aquellas crisis. Pero de pronto, se suma a los factores que las producen, diciendo como hace pocas semanas en un comunicado de prensa: ‘Argentina debe mostrar al mundo que es capaz de organizar una competencia de la magnitud del desafío. El prestigio nacional está en juego’ ¿Desafío? ¿Prestigio nacional en juego? No sé de dónde. El desafío nunca existió. Es tan inexistente como el deseo del pueblo de que se haga el Mundial con su dinero. El pueblo nunca fue consultado, ni votó. Nadie nos desafió. Nos desafiamos solos. Nadie se juega su prestigio en el fútbol si todos los días lo está perdiendo como país. Ya se lo jugó el prestigio.
En aquellas frases que Manrique saca de cualesquiera de las muchas guitarreadas, también dice el interventor del PRODE como impuesto a los bobos, que si el Mundial ’78 no se hace, padeceremos vergüenza internacional. Esto es hacer nacionalista a la estupidez.
¿Pasó vergüenza internacional Estados Unidos por renunciar por razones económicas a los Juegos Olímpicos de 1976 (programados en Denver), que ahora hizo suyo Montreal, en Canadá, con una prevista pérdida de 221 millones de dólares?
¿Pasó vergüenza internacional Chile, por renunciar a los Panamericanos de 1975? ¿Pasó vergüenza internacional Brasil por renunciar a su papel de reemplazante de México, asumido ahora por México?
¿Suiza, Israel, Egipto, al renunciar a Juegos Olímpicos, se les cerraron sus créditos en el exterior, perdieron contactos con el resto del mundo?
Manrique y los guitarreros autores de aquellos inventos como el desafío en cuestión, parecen olvidar que la mayor vergüenza internacional de este caso la afrontamos si hacemos el Mundial ’78. No si renunciamos a él. Lo del desafío existe, sí: pero en contra de nosotros mismos. De nuestra propia inmoralidad para andar comprándonos un Torino cuando no podemos abastecer una cafetera. ¿O Manrique supone que haciendo el Mundial ’78, el mundo va a resolver nuestros problemas como premio o va a cambiar la opinión que tiene de nosotros? ¡Al mundo le importa un cuerno si somos o no capaces de organizar un campeonato de fútbol! Es una demostración que no acredita ninguna aptitud ajena a las obligaciones rutinarias del hombre. ¿O es que ahora, organizar un campeonato del mundo supone certificar una aptitud sobrenatural? Si no podemos ni siquiera financiar un club, ni un campeonato interno, ¿qué conveniencia tiene para nosotros financiar un Mundial cuyos beneficios debemos entregarle en un 75% en dólares, a los países visitantes?
El fútbol ha tomado el rol de estafador confeso para de ese modo, ser estafador impune en la sociedad argentina”.
José María Muñoz: “Antes de 1962, Ezeiza era el aeropuerto terminal del continente para todas las compañías extranjeras. Todas dejaban dólares en el país para que pernoctaran sus aviones y tripulaciones. Cuando se hizo el Mundial ‘62 en Chile, su aeropuerto se convirtió en terminal para el Cono Sur. Los países siempre aprovechan los mundiales como promoción. Brasil hizo famoso su café gracias a Pelé y al seleccionado.
Mi deseo es que el Mundial ‘78 se haga en Argentina. Si no, sería una gran frustración. Yo seguiré viviendo igual, pero pienso en el pueblo que se ha formado una gran ilusión. Pero también vivo la realidad del país. Si no se puede organizar de ninguna manera, tampoco creo que haya que hipotecar el país por la Copa del Mundo.
Yo no sé si ganaremos el Mundial, pero haciendo una buena organización pienso que el que gana es el país, aunque no se gane jugando al fútbol en la cancha”.
Dante Panzeri: “Para los 16 participantes tradicionales, cuatro estadios bastarían perfectamente. Nosotros decidimos preparar cinco. Tres nuevos que nos cuestan 203 millones de pesos viejos (por ahora). Y dos viejos a ser reacondicionados a costos que dudosamente tendrán justificación durante 25 días de 1978. Para la actividad local, todos esos estadios serán de un mantenimiento mayor a sus beneficios. El costo de mantenimiento de uno de esos estadios es al presente, de no menos de 3 millones de pesos diarios.
Lo que no se comprende es que luego de decidirse la construcción de tres nuevos estadios, para 60 mil personas en Córdoba, 50 mil en Mendoza y Mar del Plata, se anuncia oficialmente que los cálculos de aprovechamiento de los mismos durante los 38 partidos previstos, son de 80 mil personas promedio-partido en los nueve a jugarse en River Plate y de 30 mil personas promedio-partido en los otros 29 encuentros. No bastaban para esos cálculos, los estadios ya existentes?”.
DNI: La sinceridad descarnada, de la prosa periodística de Dante Panzeri