“Tribunas sin pueblo”, Mundial ’78. Videla vs. Massera (Capítulo 1)

Videla vs. Massera: Apuntes sobre la pelea de fondo

Fueron los grandes enemigos íntimos, de la última dictadura. La pulcritud ficticia de la Junta Militar a la hora de mostrarse en público, era una pose que distaba muchísimo de la crueldad extrema con la que se trataban en privado. La magnitud de la guerra desatada entre las dos Fuerzas con sueños reales de poder, no llegaba al hombre común.
El paraguas protector bajo el que actuaban Ejército y Marina, fue bautizado Proceso de “Reorganización Nacional”. Sin dudas el título nobiliario más pomposo, de las tres etapas dictatoriales que marcaron a fuego a la Argentina de la segunda mitad del siglo XX. Primero “Revolución Libertadora” y luego “Revolución argentina”. Dos rótulos que malversaron el significado del verdadero estado de cambio estructural y que realidad, vistieron de seda a terribles tiempos involutivos; que incluyeron bombardeo de la Plaza de Mayo, fusilamientos (1956 y 1972), presos políticos y “Noche de los bastones largos”.
Desde el 24 de marzo de 1976 y hasta el 10 de diciembre de 1983, “Reorganización Nacional” tuvo la pretensión de convertir a los genocidas en una mezcla de constituyentes del 1853 y liberales de la generación del ’80; que se encargaron correlativamente según la historia mitrista, de la “Organización nacional”.

Mensaje de Videla del 26 de junio de 1978

“Es cierto que he asistido a 8 encuentros de fútbol durante el desarrollo del Mundial y que esto no es una cosa usual para mí, pero le puedo asegurar que no lo he hecho por motivos políticos porque sería erróneo capitalizar el éxito que realmente le pertenece a todos” (Jorge Rafael Videla a la BBC de Londres, a fines de junio de 1978).

Cadáveres en la puerta del cuartel: La dictadura tomó la herencia de lo proyectado por el Ministerio de Bienestar Social de José López Rega y creó el Ente Autárquico Mundial ’78. Autonomía para organizar la copa, a imagen y semejanza del proyecto cívico-militar. Designó como presidente al general Omar Actis, un viejo amigo de Videla, catalogado en el Ejército como eficiente, austero y sin aspiraciones políticas.

El general Actis había jugado en la tercera de River, en la década del ’40. Por lo tanto tenía a favor, dos datos nada frecuentes en la vida militar. Además de algunas historias basadas en su honradez, también era portador en primera persona, de pasado futbolístico. Mediáticamente poco se sabía del general.
El proyecto del militar, no incluía la construcción de nuevos estadios, sino la remodelación de lo mejor de la infraestructura existente, a un costo de 100 millones de dólares aproximadamente.
El balance final del EAM declaró gastos por 521.494.931 millones de dólares y 9.642.360 de ingresos. El ejercicio mostró una pérdida de 511.852.571. Pero Juan Aleman (secretario de Hacienda en 1978), marcó que el costo real del Mundial fueron 700 millones.
La diferencia de casi 200 millones, la escondió el equipo del General Merlo, al no contabilizar como gastos originados por la competencia, gran parte de las obras de infraestructura (caminos, hoteles, aeropuertos, televisoras, etc.). Solamente Argentina Televisora Color, costó 70 millones de dólares…
Cuatro años después, España ’82 se realizó 150 millones de dólares.
Como siempre, en 1978 la ganadora fue la FIFA. Según sus números, se vendieron el 82% de las localidades disponibles (en un negocio donde todavía eran más importantes las entradas que los derechos televisivos) y eso representó una recaudación de 35 millones de dólares; 50% más que en Alemania 1974.

El 23 de agosto de 1976, cuando salía de su casa de Wilde para anunciar su proyecto a los medios internacionales en conferencia de prensa, el general fue asesinado.

La versión oficial, rápidamente sentenció que se trató de una acción de Montoneros. Los asesinos plantaron panfletos después de las balas, huyeron y los medios repitieron la gacetilla de la dictadura.
Paralelamente, la crónica no autorizada tomó registro de la posible primera víctima de la guerra interfuerzas por el control del Mundial. Un comando de la Armada, le habría quitado la vida a Actis y además, la organización de la Copa, a Videla.
La dictadura acusó a la guerrilla peronista, que a través del tiempo tuvo dos respuestas, una personal y otra orgánica. En “La vergüenza de todos” (Pablo Llonto 2005), Roberto Perdía asumió la responsabilidad de Montoneros en el asesinato de Actis; pero en 1976, la organización respondió a los militares con un documento, señalando que no tuvo absolutamente nada que ver con el hecho.
Pero por encima de aquella pregunta sin respuesta que se tragó la historia y del fuego cruzado de acusaciones entre la Armada y el grupo revolucionario, el único beneficiado con esta muerte fue Massera. El asesinato de Actis, solo fue funcional al sueño del titular de la Armada y sorpresivamente, el único integrante de la Junta que despidió los restos del general, fue Videla.
A partir de ese momento, el torneo quedó en manos del Almirante.

Los asesinatos de las monjas francesas, también fueron parte del fuego cruzado entre Ejército y Marina. Alejandro Eugenio Videla, fue el tercero de siete hijos. Nació en 1951 con una discapacidad severa, que obligó al por entonces capitán Jorge Rafael Videla, a solicitar un destino en los Estados Unidos, a fines de la década del ’50, para buscar un nuevo diagnóstico. La respuesta de los médicos del norte, fue tan negativa como la de los argentinos.
Entre 1953 y 1956, Videla recibió la caridad de dos monjas de la Congregación de Hermanas de las Misiones Extranjeras: las francesas Renée Léonie Duquet y Alice Domon. Las dos religiosas trabajaban en Morón junto al padre Ismael Calcagno, primo de Alicia Raquel Hartridge, la esposa del futuro dictador.
Después de 7 años de internación en la Montes de Oca, Alejandro murió en 1971. Por entonces, las monjas ya habían dejado su vida en manos de la opción por los pobres y estaban misionando en el litoral.
Videla no hizo nada por ellas. No pudo, no quiso… Las dos pasaron a formar parte del botín de guerra de la Armada.
Las religiosas fueron torturadas en la ESMA, luego cargadas en el vuelo de la muerte del 18 de diciembre de 1977 y tiradas vivas al mar. Entre el 20 y 21 de ese mes, sus cuerpos aparecieron en las playas de Santa Teresita y fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. Tres décadas después, el Equipo de Antropología Forense, identificó los cuerpos.
Videla tuvo una actitud similar cuando Luciano Benjamín Menéndez secuestró a Carlos Escobar, hijo de un íntimo amigo del primer dictador del Proceso y compañeros del Liceo desde los 13 años. Ante el pedido del padre, el presidente de facto dijo que si su hijo estaba en el área de Menéndez, no podía hacer nada…
Menéndez fue una piedra singular en el zapato de Videla. En 1979, la Hiena estuvo preso en un destacamento en Entre Ríos, luego de un intento de golpe dentro del golpe. Para el amo de la vida y de la muerte de La Perla (el campo de concentración más grande de Córdoba y uno de los más tenebrosos del país), Videla era un “blando” que no tuvo agallas para ir a la guerra con Chile en el ’78.
Menéndez siguió desde la platea de Talleres de Córdoba, la campaña del equipo de Saporiti en el Nacional ’77, que perdió el título con aquel heroico Independiente que sufrió 3 expulsiones, cuando reclamó un escandaloso puñetazo de Boccanelli en el segundo gol cordobés (2-2). Fruto de su cercanía con la T, el genocida apoyó sin suerte la candidatura de Amadeo Nuccetelli (presidente de Talleres), para tomar la AFA en 1979, luego del mandato Cantilo.

Voto Calificado: Entre los más de 1.500 documentos secretos de la Junta Militar, hallados en noviembre de 2013 en el subsuelo del Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea, se destacó “Fundamentos y alcances para un esquema de proyecto nacional” elaborado por la Asociación de Bancos Argentinos. El texto fue entregado al Ministerio de Planificación de la dictadura de Jorge Rafael Videla, el 3 de abril de 1978.
El documento que llevaba la firma del titular de Adeba, Narciso Ocampo (por entonces dueño del Banco Ganadero Argentino), es una verdadera plataforma cultural de la “Nueva República”.

Durante el Mundial una de las campañas publicitarias más importantes, fue la del Banco Ganadero Argentino; una seriada que apareció durante casi un mes en 6 idiomas, en los medios gráficos nacionales más importantes (castellano, inglés, italiano, holandés, francés y alemán). El eje de los avisos, eran las bondades que ofrecía esta renovada tierra de paz…

267 páginas en ocho capítulos, escritas a doble espacio en viejas máquinas de escribir, entre los que se distinguen: “La sustitución del modelo político de la generación del 80; Causas de ilegitimidad de gobiernos; La lucha hegemónica de ideas en la Argentina del siglo XX; La anarquía política y la corrupción del Estado y Los factores básicos y las propuestas políticas para la elaboración de un proyecto nacional”.
Los banqueros se lamentaban por los “regímenes de gobierno que han mostrado inviabilidad histórica”. Entre ellos el “liberal sin voto popular” (hasta 1916), el “democrático faccioso o anárquico”, el “democrático falseado” (el peronismo), “el totalitario” y el “militar sin proyecto político”.
El gran problema para los empresarios, era la Ley Sáenz Peña: “Uno de los daños más terribles que produjo la idolatría del sufragio universal como valor absoluto por encima de otro, fue obligar a las Fuerzas Armadas a mezclarse en las luchas cívicas, como factor de orden y salvaguardia frente a los excesos y demasías de la demagogia desenfrenada”. Pedían voto calificado…
En ese sentido, los banqueros rechazaban a los militares “mesiánicos” como también a los “profesionalistas”. La idea era que los dictadores completaran su faena represiva, para la instalación de un proyecto económico, político y cultural a largo plazo, capaz de “estabilizar” para siempre a la Argentina.
Con relación a la educación, marcaban que “el intento de trasladar al mundo universitario el modelo de la democracia sufragista, engendró la politización de la Universidad y su pretensión de extraterritorialidad ubicada por encima de las leyes”.

El 4 de mayo de 1978, cuando restaban 28 días para el comienzo del Mundial, la comisión directiva de River presidida por Rafael Aragón Cabrera, aprobó por unanimidad transformar a los miembros de la Junta (Videla, Massera y Agosti), en socios honorarios de la institución.
Hubo que esperar hasta el el 24 de abril de 1997, para que los dirigentes millonarios, conducidos en ese momento por Alfredo Davicce, revocaran esa decisión en una votación dividida. Pero el mentor del proyecto, fue Alfredo Bravo, a través de un escrito del 8 de marzo de 1996. Dirigente socialista, uno de los padres de CTERA y la APDH, hincha riverplatense y socio vitalicio 19551.
Sin embargo la acción reparadora, no fue total. Escaparon dos casos emblemáticos: el vicealmirante Carlos Alberto Lacoste y el brigadier Osvaldo Cacciatore.

A 24 horas del golpe: El 23 de marzo de 1976, en la sede del Episcopado, monseñor Tortolo se reunió con el general Videla y el almirante Massera. Cuando el religioso salió de la entrevista, habló con la prensa: “Si bien la Iglesia tiene una misión específica, hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar, aún cuando se trate de problemas que hacen al orden específico del Estado. Debemos cooperar positivamente con el nuevo gobierno”.
La conducción de la Iglesia, pasaba a legitimar con argumentos seudo-teológicos, con justificaciones cristianas, el plan sistemático de exterminio. Hablaban de la represión, con cierto espíritu bíblico: “Cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”; “Dios está redimiendo, mediante el Ejército, a la Nación argentina”; “el país se encuentra en una guerra santa en defensa de Dios y en contra de los enemigos de la patria”…

Desaparecidos: El 10 de abril de 1978 luego de un almuerzo del que participaron el cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba; Vicente Zazpe, arzobispo de Santa Fe y el de Buenos Aires, cardenal Juan Aramburu, Videla confirmó el destino de decenas de miles de secuestrados. La explicación del dictador, apareció en una minuta que los tres religiosos redactaron para el Vaticano. En ella aseguraron que el general dijo que “no era sencillo admitir que los desaparecidos estaban muertos”, porque eso daría lugar a preguntas sobre dónde estaban y quién los había matado.
En el encuentro de los representantes de la curia con el dictador, Primatesta hizo referencia a las “últimas desapariciones” producidas durante la “Pascua de 1978, en un procedimiento muy similar al utilizado cuando secuestraron a las dos religiosas francesas”. El militar respondió que “sería lo más obvio decir que éstos ya están muertos, pero esto generaría una serie de preguntas sobre dónde están sepultados: ¿en una fosa común? En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa? Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias”, que lloverían sobre secuestradores y asesinos.
Primatesta insistió en la necesidad de encontrar alguna solución, porque entendía que el método de la desaparición de personas produciría a la larga “malos efectos”, dada “la amargura que deja en muchas familias”.
Emilio Mignone, fundador del CELS y una de las más altas personalidades laicas del catolicismo argentino, buscaba a su hija Mónica Candelaria. En carta a Primatesta, le dijo que el sistema del secuestro, el robo, la tortura y el asesinato, estaba “agravado con la negativa a entregar los cadáveres a los deudos, su eliminación por medio de la cremación o arrojándolos al mar o a los ríos o su sepultura anónima en fosas comunes” se realizaba en nombre de “la salvación de la civilización cristiana, la salvaguardia de la Iglesia Católica”.

Mignone, abogado que ocupó cargos ligados a la Educación en el primer peronismo y durante el gobierno de Frondizi; que luego trabajó para la OEA y fue el último rector de la Universidad de Luján, antes del golpe del ‘76. Pero fundamentalmente, fue un laico que militó desde el cristianismo por la justicia social y que a partir de la desaparición de su hija, se convirtió desde el Centro de Estudios Legales y Sociales, en un símbolo de la pelea de los organismos defensores de los derechos humanos en la Argentina.
Mignone se entrevistó tres veces con Pío Laghi en 1976, luego de la detención y desaparición de su hija. En el último encuentro, el religioso dijo que estábamos gobernados “por criminales”. En el peregrinar de Mignone por saber qué había pasado con Mónica, se reunió con Massera en 1978 y le transmitió aquella frase condenatoria del sacerdote, hacia la dictadura: “Me extraña que Laghi diga eso, porque juega al tenis conmigo cada quince días”, expresó el almirante.
El 27 de junio de 1976, Pío Laghi visitó Tucumán, invitado por el general Antonio Domingo Bussi. “Antes de emprender el regreso a Buenos Aires -publicó La Nación-, monseñor habló con jefes y oficiales de la guarnición de Tucumán y les impartió la bendición papal”. Laghi manifestó que “la misión de las tropas, eran de autodefensa y en ciertas situaciones la autodefensa exige tomar determinadas actitudes, con lo que en este caso habrá de respetarse el derecho hasta dónde se pueda”.

Al día siguiente del almuerzo, Zazpe le informó a Mignone que la Comisión Ejecutiva le había transmitido a Videla “todo lo que dice su carta”. Dijo que habían sido “tremendamente sinceros y no recurrimos a un lenguaje aproximativo”.
Primatesta informó a la Asamblea Plenaria, que los obispos le plantearon al “presidente”, por los presos que en apariencia recuperaban su libertad, pero en realidad eran asesinados y el interés por sacerdotes desaparecidos, como Pablo Gazzarri, Carlos Bustos y Mauricio Silva. Cuando Primatesta le advirtió al dictador sobre las negativas consecuencias políticas que a futuro generaría el plan de desaparición forzada, Videla coincidió. Zazpe entonces preguntó: “¿Qué le contestamos a la gente, porque en el fondo hay una verdad?”.
Aramburu dijo que había que armar una respuesta, para que los familiares “no sigan arguyendo” y cuando Videla repitió que “no encontraba solución, una respuesta satisfactoria”, le sugirió que por lo menos plantearan que “no estaban en condiciones de informar, que dijeran que estaban desaparecidos”.
Primatesta explicó que “la Iglesia quiere comprender, cooperar” y que “es consciente del estado caótico del país”; pero que medía cada palabra, porque conocía muy bien “el daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común, si no se guarda la debida altura”.

Hubo que esperar hasta el 23 de octubre de 1979, para que Juan Pablo II desde el balcón de la iglesia de San Pedro, en una de sus audiencias semanales aludiera al terrorismo de Estado en la Argentina. Se dirigió al Episcopado, solicitándoles que se “hiciera eco del angustioso problema de personas desaparecidas en esa querida nación, pues dañan el corazón de muchas familias y parientes”. El gobierno de las fuerzas armadas se irritó por la alusión. El cardenal Primatesta al regresar de Roma el 13 de noviembre siguiente, trató de disminuir la importancia de la referencia, diciendo que las manifestaciones del pontífice “habían sido parcializadas”.
El 30 de agosto de 1980, en otra alocución en la plaza San Pedro, Juan Pablo II volvió sobre los desaparecidos y la falta de respeto a los derechos humanos en América Latina -nombró a varios países y entre ellos a la Argentina-, bajo el encuadre del “martirologio de los cristianos de nuestro tiempo”. Martirologio -concluyó-, “que no se puede olvidar”.
Juan Pablo II se limitó a escuchar cuando en una audiencia pública, en la plaza de San Pedro, se acercaron dos Madres de Plaza de Mayo, Nora de Cortiñas y Angélica P. Sosa de Mignone. Un grupo de integrantes de las Madres de Plaza de Mayo consiguió entrevistarlo, por intercesión del cardenal Vicente Scherer en Porto Alegre (Brasil), el 5 de julio de 1980. El papa las escuchó, les tomó las manos y les dijo que tuvieran fe, paciencia y esperanza. Que él había pedido y seguiría haciéndolo.

Pironio, el candidato: 1978 fue el año de los tres papas. La muerte de Paulo VI y la asunción de Albino Luciani y finalmente el posible asesinato de Juan Pablo I, motivó la consagración del primer sumo pontífice no italiano, el polaco Karol Wojtyla.
Pero en los dos cónclaves para encontrar al nuevo sucesor de Pedro, se habló por primera vez de un argentino: el cardenal Eduardo Pironio, quien a los 57 años, apareció en todas las listas de “papables”.
Durante la última dictadura Pironio visitó con frecuencia nuestro país, evitando cuidadosamente encontrarse con víctimas de la represión y organizaciones de derechos humanos. Tuvo tiempo en cambio, para entrevistarse con Videla. Al pasar por Mar del Plata, el 2 de septiembre de 1979, expresó: “Ahora se comprende mejor a la Argentina en Europa. Hay quienes siempre buscan lo negativo. Pero el rostro de la Argentina se ve muy positivamente”.

La Iglesia y el Mundial: En el anuario 78-79 de la revista “Esquiú”, publicación de la curia argentina, el medio resumió el rol de la Iglesia en el torneo: “Guía y maestra, experta en humanidad, la Iglesia supo dar con la anticipación del caso, un documento con motivo de este acontecimiento elaborado por el Equipo Episcopal para la Pastoral de Migraciones y Turismo, de la Conferencia Episcopal Argentina. Fue una exhortación pastoral clara, realista, orientadora y promotora de los verdaderos valores del deporte: ‘Esforcémonos con vigor y esperanza a superar nuestras deficiencias deportivas. Como la Iglesia cada día nos convoca a participar de la santidad de Cristo a pesar de los pecados que nos destrozan, así debemos con fe llamarnos a la nobleza del deporte”. Dice que frente a las ‘tensiones y enfrentamientos’ de la sociedad argentina, ‘el Mundial ’78 debe ser una fiesta de la amistad y de la paz’. El equipo episcopal también elaboró cuadernillos sobre ‘La Iglesia y el deporte’ y otro titulado ‘Campeonato Mundial de Fútbol Argentina ’78: Perspectivas religiosas’, con textos evangélicos y liturgias para la entronización de la Virgen en campos de juego, bendiciones y la oración ecuménica utilizada en la ceremonia inaugural. En síntesis, una presencia clara, orientadora y alentadora; promotora del verdadero deporte, aquel que es protagonista de la paz”.

Marcando la cancha: Videla comenzó a frecuentar los palcos oficiales de los estadios, en la serie internacional de 1977. Acompañado por Lacoste, Cantilo y Agosti, apareció por primera vez siguiendo a la Selección, cuando el 3 de julio, Argentina le ganó 1-0 a Yugoslavia en la Bombonera.

A pocos días del debut mundialista frente a Hungría, la Selección visitó a Videla y al general Merlo (titular del EAM) en Casa de Gobierno, el viernes 26 de mayo de 1978 al mediodía. En la última página de “El Gráfico” del 30 de mayo y con el título “Exclusivo para 22 argentinos”, la revista escribió su último mensaje de aliento antes del torneo (“Orgullosos y humildes a la vez, para creer en nuestras pequeñas grandes verdades argentinas”). En la foto que documentó el encuentro, Videla (hincha del Rojo), estrechaba la mano de Daniel Bertoni.
A principios de julio, Videla volvió a recibir al plantel argentino, pero esta vez en Olivos. Almuerzo para celebrar el título y una pelota autografiada por todos los jugadores, que le entregó Passarella.

Un hombre común…: En el número 3065 (4 de julio), de la revista “El Gráfico”, Atlántida reafirmó su alianza con el Ejército. Sus publicaciones jugaron un rol importantísimo, en la construcción del dique de contención mediático, en el que se apoyó la “evangelización cultural” de la dictadura.
El viernes 30 de junio, Constancio Vigil (director ejecutivo de la editorial), Héctor Vega Onesime (subdirector de “El Gráfico”) y Ernesto Cherquis Bialo (jefe de Redacción), visitaron a Videla: “El Campeonato Mundial de Fútbol, tuvo en el presidente de la República, a uno de sus más fervorosos adherentes. Al margen de los aspectos protocolares que exigió su alta investidura, sufrió y disfrutó con la marcha de nuestra Selección. Tuvo una participación, espontánea y activa”.
Acompañado por el secretario de Información Pública, el contraalmirante Rubén Franco, el dictador recibió en su despacho a los portadores de todo el material que la revista produjo durante la Copa (4 ediciones tradicionales y 3 extras), en una lujosa encuadernación.
“El significado del Campeonato Mundial, es múltiple -dijo Videla cuando le preguntaron por el saldo país que dejó el torneo-. En primer lugar ha representado, ante todos los países del mundo, una imponente demostración de capacidad organizativa. Todo lo que se hizo, en tan corto tiempo y con tanta eficacia, es una muestra de lo que los argentinos pueden dar, en la parte técnica y humana, cuando se lo proponen y lo hacen juntos.
En segundo lugar, toda la población, sin excepciones, brindó el espectáculo de su alegría y su legítimo fervor, mostrándose también hospitalaria y amiga de los visitantes. Ellos serán, sin duda, los fieles testigos de nuestra verdadera realidad frente a sus países, sin la intencionada deformación de una campaña internacional de falsedades.
En último lugar, quiero señalar el contenido emocional y patriótico e esa comunión que se vivió en los hogares y en las calles, al grito de ¡Argentina! Lo deportivo fue, en esta oportunidad, el camino para expresar, como nunca se había visto antes, el sentimiento de unión nacional y comunes esperanzas de paz, unión y fraternidad. Estas esperanzas abren un gran futuro para la realización de toda la comunidad”.
En la semblanza del genocida (“Recogimos del teniente general Jorge Rafael Videla, expresiones y testimonios de enorme valor prospectivo y a la vez repasamos el Mundial humanizando la figura del señor Presidente”), el semanario lo invitó a que cuente su simpatía por Independiente y a que confiese que entre sus recuerdos de infancia, estaban los nombres de Lecea, Coletta, Sastre y Erico. Dijo que le gustaba jugar en la línea media y que el segundo gol argentino en la final, fue la jugada que más le impactó de todos los partidos de la Selección de Menotti.
– Señor presidente, le pedimos una consideración final.
-Hemos sido, durante semanas, el foco de atracción más importante del mundo. Los medios de difusión masiva, especialmente los audiovisuales, han proyectado una auténtica y pujante imagen del país. Nos reconforta todo lo ocurrido y los resultados obtenidos. Pero más que nada, nos alienta la demostración -a nivel universal- de un pueblo maduro, capaz de las mayores empresas sobre la base de la unión y el esfuerzo compartido. Que esa unión y ese esfuerzo prosiga, de hoy en más, en todas las instancias del camino que los argentinos nos hemos propuesto”.
En el editorial de ese número (“El Mundial sigue en El Gráfico”), la revista presentó la nota asegurando, que “Fue una nota fácil y placentera. Fácil porque su protagonista accedió a través de un trámite directo y rápido; placentera porque frente a él nos sentimos bien (sentirse bien en periodismo quiere decir estar con alguien que sabe sobre lo que está hablando y todo cuando sabe lo dice en forma sincera y generosa)”.
La tristemente célebre imagen de la Junta Militar festejando el tercer gol argentino en la final, es una foto con Videla en el centro, a su derecha Massera y a la izquierda Agosti. Pero en la tapa del número 93 de “Somos” (la revista política de Atlántida), “casualmente” solo hubo espacio para el hombre del Ejército. “Los argentinos y el Mundial: Un país que cambió”, fue la expresión de deseo transformada en título, que pretendía la unidad de víctimas y victimarios, para sepultar la historia: “Estábamos todos. No hubo distinciones. Se vio -esta vez sí- una sola bandera. Argentina había aprobado un examen muy exigente. Organizó el Mundial y lo hizo bien. Y además lo ganó. Somos analiza el fenómeno y sus consecuencias. La campaña en el exterior. La forma en que fue revirtiéndose. Lo que dijeron los periodistas extranjeros. El balance económico del torneo. El desaire holandés. Videla en el balcón. Un informe completo sobre este acontecimiento que puede marcar el comienzo de una verdadera transformación en nuestras actitudes. Depende de lo que hagan, gobernantes y gobernados”.

La tapa de Clarín 5 de julio, mostraba al dictador, con una Tango entre sus manos, Menotti y Pasarella. Los tres sonrientes: “Videla agasajó a los campeones mundiales”. El diario dice que “el presidente” recibió en la residencia de Olivos a varios de los integrantes de la Selección Nacional.

Editorial Atlántida, al servicio de Videla-Martínez de Hoz: La vieja estructura de la familia Vigil, había puesto en manos del Ejército y su ministro de Economía, todas sus publicaciones (alguna de ellas históricas, “El Gráfico” fue fundado el 30 de mayo de 1919) y con cada una llegaba a un segmento distinto del público argentino. El mensaje del Proceso de Reorganización Nacional, le apuntaba a la clase media desde “Gente”, a la patria agroexportadora a través de Chacra, a los amantes del deporte con “El Gráfico”, a la mujer vía “Para ti” y a los pibes con “Billiken”. Y ante la falta de un semanario político en su producción, crearon “Somos”.
Todas cumplieron un rol fundamental. Desde esas revistas se repartieron las postales “Argentina toda la verdad”, que se publicaban junto con las direcciones de los principales políticos y representantes de la cultura, que defendían la causa “antiargentina” en el planeta. El plan apuntaba a que ciudadanos comunes cuenten la “verdad”, a quiénes habían sido “engañados” por el relato de sobrevivientes del terrorismo de Estado y exiliados.
En “Para Ti” y con el título “Habla la madre de un subversivo muerto”, se publicó una nota en la que Thelma Jara de Cabezas, por entonces detenida-desaparecida en la ESMA, fue llevada por una patota encabezada por el represor Ricardo Cavallo a la confitería “Selquet” (Figueroa Alcorta y Pampa, muy cerca de la cancha de River), para fraguar un reportaje. En ese supuesto diálogo, Cabezas acusaba a los organismos de derechos humanos, de “mentir sobre la existencia de desaparecidos”.
Por esta historia, el director de la revista Agustín Botenilli, fue procesado por el juez Sergio Torres, quien lleva adelante la megacausa ESMA, por el delito de “coacción”. La Cámara Federal Porteña revocó el procesamiento en 2014.
“Gente”, dirigida por Chiche Gelblung, publicó en tapa la muerte de Norma Arrostito; cuando aún se encontraba con vida en la Escuela de Mecánica. La operación que fue tapa, buscaba quebrar las filas de Montoneros, después de haber perdido supuestamente a una pieza clave de su conducción.

Bonafide editó en Alemania, el “Libro de oro del Mundial ‘78”. Una lujosa edición basada en el trabajo fotográfico de reporteros europeos. En “Es toda una nación la que ha triunfado”, la empresa dice que la Copa fue “el triunfo de un país, de su pueblo, de sus deportistas de sus autoridades. Habían cumplido con la palabra empeñada ante el mundo, frente a las críticas y el escepticismo de quienes no los creían capaces de asumir una responsabilidad semejante y conquistaban, además, el trofeo que premiaba al equipo campeón.
La Argentina porque se lo exigieron y porque se lo propuso, rindió un triple examen: el de la calidez y la capacidad de sus hijos, el de su talento para organizar un acontecimiento de semejante magnitud y el de la calidad y fuerza de su fútbol. Triunfó en todos, dejando un legado que se extenderá en la memoria de varias generaciones”.

Mensaje de Videla: El 29 de junio de 1978, Videla dirigió un mensaje al país, resumiendo lo vivido en la Copa según el prisma de la Junta. Pero fundamentalmente, utilizando para la construcción del futuro inmediato, el significado de “todos los triunfos logrados” dentro y fuera de la cancha: “Argentina ha demostrado con creces, una real capacidad de organización y realización, a través de equipos deportivos y técnicos, en donde han privado la estabilidad y la coherencia. Podemos sentirnos verdaderamente orgullosos de haber cumplido con todos los planes y los plazos previstos, porque ello significa una inquebrantable voluntad de poner al país de pie y echarlo a andar.
El pueblo argentino ha dado un alto ejemplo de respeto y orden, que quiero explícitamente reconocer. En forma espontánea, sin estímulos, ni presiones de ninguna especie, nuestro país ha vivido un auténtico clima de fiesta que ha sorprendido a muchos visitantes. Esos mismos visitantes que se han sentido como en su propia tierra, tratados con afectuosa hospitalidad, podrán ahora testimoniar sobre la realidad de nuestra Patria, deformada por una aviesa campaña internacional.
La alegría que invadió todos los rincones de la Nación, no brotó exclusivamente de un triunfo deportivo conseguido con capacidad, coraje e hidalguía. Pareciera como si un cúmulo de energías dormidas, como si una nueva capacidad de entusiasmo hasta ahora aletargada, hubiesen salido a plena luz.
Ese pueblo que colmó los estadios, que irrumpió en plazas y calles sin distinción social alguna, nos revela a una Argentina solidaria que quiere vivir una paz sellada en libertad, que levanta hoy su hermandad como una orgullosa insignia frente al mundo.
Argentinos: hemos sido capaces de vencer a la insidia y al escepticismo. Seamos ahora también capaces, con la ayuda de Dios, de impulsar a la Nación en pos de sus objetivos permanentes.
Que esta experiencia colectiva que hemos vivido, nos enseñe a levantar esa Argentina definitivamente fraterna con la que hemos soñado. Si de verdad lo queremos, nada ni nadie nos detendrá. Que así sea”.

26 de junio de 1978. “Cuando terminó el partido las autoridades se reunieron dentro del estadio y ‘Videoshow’ conversó con todos los presentes. Los miembros de la Junta Militar, inician esta serie de reportajes, luego del éxito argentino”, Andrés Percivalle, conductor de “Videoshow”, por Canal 11.
– “Señor presidente de la Nación, no podemos dejar de preguntarle, ¿qué es lo que siente en este momento al ser Argentina campeón del mundo?” (Enrique Llamas de Madariaga, “Videoshow”).
– “Este es el triunfo de Argentina toda, de su equipo, de su pueblo, de sus dirigentes, de sus hombres de toda categoría; que con empuje, con corazón, con entusiasmo, con fe en el país, ganaron este campeonato” (Jorge Rafael Videla).
– “Y el jugador número 12, el que está afuera de la cancha general, ¿cómo se portó, cómo acompañó?
– “Yo creo que fue el jugador número 1 y a él le debemos toda esta muestra de corrección.
Hemos recibido un premio de orden internacional, que reconoce este comportamiento humano que el pueblo argentino ha tenido, como ejemplo para los ojos del mundo”.
– “Muchas gracias presidente Videla, ¿y ahora vamos a ir a España para ganarla otra vez en el ’82?”
– “Por supuesto que sí”.
Luego el diálogo con Massera, en ese intento constante por humanizar al asesino. Sin el uniforme y lejos de los campos de concentración, la Junta se mostraba como hombres comunes, gozando y sufriendo en la tribuna.
– “Vivo este momento igual que usted, igual que todos los argentinos. Muy emocionado, muy contento por lo que nuestro público ha hecho ante todos los visitantes que estos días han recorrido nuestras ciudades y el país. Este sentido de unidad, es lo más positivo.
– “Hace mucho en un discurso, usted dijo ‘vamos a ganar’ y eso fue lo que se cantó en la cancha”.
– “Yo dije, ‘Vamos Argentina, vamos a ganar’. Gracias a Dios esa frase ha dejado de ser un slogan, para transformarse en una realidad. Estamos empezando a ganar”.
– “Almirante, ¿usted cree que esta euforia, esta fuerza colectiva se va a trasladar a otros ámbitos en el país?”
– “Sin ninguna duda. Creo que por supuesto hay que encarrilar todo este fervor, para que de alguna manera sigamos adelante. Tengo fe en mi país y fe en los argentinos”.

Carta de Videla a “El Gráfico”: Con fecha 24 de mayo de 1979 y dirigida a Constancio Vigil, el dictador saludó a la revista ante un nuevo aniversario del primer número (“Un saludo que nos honra y nos compromete con el futuro”): “Los sesenta años ininterrumpidos de ‘El Gráfico’, representan la continuidad de un noble empeño periodístico. Una memorable historia del deporte argentino e internacional se ha reflejado, a ritmo semanal, desde las páginas de esta revista, verdadera precursora de su género.
Asimismo, en tan dilatado y fecundo período, muchas han sido sus iniciativas a favor de las sanas y alentadoras competiciones que unen y solidarizan a los hombres y a los pueblos. Por eso, en esta significativa circunstancia, me complazco en hacer llegar a sus editores, mis más sinceras congratulaciones”.
El 22 de mayo de 1979 en Zurich, Argentina derrotó por penales a Holanda (8-7, con tres atajadas de Fillol), después de empatar sin goles en los 90’ y se quedó con el trofeo “75º aniversario de la FIFA”. Teniendo en cuenta que las imágenes que iban a llegar a Buenos Aires, eran emitidas por la televisión suiza y por lo tanto, inmodificables en el destino satelital, colgaron banderas detrás de los arcos con la leyenda: “Videla asesino”.
Argentina: Fillol; Olguín, Villaverde, Passarella y Tarantini; Ardiles, Gallego y Maradona; Bertoni (Houseman 67’), Luque (Barbas 61’) y Ortiz (Enzo Trossero 85’). Holanda: Doesburg; Jansen (Metgod 83’), Krol, Stevens y Hovenkamp; Poortvillet, Peters y Neeskens; Rep, Kist (Peters 67’) y Tahamata (René Van der Kerkhof 75’). DT: Jan Zwartkruis.
Diego llevándose a la rastra a Neeskens por toda la cancha y Tahamata venciendo la resistencia de Olguín en cada desborde, fueron las dos cuotas individuales más importantes, de un partido que colectivamente se jugó a gran velocidad y con muchísima profundidad. En la cabeza de algunos protagonistas, se impuso la idea con la que se vendió mediáticamente el duelo (“La revancha del ’78”) y en muchos pasajes de pierna fuerte, el estadio donde se jugó la final del ’54, se convirtió en el Monumental. Con el gran trabajo de la dupla Villaverde-Passarella, Argentina estrenó centrales. Altos rendimientos de Ardiles, como co-conductor por la derecha y de Daniel Bertoni, quebrando el fondo naranja a pura potencia.
Por entonces, el periodismo argentino hablaba de una oferta de un millón de dólares de Talleres de Córdoba por Bertoni (Sevilla, España), para devolverlo al fútbol argentino. El club que presidía Amadeo Nucitelli, de la mano de grandes actuaciones en el Nacional y de la chapa que Menotti le dio a medio plantel como seleccionados en el proceso ’78, pretendía a través de la tablita de Martínez de Hoz, una transferencia histórica.
Después de ver por televisión los carteles “Videla asesino”, que los exiliados argentinos colgaron detrás de los arcos en el partido con Holanda, el locutor tomó el toro por las astas y salió a defender lo indefendible. Julio Lagos comenzó rápidamente una campaña por radio para llevar a Roma una gran bandera con “una leyenda en pro del país”. Pensó en llevar cinco celebridades como representantes del modelo que auspiciaba la dictadura, pero ninguno se anotó. Finalmente subió 30 oyentes a un charter por150.000 dólares (entre ellas la mamá de Maradona) y volaron para ver Italia-Argentina.
A través de “Mónica presenta” (Canal 13), Lagos convocó a los que tuvieran su pasaporte al día o posibilidades de renovarlo rápidamente y por supuesto, que pudieran pagarse el pasaje. El viaje a París fue por Aerolíneas Argentinas y de allí a Roma, por Alitalia. Llegaron con los minutos contados para ir al estadio y para conseguir las entradas, la figura del contraalmirante Lacoste fue fundamental.
Cuatro días después de la victoria desde los 12 pasos ante Holanda, los campeones del mundo empataron 2-2 con Italia, en el estadio Olímpico de Roma (primer partido ante los italianos en su tierra, en el que Argentina no terminó derrotada). Valencia a los 6’, puso en ventaja al equipo argentino con un golazo (doble amague ante Scirea y derechazo cruzado ante la salida de Zoff); empató Causio (25’) y lo dio vuelta Rossi (54’). Empató Passarella de penal (55’).
Gran primer tiempo de los visitantes, que presentaron al ganador de la Copa del ‘78 con tres cambios: Villaverde por Galván, Barbas por Ardiles y Maradona por Kempes. En el dibujo táctico, Valencia como
cuarto volante y Housemann-Luque, la dupla atacante.
Italia: Zoff; Gentile, Scirea, Collovati y Cabrini; Tardelli, Oriali y Antognoni; Causio, Rossi y Bettega. DT: Enzo Bearzot.
Argentina: Fillol; Olguín, Villaverde, Passarella y Tarantini; Barbas, Gallego y Maradona; Houseman, Luque y Valencia. DT: César Luis Menotti.

Septiembre de 1979: La Selección juvenil que había armado Ernesto Duchini y dirigido por Menotti en el Mundial de Tokio, regresó con el título. La vuelta olímpica coincidió con la visitaba de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y con los familiares de las víctimas de la represión en la oficina de Av. de Mayo, donde se recepcionaban las denuncias. La dictadura dio asueto escolar y mandó a una multitud para enfrentar a los familiares.
Radio Rivadavia con sus móviles se encargaron de direccionar a miles de personas, hasta quedar frente a frente con los que esperaban su turno para gritar lo que verdaderamente estaba pasando en el país (campaña “Somos derechos y humanos”).
Ese día, Videla tuvo su balcón. No el histórico, sino el que está casi en diagonal al Banco Nación. Salió a festejar con miles de argentinos desde la Casa Rosada, sin tener que aguantar como laderos a Massera y Agosti; como en la foto del tercer gol de la final del ’78.

Octubre de 1979: El 23, Juan Pablo II desde el balcón de la iglesia de San Pedro, en una de sus audiencias semanales, habló por primera vez de las violaciones a los Derechos Humanos en el reino de Videla. Tarde, con la masacre consumada. El Sumpo Pontífice se dirigió al Episcopado argentino, solicitándoles que se “hiciera eco del angustioso problema de personas desaparecidas en esa querida nación, pues dañan el corazón de muchas familias y parientes”. El gobierno de las fuerzas armadas se irritó por la alusión, introducida seguramente por Cavalli. El cardenal Primatesta al regresar de Roma el 13 de noviembre siguiente, trató de disminuir la importancia de la referencia, diciendo que las manifestaciones del pontífice “habían sido parcializadas”.

El almirante que quería navegar en tierra: Las ambiciones de Masssera, eran dos o tres talles más grandes que su uniforme y en su diccionario nunca existió la palabra escrúpulo, al momento de recorrer el camino necesario para alcanzar una meta.
El verdadero sueño del almirante, era que en el futuro se lo señale como el nuevo Perón. La gran contradicción del personaje emergió instantánea en toda su dimensión, cuando soñaba emular al hombre que fue el enemigo público número uno de la Armada, durante más de tres décadas. Sin dudas, conducir a la más gorila de las tres armas, pretendiendo heredar al tres veces presidente, era un conflicto a revolver…
“Masserita: usted se equivocó de tren, en vez de ir a Campo de Mayo se metió en el de Río Santiago”, firmado Juan Domingo Perón. El viejo líder advirtió la dimensión desmedida del sueño político de Massera y le comunicó que en la Argentina de entonces, solo se llegaba al escalón más alto de ese liderazgo, con ropa del Ejército.
El Marino se imaginaba encabezando el diálogo de paz con Montoneros, para luego sumarlos en la salida democrática, como tropa propia.
Ante el regreso del peronismo al gobierno y con la juventud gritando en las calles “patria socialista”, aquel oficial de inteligencia se mostró a principios de la década del ’70, como un uniformado nacional, popular y democrático. Solo con el regreso de Perón en la agenda política, fue factible que un joven contraalmirante eludiera el obstáculo de dos promociones, para poder terminar con una larga lista de superiores anti-peronistas y se transforme en el postulante más potable para conducir la Armada. Lo consiguió, con Perón vivo. Cuando el ex presidente murió, las flores y los bombones que le mandaba a la viuda convertida en presidente, eran parte de un juego de seducción política. Y el Negro en el rol de galán, siempre estuvo muy cómodo.
Pero cuando el golpe era inevitable, entendió que tenía que subirse al tren o lo bajaban para siempre y se acabaron los regalos con destino Balcarce 50.

A fines de la década del ’70, el espía chileno Enrique Arancibia Clavel estaba radicado en Buenos Aires y su misión era seguir al titular de la Marina. En uno de sus despachos a la DINA de Pinochet, se refirió al Massera nocturno: “Sobre más antecedentes de Graciela Alfano, la actual amante de Massera, puedo informar que ésta es actriz y modelo. Está con Massera desde hace 6 meses. Ultimamente se ha sabido de costosos regalos que le fueron hechos (departamento, pieles, joyas, etc.)”.
Bajo el seudónimo de “Luis Felipe Alemparte Díaz”, también aseguró que “el padre de la Alfano se está postulando para ser el futuro presidente del Club River Plate”. Dijo que estas elecciones son “verdaderas carreras de gastos y demagogia” y dio por descontado, que tendrá “el apoyo importante de Massera”.
El espía chileno confundió River con Racing y el candidato era el padrastro de Alfano, Alfredo Capelli, que finalmente fue presidente de la Academia. Como representante del club de Avellaneda, Capelli participó el 6 de abril de 1979, de la asamblea de dirigentes que controló la dictadura, para nombrar presidente de la Asociación de Fútbol Argentino a Julio Grondona.

El lobo guardó para siempre el disfraz de cordero, cuando Masserita potenció la crueldad del Almirante Rojas a niveles inimaginables. Después del golpe, el marino entendió que a partir de ese momento, acumulación de poder era sinónimo de terrorismo de Estado. ¿Qué fuerza tiene más centros clandestinos de detención? ¿Quién torturó en sus mazmorras, a la mayoría de los militantes? ¿Quiénes salieron de cacería y trajeron a los cuadros más importantes?

“Las Fuerzas Armadas inician el Proceso de Reorganización Nacional y ya con la responsabilidad el poder político en sus manos, la ofensiva se torna más integral, más eficaz. Y la Fuerza Aérea y la Armada, que ya conocían en carne propia las heridas de esta guerra impúdica, acentúan su participación militar y contribuyen con su heroísmo a la derrota del enemigo” (Massera, 1976)

Perón tenía razón, Masserita se había equivocado de estación. No obstante, su negociación para restarle poder al Ejército, logró resultados inéditos para la Marina y de esos beneficios también sacó provecho la Fuerza Aérea. Los golpes militares hasta ese momento, no dividían la estructura de Gobierno en partes iguales. La presión de la Armada, logró que esa torta se cortara en tres porciones casi idénticas: ministros, embajadores, directores de radios y canales de televisión.
Era opositor al liberalismo que chorreaba el Ministerio de Economía y salía de gira para decirle al oído de los líderes mundiales, que estaba dispuesto a reparar las muertes que había generado Videla.

Después de pasar a retiro en 1978, comenzó a moldear el Partido de la Democracia Social. Desde ese púlpito, predicaba como oposición, pero sin sacar los pies del plato del Proceso. Empezaba a ser refractario para los propios y por supuesto, no lograba enamorar a sus víctimas.

El plan Massera ’78, tenía un objetivo central: consolidar su imagen externa, para intentar transformarse en la continuidad democrática de la dictadura. Una tarea imposible, para el “propietario” de uno de los tres centros clandestinos de detención, tortura y muerte más importantes del Proceso (ESMA, Campo de Mayo y La Perla). Europa y Washington, sabían muy bien quién era el marino, conocían los crímenes del pasado y sus aspiraciones políticas futuras. La Escuela de Mecánica de la Armada fue un campo de concentración, especializado en cacería de militantes montoneros, con el valor agregado de vuelos de la muerte y la maternidad clandestina que más partos atendió en cautiverio, en la Argentina del terrorismo de Estado (“La pequeña Sarda”).

“Yo estaba a cargo de la política internacional de Montoneros y tenía muy buena relación con los franceses. Massera llegó a presentarle al presidente Giscard d’Estaing, un listado de compañeros que estaban denunciados como desaparecidos por los organismos defensores de los derechos humanos y que según él, vivían en Francia e Italia. Sacó a estos militantes que se encontraban secuestrados en la ESMA, los instaló en Europa e intentó convencer al gobierno francés, que nunca habían estado desaparecidos. Buscó engañar a los servicios de Inteligencia de Francia, diciendo que los desaparecidos eran un invento nuestro y que en realidad se trataba de cuadros que habían abandonado la lucha y que por temor a la represalía de la organización, se escondían y se clandestinizaban en Europa” (Fernando Vaca Narvaja).

En 1977, el contraalmirante había creado el Centro Piloto de París, para operar contra la campaña antiargentina; pero las operaciones de inteligencia que ejecutaron oficiales recién bajados de las camionetas de los grupos de tareas en la Argentina, solo empantanaron su imagen internacional. En aquellos países donde Massera pretendía mostrarse como nuevo de lo viejo, ningún gobernante o político opositor, creía en el marino democrático. Francia, Italia, Suecia, España o Estados Unidos, eran impermeables al discurso humanitario del victimario.

“Niego totalmente esa versión de negociación con Massera, no existió. Yo en mi libro (“Con igual ánimo”), planteo claramente que cuando a mí me hacen la emboscada en enero de 1977, yo era responsable de la política internacional de Montoneros y teníamos en la estructura, un departamento que se llamaba ‘Logística especial’; sección que manejaba en ese momento una cuenta en el exterior de 1.500.000 dólares. El compañero que a mí me delató, fue Antonio Langarica. El tenía a su nombre esa cuenta bancaria. Cayó en manos de la Escuela de Mecánica de la Armada y lamentablemente también su familia (creo que por eso este compañero terminó colaborando con la represión) y negoció su libertad entregando mi estructura, a mí personalmente y además, ese millón y medio de dólares. La Marina blanqueó posteriormente, solo un millón. Esa es la discusión inter servicios, entre inteligencia de la Marina y el Ejército, en la que suponen que esa plata que tiene Massera, fue producto de un acuerdo político con nosotros” (Fernando Vaca Narvaja).

El plan de Montoneros, fue militar el Mundial desde la comunicación directa con delegaciones europeas claves: “Dijimos que no iba a haber acciones militares que se vincularan con cualquier manifestación deportiva en la Argentina. Todas las acciones de resistencia que se hicieron en el año ’78, estuvieron fuera del perímetro de la Copa.
Nosotros tuvimos una actitud de participación, respecto al Mundial. Tomamos contacto con las delegaciones de Alemania y Holanda, e integrantes de esos planteles y periodistas, estuvieron con los organismos defensores de los derechos humanos y recorrieron las zonas de los campos de concentración, con nuestra información. Ese fue el carácter que le dimos a eso que llamamos tregua.
Por otro lado le propusimos al Papa y esto consta en los archivos del Vaticano, un cese de operaciones armadas, si se llamaba a elecciones y se blanqueaba la existencia de campos de concentración” (Fernando Vaca Narvaja).

Massera consolidó su poder, como parte de la logia Propaganda 2, de Licio Gelli y dentro del grupo trabajó con oficiales del Ejército, que fueron mucho más leales a su proyecto, que al de Videla (Suárez Mason, por ejemplo).

Producto de las investigaciones que jueces milaneses llevaron a cabo en 1981, a raíz de la quiebra millonaria del banco Ambrosiano, los italianos descubrieron una lista con 962 nombres pertenecientes a la P2, una red de políticos, jueces, empresarios, periodistas, agentes de los servicios secretos y altos militares que lideraba el “Maestro venerable”, Licio Gelli.
Entre los empresarios figuraba Silvio Berlusconi y entre los argentinos había 20 hombres relacionados con el poder económico y las Fuerzas Armadas.
En 1981 la policía allanó la casa de Gelli en Villa Wanda (Arezzo) y encontró listas con un millar de miembros de la Logia. Los argentinos que figuraban: Aldo Alasia, Hipólito Barreiro, Federico Barttfeld, Enrique Víctor Boully, Antonio Calvino, Laico Bruno Cattáneo, Carlos Alberto Corti, Cesar De la Vega, Gerardo Finauri, Antonio José Ghirelli García, José Isaac Katz, Raúl Alberto Lastini, Pablo Lavagetto, Federico Lenci, José López Rega, Emilio Eduardo Massera, Giovanni Juan Questa, Carlos Suárez Mason, Fernandes Wilson De Valle, Alberto Vignes y Mario José Villone.
Se presume que esa lista está incompleta. Faltarían el almirante González Masón, a cargo de la inteligencia después del golpe del ’76; el diputado nacional santafesino Sobrino Aranda y para muchos, también habría que agregar al General Viola. El segundo dictador del Proceso, tenía una muy buena relación con Gelli, pero nunca se pudo comprobar si era parte de la Propaganda 2.
Pero si le damos valor documental a la palabra de Gelli, entre esos apellidos faltaría Juan Domingo Perón. El italiano se encargó de hacer público, que él fue quien inició en Madrid al ex presidente en el mundo de la masonería, en junio del ’73; poco antes del regreso definitivo del líder a su país. Gelli se jactaba de haber restablecido el diálogo de Perón con el Vaticano, roto en 1955 y planteaba que la Santa Sede medió en la devolución del cadáver de Evita, enterrado por la dictadura de Aramburu en el cementerio de Milán, con la complicidad de la jerarquía católica.
Lo cierto era que el círculo que se constituyó en el laberinto del último Perón, tenía fuerte presencia en la logia. Fundamentalmente, el canciller Alberto Vignes, que pertenecía a la Orden Masónica Paramericana. Enrique Boully, era el secretario y hombre extrema confianza, de Vignes. Adolfo Mario Savino, embajador en Roma y ministro de Defensa. Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y López Rega, ministro de Bienestar Social. José María Villones, César de la Vega y José Miguel Vanni, eran hombres de “El Brujo”.
La P2 llegó a la Argentina a fines de 1973 y hasta 1983, la sucursal sudamericana amplió muchísimo su poder, hasta pelear supremacía política con la casa matriz. En 1980, con el vaciamiento del Banco Ambrosiano y la muerte del banquero Roberto Calvi, comenzó la caída del grupo.
Licio Gelli viajó a Buenos Aires en el ‘73 y fue condecorado con la Orden del Libertador San Martín. Por entonces, la logia vivía su etapa de máximo esplendor. Era dueña de una importante red de influencias y una gran fortuna. Para lavar dinero pensó en inversiones en Sudamérica.
Después del Rodrigazo y el fin de López Rega, Gelli comenzó a negociar su futuro argentino con hombres del Ejército y la Marina; pero la relación directa con el italiano la ejerció Massera.
La astrología era un puente de plata, entre los miembros de la P2. Massera tenía como astrólogo personal al oficial del Ejército, Héctor Ricardo Faisal, quien cuando se trasladó a Perú, trabajó para Vladimiro Montesinos, director de la inteligencia y cerebro del fin de Sendero Luminoso.
Gabriela Cerruti en “El Pibe”, sostiene que Franco Macri hizo su fortuna negociando también con Licio Gelli, la logia P2 y la Cosa Nostra italiana”. La P2 se estableció en Argentina, a través de una filial bautizada PRO (“Propaganda Patriótica) y Guillermo de la Plaza (embajador argentino en Uruguay) era la pieza clave de la logia en la banda oriental.
El teniente Ricardo Miguel Cavallo estaba a cargo del sector de inteligencia de la ESMA, llamado la Pecera. En 1980, su superior inmediato, el capitán Horacio Estrada, le ordenó hacerle un pasaporte falso a Gelli; dato que aportaron sobrevivientes de la ESMA, como Víctor Basterra, Carlos Muñoz y Lazaro Gladstein. Con ese pasaporte falso argentino, años más tarde el financista italiano, intentó cobrar 55 millones de dólares de un banco suizo. Por entonces Gelli era un prófugo de la justicia italiana por su responsabilidad en el desfalco del Banco Ambrosiano y fue condenado a ocho años de prisión.

Massera comenzó a desteñir ante la mirada de sus pares, cuando empezó a tirar de sus aviones y obras en construcción, a cadáveres de herederos de la vieja oligarquía o de los nuevos ricos que coqueteaban con el poder real. Dejó de ser confiable para los propios, cuando se convirtió en el gatillo más fácil de la represión; título que peleó mano a mano con el general Luciano Benjamín Menéndez.
En la cuenta del Marino, hay que cargar la desaparición del embajador en Venezuela, el radical Héctor Hidalgo Solá y el asesinato del jefe de Prensa del General Lanusse, Edgardo Sajon. También la muerte de la diplomática argentina, Elena Holmberg, prima hermana de Lanusse, que denunció los contactos del integrante de la Junta con Firmenich. Y por último, los asesinatos del publicista Marcelo Dupont, el periodista Rodolfo Fernádez Pondal y el empresario Fernando Branca, de cuya esposa, Martha Rodríguez MacCormack, Massera era amante.

Sajón era periodista de La Opinión y lo acusaban de operar como correo montonero, cuando lo mataron en abril de 1977. Fernández Pondal dirigía el periódico videlista “Ultima clave”, una publicación repleta de chimes del poder militar y financiero, que al titular de la Armada, no le caía nada simpática.
Dupont era publicista, pero Massera tuvo problemas con su hermano, Gregorio, diplomático de carrera y amigo de Elena Holmberg. En una reunión social celebrada en el piso de Recoleta de la pintora Susana Díaz de Vivar y ante la presencia de Martha Rodríguez MacCormack, Marcelo dijo que Massera no tenía condiciones para pretender ser presidente de la Nación. Fue cesanteado del Ministerio de Relaciones Exteriores. Su hermano fue secuestrado el 30 de septiembre de 1982 y su cuerpo apreció el 7 de octubre, arrojado desde un edificio en construcción en la calle Ocampo, en Palermo Chico. Pretendieron instalar que fue un accidente, pero en el cuerpo de la víctima se encontraron marcas de torturas con picana eléctrica.
Estuvo preso en la recta final de la dictadura, por orden del juez Oscar Salvi, a raíz del caso Branca. Un rumor aseguraba, que aquella investigación la hizo el Batallón de Inteligencia 601.

Massera en la concentración: El 19 de mayo de 1978, Menotti informó la lista de 22 que iban a jugar el Mundial. Después del almuerzo, un helicóptero de la Prefectura Naval bajó en la concentración de José C. Paz. Todo el plantel y el cuerpo técnico encabezado por el entrenador, se acercaron a recibir al Almirante Massera. De civil y buscando humanizar su imagen, declaró: “Yo también soy hincha de esta Selección, son genuinos representantes del fútbol argentino”.
La lista de buena fe argentina, ocupó la mitad de la tapa de Clarín del 20 de mayo (“Menotti dio a conocer la lista de los 22”); pero el dato político más importante, comenzó a marcar la dureza de la agenda de Washington, contra la dictadura: “Desagrado argentino por actitudes de EE.UU.: El embajador argentino ante la Casa Blanca, Jorge Aja Espil, expresó el disgusto del gobierno por la actitud hostil de ciertos sectores del Departamento de Estado”.

 La madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora Sara Brodsky, murió el 23 de febrero de 2018. Era la madre de Fernando Brodsky, detenido-desaparecido el 14 de agosto de 1979 en la ESMA. Se entrevistó con Massera, quien le confesó la detención de Fernando en la ESMA (“Su hijo está, está protegido, pero si alguien me pregunta, yo lo voy a negar”).
Sara integró el Movimiento Judío por los Derechos Humanos, fue artista plástica y la Legislatura porteña la reconoció en 2015 como “Personalidad Destacada de los Derechos Humanos”.

El saldo de la historia, muestra al Negro (viejo apodo que lo perseguía con una pesada carga despectiva, desde los tiempos del Liceo), desde un lugar que jamás aceptaría una estatua del tamaño como la que soñó para su tumba. Simplemente, porque es imposible pensar en un monumento para un genocida y tampoco hay bronce, para los ladrones que se enriquecieron vendiendo las propiedades y los bienes de sus víctimas.

“El almirante Massera le dijo adiós a las armas, pero no adiós al país. No podía ser de otra manera. En un país en el que lamentablemente no abundan los ejemplos de dedicación a la República, el paso de Massera por la más alta investidura naval y del Estado deja huellas políticas. Perdurables, fuertes, necesarias.
El país está forjando una clase dirigente y necesita a Massera. No es que necesite hacerlo candidato a nada, sino partícipe activo de todo.
El supo estar en el poder. Y supo dejarlo. Supo pensar en todos. Y expresarlo. Llegó la hora de dejar una misión: la Marina. Pero llegó la hora de seguir, aunque más no sea como tripulante experto, en el gran barco que nos cobija a todos: la Patria” (Eduardo Paredes firmó “El adiós de Massera: un hasta siempre”, en “Somos” del 18 de agosto de 1978).

Un año después, “Somos derechos y humanos”: La Argentina creada por Martínez de Hoz, se basaba en la recepción millonaria de crédito externo, para sostener la mentira interior. Fábricas cerradas y bancos bien abiertos…; aparato productivo destruido y patria financiera de turno las 24 horas.
Cuando la última dictadura asumió el poder, en Estados Unidos gobernaban los republicanos. El presidente era Gerald Ford y el vice, Nelson Rockefeller; hermano de David, presidente del Chase Manhattan Bank y amigo personal del ministro de Economía, de Videla. Esta sociedad, entre la familia que fundó la Standard Oil y los padres de la Rural, fue clave para que ingresaran al país entre 1976 y marzo del ’81 (cuando Videla-Martínez de Hoz dejaron el poder), préstamos por casi 20 mil millones de dólares.
Las cosas comenzaron a complicarse en Buenos Aires, cuando enero de 1977, en Washington asumió Jimmy Carter. Pocos meses después el nuevo gobierno demócrata, comenzó a cuestionar duramente las violaciones a los derechos humanos de la dictadura y organizó un castigo basado en el congelamiento del crédito y embargo de armas. A Videla no le quedó otra opción. Se quitó el uniforme, se puso un traje y voló a Estados Unidos en septiembre del ’77, para intentar ablandar las relaciones.
Pero la misión, no arrojó los resultados esperados. Carter endureció su posición con el paso del tiempo y los problemas que había generado la idea de un país sin fábricas, pero con plena libertad de mercado para importarlo todo, voló por el aire cuando se agotó la “plata dulce”.
Cuando la inflación de 1978, superó el 160%, muy preocupado, David Rockefeller pasó 48 horas por Buenos Aires, a principios de marzo del ‘79. Las noticias que traía desde el norte, eran negativas: la posición de la Casa Blanca, no tenía retorno y de los muchos amigos que habían cosechado en la Reserva Federal, quedaban pocos.
La única solución era pedirle a la banca privada internacional, pero a tasas muy altas. Se iniciaba la agonía económica de la dictadura, después de haber probado su propio veneno.
Aparecieron en escena, el Bank of America, los bancos de Dallas y Boston, la Unión de Bancos Arabes y Franceses, el Banco de la Sociedad Financiera Europea, el Banco Europeo de Crédito, la Unión de Bancos Suizos, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el Citibank, el Lloyds Bank, Wells Fargo, Chase Manufacturs, Marine Midland, Banco di Roma y Citicorp.
En la búsqueda desesperada de dólares, los militares quebraron la veda de cereales que Washington había impuesto a la Unión Soviética y transformaron a Moscú, en su principal socio comercial.
El 8 de septiembre de 1977, la dictadura secuestró a uno de los presidentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Alfredo Bravo. En la firma de los Tratados del Canal de Panamá, a la que asistió Videla, el secretario de Estado de la administración Carter, Cyrus Vance, le pidió por el dirigente socialista. A uno de los fundadores de CTERA, lo legalizaron 10 días después de su secuestro y estuvo casi un año más, a disposición del Poder Ejecutivo con prisión domiciliaria, en el barrio porteño de Saavedra.
Dos meses después, Cyrus Vance llegó a la Argentina para confirmar los datos que Estados Unidos tenía sobre violaciones a los derechos humanos. Entonces Carter comenzó a pensar, en una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Cuando la información se conoció en la Casa Rosada, la dictadura no encontró el antídoto para frenar este nuevo capítulo de “la campaña antiargentina, auspiciada por el marxismo internacional”.
Los militares querían impedir la visita, pero paralelamente no querían sufrir las consecuencias del aislamiento internacional.
El vicepresidente de Carter, Walter Mondale, se encontró con Videla en el Vaticano (asunción de Juan Pablo I) y le dijo que una serie de créditos del Eximbank para la Argentina, que desde hacía meses esperaban el visto bueno de Washington, podían destrabarse la abría las puertas a la Comisión.
La dictadura planificó una argentina ficcional para los visitantes. Con los medios de comunicación controlados, sin actividad política, sindical, ni estudiantil; no habría información negativa y mucho menos actos callejeros opositores.
El 6 de septiembre de 1979, llegó a Buenos Aires una misión que traía el sello de la administración Carter: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. El objetivo de aquellos 14 días de trabajo, era investigar las denuncias contra la dictadura militar: desapariciones, centros clandestinos de detención, vuelos de la muerte, robo de bebés, torturas y presos políticos. Había comenzado la batalla entre la verdad y el terror…
Cuando la Comisión comenzó a tomar declaración a miles de personas en Av. de Mayo al 700, la dictadura ya había decretado asueto escolar. El plan era enfrentar a los familiares de los desaparecidos, con una multitud festejando la obtención del Mundial Juvenil de Fútbol en Tokio. La caravana la encabezó el móvil de Radio Rivadavia y desde los estudios de Arenales y Pueyrredón, José María Muñoz se encargaba de las consignas: “Vamos a demostrarle a esa gente, cuál es el verdadero país”.

Videla salió al balcón de la Casa Rosada y pulgares en alto de ambas manos, saludó a una multitud en Plaza de Mayo. En Tokio la presencia militar junto a la delegación, estuvo cubierta con el contraalmirante Lacoste.
“El Gráfico” del 11 de septiembre, se encargó de una vieja tarea: maquillar al dictador. En “El presidente se emocionó”, cuenta que “Fue evidente la sentida emoción del teniente general Videla, cuando a través de Radio Rivadavia habló con Casanello, Menotti y Maradona. Algunos de los integrantes del reducido núcleo de invitados que se hallaban en el escritorio del coronel (RE) Paradelo, presiente de ATC, coincidieron en expresar que en un momento, pareció que al presidente se le nublaba la vista. La cobertura que la emisora de televisión hizo del acontecimiento, mereció grandes elogios”.
El epígrafe de la foto de familia, cuenta que “el Excelentísimo Señor Presidente de la Nación, teniente general (RE), don Jorge Rafael Videla, observó el encuentro en Argentina Televisora Color. Lo acompañan el general de brigada, Eduardo Crespi, secretario general de la Presidencia; Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA; nuestro director ejecutivo, Constancio C. Vigil; coronel (RE), Enrique Paradelo, presidente de ATC y el general de brigada, Antonio Llamas. Detrás el periodista Horacio García Blanco, de Radio Rivadavia, quien a través de José María Muñoz, en estudios centrales, conectó al señor Presidente con Tokio para realizar un emotivo diálogo con Menotti, Maradona y Casanello”. Julio Casanello, dirigente de Quilmes, fue el presidente de la delegación argentina.

La propaganda oficial, que armaba la agencia estadounidense Burson-Masteller; los padres de “Somos derechos y humanos”; tenía como eje todas las publicaciones de Editorial Atlántida. Los tarjetones de la revista “Para ti”, inauguraron aquella frase, tristemente célebre.
En total, la Comisión abrió tres oficinas en todo el país y recibieron 5.580 denuncias de secuestros y desapariciones. Los organismos pudieron documentar, otros 3 mil casos.
La comisión se fue del país, el 20 de septiembre.

El ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, ordenó comprar 250 mil calcomanías autoadhesivas, en 2 tamaños, con el lema “Los argentinos somos derechos y humanos”, sobre la bandera argentina. La licitación se llevó a cabo el 28 de agosto de 1979 y la adjudicación estuvo a cargo del subsecretario general, el capitán de navío (RE) Ernesto Orbea.
Mientras los hombres de la dictadura, decían que esta campaña nació en los medios de prensa y en el seno de la clase media, el expediente secreto 330/79 del Ministerio del Interior, prueba que el trabajo fue planificado por el gobierno militar. Y además que fue pagado con fondos públicos, tal como indica el decreto secreto 1695/79 firmado por Harguindeguy, autorizando los fondos.
Los calcos costaron 23 millones de pesos y la empresa Libson S.A. obtuvo la licitación para la producción de las 250 mil calcomanías en dos medidas: 15x 9 y 20×20 centímetros. En la licitación, Libson presentó un presupuesto de 65 pesos y 200 pesos para cada una de las medidas, incluyendo el IVA.
También licitaron Bicolor SRL (129 y 399 pesos con IVA); Argencalco SRL (260 y 670 pesos s/IVA); Cal-Pla (150 y 390 pesos c/IVA), Continental (350 y 980 pesos c/IVA) y Impresos Rotativos (131 y 399 pesos s/IVA).
Libson S.A. produjo parte del merchandising de Argentina ’78 y con ese negocio incrementó mágicamente su capital social: pasó de 4.000 a 30.000.000 de pesos en junio de 1978.

La CIDH presentó en diciembre un informe preliminar, donde criticó duramente el “Estado de excepción” que existía en Argentina y denunció la existencia de miles de desaparecidos. El informe final se conoció un año después. La dictadura prohibió su difusión.
El número de“Somos”, coincidente con la llegada de la Comisión, mostraba en tapa la caricatura de un hombre de civil inspeccionando con una lupa gigante, a un uniformado argentino. Título “Comisión de Derechos Humanos: ¿QUE BUSCAN?”. En la presentación de la nota, la revista de Atlántida planteaba: “Argentina, después de una guerra terrorista que costó una alta cuota de sangre y después de soportar los ataques de una campaña orquestada desde el exterior, debe pasar un nuevo examen: ya está en el país la comisión de derechos humanos. ¿Quiénes son estos hombres? ¿Cuáles son sus fuentes de información? ¿Qué saben realmente del país? ¿Será objetivo su informe final?”.

Publicidad a la medida de la dictadura: Con el mismo formato de Argentina ’78, las empresas privadas y fundamentalmente los bancos, arrimaron mensajes nacionalistas en los medios de comunicación, destinados a inflar la supuesta construcción de una sana juventud, cerca del deporte y lejos de la política.

COCA COLA: “AHORA EN JAPON ARGENTINA OTRA VEZ CAMPEON. La Copa Coca-Cola, creada para unir a los pueblos a través del deporte, está hoy, orgullosamente en manos de los juveniles argentinos. ¡Bravo, Argentina! ¡Bravo Juventud de todo el mundo!”.

BANCO GANADERO ARGENTINO: “EN UNION Y LIBERTAD SOMOS INVENCIBLES. ¡Bravo campeones!¡Adelante Argentina!”.

BONAFIDE: “GRACIAS. Con el trabajo en equipo. Con la organización como base de cualquier logro. Con los brazos en alto y una sola bandera en el ’78. Con los ojos hacia el Sol Naciente para saludar a los pibes, dueños de esta nueva alegría. Con la esperanza de repetir la hazaña en el ’82. Empezando hoy. Ahora. Juntos. Teniendo otras aspiraciones. Las de ser también campeones mundiales de la prosperidad, del desarrollo, del entendimiento de la paz. Y lo bueno de todo esto, es saber que si lo intentamos…, podemos. Como pudimos en fútbol. Como lo demostraron estos pibes. A ellos gracias. Festejando hoy como ayer, junto a los 25 millones de campeones del mundo”.

En mayo, 4 meses antes de la obtención del Mundial Juvenil de Tokio, aparecieron 2 campañas con ecos de Argentina ’78: Banco Popular Argentino y Thompson & Williams.
El banco, sobre un dibujo del segundo gol de Kempes a Holanda en la final, decía: “EN LA ARGENTINA HAY UN BANCO TAN POPULAR COMO EL FUTBOL. Para el Banco Popular Argentino sentirse emparentado con el deporte más popular de la Argentina, es un gran compromiso. Un compromiso que nos lleva a cumplir a diario y de la mejor forma. Trabajando con fe y pasión, con fervor y amistad. Teniendo permanente actualización en todas las áreas. Manteniendo un constante entrenamiento para realizar las mejores operaciones. Porque cuando gana nuestro equipo, ganamos todos. Y nuestra gente tiene espíritu ganador. Por eso ofrecemos siempre el mayor interés. Por eso estamos orgullosos de ser como el fútbol”.
La casa de ropa masculina había pensado en concurso, para que dos personas acompañen al equipo de Menotti, en la previa de España ’82. “GRATIS THOMPSON & WILLIAMS LO INVITA A ACOMPAÑAR A LA SELECCIÓN ARGENTINA DE FUTBOL. Concurso ‘Nuestro primer aniversario de campeones mundiales ‘78’. Venga a conocer la moda caliente otoño-invierno ’79 y participe -sin obligación de compra-, en un gran concurso. 1er premio: Un viaje para dos personas acompañando a la Selección para brindarle el más cálido apoyo en su próxima gira, con todos los gastos pagos. Y un vestuario completo ‘Moda Caliente ‘79’. 2do. Premio: Dos plateas para ver todos los partidos de la Selección que se jueguen en la Argentina hasta 1982. Y un vestuario completo ‘Moda caliente ‘79”. El modelo del aviso, era César Luis Menotti…

BANCO DE ITALIA: “ARGENTINA MI AMOR: Una vez más, los argentinos coincidimos. Todos estamos felices por el triunfo de la Selección Juvenil en Japón. El triunfo de las condiciones naturales de la juventud, perfeccionadas por el trabajo y la fe. El triunfo de la constancia y la eficiencia. En definitiva, una ocasión más para embanderarse en la apasionada expresión: Argentina mi amor”.

BANCO INTERNACIONAL: “¡ARGENTINA! Un grito que tiene alcance mundial. El Banco Internacional felicita calurosamente a todos los integrantes de la Selección Juvenil argentina de fútbol campeona del mundo, por ser sólidos, seguros y ganadores, como todos los argentinos de alcance mundial”.     

7 años y medio después del Mundial: El 9 de diciembre de 1985, se escuchó la sentencia en el Juicio a las ex Juntas Militares. El Mundial era un recuerdo borroso, su gloria se había diluido.
Jorge Rafael Videla fue condenado a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución como autor responsable de los delitos de homicidio agravado por alevosía reiterado en 16 casos, por homicidio agravado por alevosía y por el concurso de varias personas en 50 casos, por la privación ilegal de la libertad agravada por amenazas y violencias en 306 casos, por tormentos en 93 casos, por tormentos seguidos de muerte en 4 casos, por robo en 26; y fue absuelto por falta de pruebas por homicidio calificado en 19 casos, privación ilegítima de la libertad calificada en 94 casos, tormentos en 164 casos, por robo en 64 casos, por sustracción de menor en 6 casos, por reducción a servidumbre en 23 casos, por usurpación en 5 casos, por secuestro extorsivo en 3 casos, por falsedad ideológica en 120 casos y por supresión de documento público.
Emilio Eduardo Massera fue condenado a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución como autor responsable de los delitos de homicidio agravado por alevosía en 3 casos, por privación ilegal de la libertad calificada por violencia y amenazas en 69 casos, por tormentos reiterados en 12 casos y por robo en 7 casos. Absuelto por falta de pruebas por homicidio calificado en 83 casos, por privación ilegal de la libertad calificada en 440 casos, por tormentos reiterados en 260 casos, por robo en 99 casos, por tormentos seguidos de muerte en 5 casos, por sustracción de menor en 6 oportunidades, por supresión de documento público, por reducción a servidumbre en 23 casos, por usurpación en 5 casos, por secuestro extorsivo, por extorsión en 2 casos y por falsedad ideológica en 127 casos.
Orlando Ramón Agosti fue condenado a 4 años y 6 meses de prisión y a inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución.

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