Grupo A: Austria 3-Alemania Federal 2 (Córdoba)
Regresó el equipo austríaco de la primera rueda, pero recargado en algunas de sus mejores individualidades: Krankl (2 goles), Obermayer, Hickersberger y Prohaska. Alemania homenajeó a una generación, que en la despedida de Argentina, siempre estuvo a tiro del partido (cayó a 2’ del final), porque su potencia lo sacó del fango en los momentos más incómodos del choque. A los 43′ del complemento, el empate estuvo en los pies de Abramczik. Definió ante la salida de Koncilia y la pelota se fue rozando el palo. En esa jugada murieron las chances alemanas de jugar por el tercer puesto.
Grupo A: Holanda 2-Italia 1 (Buenos Aires, River)
En el primer tiempo, se impuso la Italia tradicional. Marca asfixiante para atar de pies y manos al funcionamiento holandés. Enfrente, una Holanda muy preocupada por algunas individualidades del equipo de Bearzot (Neeskens stopper de Paolo Rossi), se olvidó el pizarrón que lo llevó hasta esta instancia, en el vestuario. Italia
1-0 desde los 18’ (Brandts en contra). Pero en el complemento, Neeskens volvió a la mitad de la cancha y Happel ordenó jugar. Empató Brandts a los 50′ y un golazo de Haan desde afuera del área, sentenció el partido a 15’ del final.
“Anales”, revista de la Sociedad Rural de 1978: “En estos días se ha evidenciado otro éxito fundamental del gobierno y es que se ha logrado en poco más de dos años, a pesar y reafirmación del espíritu nacional. Esperemos que los periodistas de todas partes del mundo que nos visitan, fieles a su lema de informar con objetividad, transmitan con veracidad lo que han visto. Así se acabará con la difamación que aquellos argentinos descastados hacen correr en los medios informativos de Occidente, utilizando para ello el producto de sus asaltos y secuestros” (Celedonio Pereda, presidente SRA).
“Resulta evidente la falacia de la propaganda desarrollada en el exterior por los máximos delincuentes terroristas marxistas-leninistas, que desde sus cómodos y lujosos refugios aprovechan la complicidad de muchos, para instrumentar una campaña que tiende a lograr nuestro desprestigio y eventual aislamiento” (Coronel Mario Benjamín Menéndez, “La Razón” 17 de junio de 1978).
Grupo B: Brasil 3-Polonia 1 (Mendoza)
Las dudas sobrevolaron los dos partidos, donde se jugaba un boleto a la final. El árbitro chileno Juan Ambrosio Silvagno ignoró dos penales contra Nawalka y Boniek, uno en cada tiempo. Los europeos, hasta el segundo gol brasileño (Roberto a los 57’), eran coprotagonistas del duelo y Lato en su mejor partido del torneo, fue una alarma constante para el fondo brasileño. Leao para cerrar su arco, Batista generando juego en el medio y la peligrosidad de Roberto, justificaron una victoria que a Brasil, le quedó un par de talles más grande…
Grupo B: Argentina 6-Perú 0 (Rosario)
Cualquier comentario sobre lo sucedido en la cancha, es una moneda devaluada antes de salir del bolsillo. La gran cantidad de condicionantes que operaron directa o indirectamente, desde el fútbol y la política, contra un partido clave, destiñen el gran trabajo de Omar Larrosa (seguramente los mejores 90’ de su carrera) y algunas actuaciones individuales de muy buen nivel, como las de Luque y Kempes. Paralelamente los bajísimos rendimientos de Cubillas, Chumpitaz, Muñante y el resto de los referentes peruanos, explican desde el juego porque el partido se convirtió desde el 2-0, en una zona liberada para que Argentina sea por una noche, el gato maula que no tuvo piedad con el mísero ratón. La pasividad defensiva de los peruanos, ante jugadas que casi todas se definieron en el área chica, fue muy sospechosa…
1-0: Kempes dejó en el camino a Manzo y quedó solo frente a Quiroga. El defensor peruano ensayó una coreografía imperfecta (revoleando tarde su pierna derecha), amenazando terminar con el delantero argentino y en realidad, le abrió el camino al gol.
2-0: Cabezazo sin marca de Tarantini, casi en el punto del penal, al recibir un córner desde la derecha.
3-0: Tiro libre de Olguín desde la derecha. Centro al corazón del área, pared Bertoni-Kempes en la puerta del área chica, ante la mirada de dos defensores peruanos y definición del Matador.
4-0: Palomita de Luque casi en la línea de sentencia, solo frente al arco. Desborde de Larrosa por la izquierda, cabezazo de Passarella para dejar solo al centrodelantero argentino y el gol de la clasificación.
5-0: Ortiz ganó por su lateral, centro atrás y toque de Houseman en el cuadro chico, ante la “mirada” de Roberto Rojas.
6-0: Todo por la izquierda, la puerta que abrió Perú de par en par, a lo largo del segundo tiempo. Nuevamente Larrosa, toque para Kempes entrando en velocidad y definición ante la salida de Chupete Quiroga.
Dos detalles. El toque cruzado de Muñante ante la salida del Pato, que devolvió el palo derecho del arco argentino cuando el partido aún estaba 0-0, se convirtió con los años en una anécdota irrelevante.
Primer gol oficial de Tarantini en su carrera, después de 164 partidos en la Primera de Boca y el insulto del 3 a la platea impaciente, en pleno festejo.
Argentina: Fillol; Olguín, Luis Galván, Passarella y Tarantini; Larrosa, Gallego Miguel Angel Oviedo 85’) y Kempes; Bertoni (Houseman 65’), Luque y Ortiz. DT: César Luis Menotti.
Perú: Quiroga; Duarte, Manso, Chumpitaz y Roberto Rojas; Velásquez (Gorritti 51’), Quezada y Cueto; Muñante, Cubillas y Oblitas. DT: Marcos Calderón.
Goles: Kempes 20’, Tarantini 42’, Kempes 48’, Luque 50’, Houseman 66’ y Luque 72’.
Juez: Robert Wurtz (Francia).
La programación escalonada de partidos definitorios de segunda fase (mismo día, diferente horario), fue modificada a partir de Argentina ’78. Luego de la polémica experiencia, de disputar en primer turno Brasil-Polonia y más tarde, Argentina-Perú; los encuentros donde está en juego el futuro de rivales cruzados, deben disputarse en simultáneo. Otra experiencia con la Selección argentina como protagonista en un Mundial, modificó pautas del fútbol internacional para siempre. La expulsión de Rattín frente a Inglaterra en 1966, motivó la creación de las tarjetas (amarilla y roja), como idioma universal del arbitraje.
Dudas que amenazan con ser eternas: Los ilícitos nunca dejan factura, por lo tanto desde hace 40 años se multiplican sin documentación probatoria, hipótesis deportivas y políticas… A mediados de 1978, la democracia peruana estaba guardada bajo siete llaves desde hacía una década. Juan Francisco Velasco Alvarado, como jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, fue el principal protagonista del derrocamiento de Belaúnde Terry, el 3 de octubre de 1968. Pero 7 años después, estalló el Tacnazo. Un golpe dentro del golpe se produjo el 29 de agosto de 1975, para corregir “desviaciones y personalismos” según el nuevo dictador, Francisco Morales Bermúdez. La segunda fase del período de facto, se extendió hasta 1980. Una de las muchas versiones de la leyenda, cuenta que Morales Bermúdez cambió la goleada argentina, por la entrega de dos barcos llenos de trigo y dejar en manos de Videla a 13 políticos peruanos deportados a Buenos Aires.
El puente de la negociación, habría sido el hijo del presidente peruano, Francisco Morales Bermúdez (subdirector de la OEA en Lima), que estuvo junto a la delegación en el Mundial y que desde niño, era amigo de Percy Rojas.
En febrero del 2012, la justicia argentina pidió la captura por el secuestro en Lima de 13 peruanos el 25 de mayo de 1978. La denuncia fue impulsada por Ricardo César Napurí Schapiro, quien fue uno de los deportadas a Buenos Aires de manera irregular. Los 13 fueron trasladados en avión a la Argentina y luego encarcelados en el Regimiento de Infantería de Montaña 20 de Jujuy. Allí fueron presionados por la Cancillería, el Ejército y el Ministerio del Interior, para firmar un documento en el que se presentaban como refugiados. Se negaron y entonces fueron trasladados al Departamento Central de la Policía Federal. Por último, estuvieron cautivos en el subsuelo del aeropuerto de Ezeiza: Ricardo César Napurí Schapiro (ex capitán de la Fuerza Aérea), José Luis Alvarado Bravo (sindicalista), Justiniano Aspaza Ordóñez (sindicalista), Alfonso Baella Tuesta (director del diario “El Tiempo”), Hugo Blanco Galdós (Almirante), Humberto Damonte Larraín (director de la revista “Marka”), Ricardo Díaz Chávez (abogado), Javier Diez Canseco Cisneros (abogado), Genaro Ledesma Izquieta, Ricardo Letts Colmenares, Valentín Pacho Quispe (sindicalista), José Arce Larco (ex ministro de Marina) y Guillermo Faura Gay. La versión de Morales Bermúdez, decía que los 13 peruanos fueron expulsados, “porque estaban alterando el orden público, en pleno proceso de transición a la democracia”.
Cuando el grupo estaba en Jujuy, un guardia le permitió a Napurí hacer una llamada a París para alertar sobre lo que estaba sucediendo. Estuvieron poco en Buenos Aires, producto del escándalo que había generado esa llamada. Todos los deportados fueron trasladados a distintos países del mundo.
En su edición del sábado 27 de mayo de 1978, “El País” de España decía que “Un grupo de once peruanos, entre ellos dos ex vicealmirantes y el líder sindical de izquierda Hugo Blanco, fueron deportados ayer a Argentina por el Gobierno Militar, que les acusa de ser los inspiradores de la huelga general de esta semana. Blanco, junto con dos componentes de su grupo, estaba detenido desde el sábado pasado; es decir, desde dos días antes del comienzo de la huelga general”. La dictadura de Morales Bermúdez, enfrentó dos grandes paros obreros. El primero en julio de 1977, marcó un punto de inflexión que encaminó el calendario electoral para el retorno a la democracia. El 28 de enero del ’78, 70 trabajadores en representación de los despedidos por el paro nacional de julio, iniciaron una huelga de hambre que se extendió hasta febrero; cuando los templos donde se concentraban los huelguistas, fueron desalojados por la policía. La segunda huelga de la Central General de Trabajadores del Perú, fue en mayo del ’78. Todos los deportados eran enemigos del régimen, pero no pertenecían al mismo espectro ideológico. Por ejemplo, estaba el periodista Alfonso Baella Tuesta, cuadro intelectual de la derecha que sobre esta historia escribió el libro “Secuestro”; los almirantes “velasquistas”, Guillermo Faura y José Arce Lauco y los dirigentes comunistas Ricardo Letts, Ricardo Napurí, Genaro Ledesma, Hugo Blanco, Javier Diez Canseco y José Luis Alvarado.
Baella en su texto, dice que el Hércules de la Fuerza Aérea Peruana, aterrizó con los deportados en el aeropuerto de Jujuy. El coronel que los recibió, les dijo que el ejército argentino respondía por su seguridad y que serían alojados en una unidad militar mientras se resolvía el asunto en Buenos Aires. Agrega que les ofrecieron café, ambientes para dormir, ducha caliente y enfermería. La versión del periodista, dice que pronto tuvieron acceso a un teléfono, que el trato de los militares era amigable y que el primer domingo en Jujuy, un sargento trajo “carne y vino”.
En febrero de 2014, Francisco Morales Bermúdez, habló con el diario “El Comercio”.
-“¿Por qué Videla visitó los camerinos de Perú?”
-“Yo he tratado de investigar esto. No quiero mencionar nombres ni cosas así, pero ahí ha habido muchas cosas subalternas. No santas. Que dieron lugar a eso. No fue estrictamente futbolístico. Videla los amedrentó. Algo pasó y parece que corrió un poco de dinero. Todo hace pensar que fue así. En esas cosas no hay forma de investigar, pero hay casi la convicción de lo que le digo aunque no llega uno a probarlo, a encontrar el sustento. Pero de que fue anómalo, fue totalmente anómalo”.
En el 2007 la justicia italiana pidió la extradición y captura de Morales Bermúdez, junto con miembros de su Junta Militar, por la desaparición de 20 italianos a causa del “Plan Cóndor”. El por entonces presidente, Alan García, apoyó al dictador. Aseguró que el militar no formó parte del terrorismo de Estado continental y calificó a la petición de captura como una “exageración judicial”. El rol de Perú en la macabra sudamericana, quedó comprobada a través del caso Esther Noemí Gianotti de Molfino, dirigente montonera secuestrada en Lima (Perú), trasladada a Bolivia y luego asesinada en España. El Tribunal de Roma condenó a cadena perpetua a 8 ex militares de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay y entre los 27 imputados, estuvieron los chilenos Hernán Jerónimo Ramírez y Rafael Ahumada Valderrama, el uruguayo Juan Carlos Blanco, los bolivianos Luis García Meza y Luis Arce Gómez y los peruanos Francisco Morales Bermúdez, Pedro Richter Prada y Germán Ruiz Figueroa. “Cuando goberné, nunca entré en los detalles; yo huía de los detalles. Trataba el fondo de las cosas, sobre todo en momentos de transición política”, dijo Morales Bermúdez (95 años), cuando fue condenado en 2017. “Yo no participé en nada porque desconocí totalmente las andanzas de los montoneros. No conocí ni cuándo llegaron ni todo lo que procedieron órganos subalternos, porque yo estaba en la política grande del Perú”, agregó el ex presidente de facto. “Nunca hablé con Videla de cuestiones de política interna del país. Hablamos que el Perú entrara al sistema nuclear pacífico, cosa que se logró conmigo”, dijo Morales Bermúdez.
Otros casos relacionados con militantes argentinos. Carlos Alberto Maguid; refugiado en Lima y casado con Nora Nélida Arrostito, hermana de Norma. Carlos fue secuestrado el 12 de abril de 1977, en la esquina de Avenida Petit Thouars Javier Prado. Federico Frías Alberca, obrero metalúrgico que fue trasladado a Lima en junio de 1980, por 8 militares argentinos. María Inés Raverta, secuestrada en la puerta de una iglesia en Miraflores, el 12 de junio de 1980. Ese mismo día, también capturaron a Julio Usar Ramírez. Una semana después, el gobierno peruano aseguró que entregó a Bolivia, 5 argentinos que “habían sido detenidos por haber entrado ilegalmente”.
Perú y Ecuador se sumaron al Plan Cóndor, en su última fase. La operación fue iniciada por las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia, para perseguir y eliminar a opositores. Su partida de nacimiento, dice 28 de noviembre de 1975, Chile; en el marco de una reunión de seguridad continental encabezada por Manuel Contreras (policía secreta chilena, conocida como División de Inteligencia Nacional). Los “Archivos del Terror”, fueron descubiertos en 1992 por Martín Almada en Paraguay. Esos documentos revelaron que Estados Unidos planificó el terrorismo de Estado mediante la CIA con Henry Kissinger, como ideólogo.
El 21 de septiembre de 1976, en pleno Washington D.C., el ex canciller chileno Orlando Letelier fue asesinado en un atentado, según los archivos desclasificados de la CIA. También el ex presidente boliviano, Juan José Torres, en Buenos Aires y Joaquín Zenteno Anaya, embajador de Bolivia asesinado en París. Según los ‘Archivos del Terror’ el plan Cóndor dejó un saldo de 50 mil muertos, alrededor de 30 mil desaparecidos y 400 mil presos.
El 17 de enero de 2017, el por entonces congresista del Frente Amplio, Justiniano Apaza consideró “histórica” en declaraciones a “El Comercio”, la cadena perpetua que el Tribunal de Roma les impuso al ex presidente de facto Francisco Morales Bermúdez y a otros ex militares de la región por la muerte de ciudadanos ítalo-latinoamericanos en la década de 1970, en marco del Plan Cóndor. Apaza, deportado durante el gobierno militar a Argentina, afirmó que Morales Bermúdez fue un gobernante tirano como lo fue Augusto Pinochet en Chile: “Es una condena justa, porque él fue un tirano como Pinochet. Ahora solo queda reivindicar a los que fuimos deportados por reclamar que se cumpla con respetar la democracia. Es el momento de reconocer a quienes luchamos por un nuevo Perú”. Justiniano Apaza fue uno de los 13 opositores al gobierno de Francisco Morales Bermúdez deportados a Argentina en mayo de 1978: “Nos tuvieron ocho días incomunicados y nos llevaron a Jujuy, la intención era matarnos”.
Acuerdos Nucleares: Las dictaduras de Argentina y Perú, trabajaban muy unidas a finales de los ’70. El Beagle nos había transformado en enemigo del Chile de Pinochet y los peruanos desde la Guerra del Pacífico (1879-1883), tenían con la Casa de la Moneda, una relación difícil. El Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco), establecía la desnuclearización de América Latina y el Caribe. Lo propuso México como testaferro de Estados Unidos, a través de la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, en respuesta a la crisis de los misiles con Cuba (1962). En noviembre de 1977 visitaron la Argentina, el secretario de Estado norteamericano, Cyrus Vance, el embajador especial para control nuclear internacional, Gerard Smith y el encargado de la política de no proliferación de la administración Carter, Joseph Nye. El objetivo: que la dictadura argentina ratificara el Tratado de Tlatelolco, para impedir negociaciones con Perú. Las negociaciones fracasaron y los gobiernos de facto de Argentina (Comisión Nacional de Energía Atómica) y Perú (Instituto Peruano de Energía Nuclear), llegaron a un acuerdo nuclear sin precedentes para países en vías de desarrollo. Desde comienzos de la década del ’70, Perú buscaba vendedor de un reactor de investigación. Golpeó sin suerte las puertas de Francia e Inglaterra, hasta que se inició el diálogo Lima-Buenos Aires. El diálogo se profundizó, luego del golpe del 24 de marzo de 1976, por impulso de Castro Madero (CNEA). El 5 de noviembre de 1977 se firmó el contrato para la construcción de un Centro de Investigación Nuclear en Huarangal, a 35 kilómetros de Lima y la operación se puso en marcha en julio de 1978. Comenzó el entrenamiento de 150 científicos y técnicos peruanos, en la Argentina y la instalación de un reactor de investigación de 10 MW (diseñado para operar con uranio enriquecido al 90%), que sería el de mayor potencia en operación en América latina. La Nuclear Non-Proliferation Act, aprobada en Estados Unidos en abril de 1978, prohibía la cooperación en el área nuclear, con países que no aceptaran salvaguardas completas de todas sus instalaciones. Entonces la CNEA rediseñó el reactor para que pudiera trabajar con uranio enriquecido al 20%, considerado no proliferante.
El 5 de marzo de 1977, Videla confirmó desde Lima que Argentina ganó una licitación internacional para venderle a Perú un reactor atómico y destacó que con este hecho, se iniciaba “una nueva era en las relaciones de ambas naciones”. Una semana después y sobre el desarrollo atómico continental y las relaciones con los Estados Unidos, el canciller Guzzetti señaló que todo país trata de independizarse de las grandes potencias, sobre todo en tecnología.
El 16 de marzo, el capitán Castro Madero (Comisión Nacional de Energía Atómica), aseguró que Argentina no firmará el tratado para la no proliferación nuclear y agregó que “la fabricación de la bomba atómica, es una resolución eminentemente política”.
Plantel dividido: Si existió un pacto de silencio entre los jugadores de Calderón, el juramento duró pocas horas. Pocos días después de la goleada, la prensa peruana comenzó a publicar acusaciones cruzadas de los principales referente del plantel y hasta el presente, todos los años aparece algún integrante de esa lista de buena fe, con ganas de hablar. La suma de versiones publicadas, es un mosaico de posiciones antagónicas sobre jugadores comprados y acuerdos supra-gubernamentales. Completan este largo listado de protagonistas con guiones distintos, jugadores que discuten frente al espejo y se contradicen más de una vez a través de los años. Desde el regreso de la democracia en el ‘83, la prensa argentina bajó desde Perú los recuerdos borrosos de los derrotados, que con el paso del tiempo se iban adaptando a las necesidades políticas del presente.
Pero aunque la voz de esa minoría rebelde siempre es título, su palabra termina tapada por los gritos del silencio de todos los que eligieron callar.
A través de un anónimo en la sección “Informe confidencial”, la revista “El Gráfico” del 27 de junio (3064), abría un paraguas gigante, bajo el título “Conflicto peruano”: “Ahora nos culpan por el 6 a 0 contra Argentina, pero nadie aclara que el equipo llegó destrozado internamente a ese partido. Todos vieron el gesto de fastidio de Velásquez cuando salió del campo, aunque pocos saben que éste fue el líder de la rebelión contra Muñante porque la Federación Peruana resolvió respetar los sueldos que gana cada uno en su club y Muñante que juega en México, ganó más del doble que sus compañeros e hizo mucho menos. En la concentración, en una ocasión, casi se van a las manos. Y eso ocurrió bastante antes del cotejo con Argentina (Contado por uno de los jugadores suplentes de la selección peruana)”.
Calderón en un partido clave, debilitó al equipo desde el banco, a través de decisiones poco claras. Jugaron como titulares Roberto Rojas y Quesada, que hasta ese momento habían sido suplentes. El técnico con el partido 0-2, sacó al Patrón Velásquez por un Gorritti sin rodaje internacional y dejó fuera del encuentro, a 3 centrodelanteros de experiencia.
“Yo no pongo las manos en el fuego por nadie. Es probable que alguno de mis compañeros haya aceptado algo. Igual, me permito ponerlo en duda. Yo me habría dado cuenta, con mi experiencia, si algún compañero no ponía todo para ganar” (Chumpitaz, 1999).
La única coincidencia colectiva, fue el saldo negativo que dejó la presencia de Videla y Kissinger en el vestuario, antes del 6-0. Los dos representan, los arietes de una operación de pinzas, entre soborno y terror. El dictador argentino habló de “hermandad latinoamericana”, cuando entre líneas reclamó colaboración…
“La presencia de Videla en el vestuario fue terrible. Algunos jugadores más jóvenes dejaron de cambiarse para escucharlo” (Juan Carlos Oblitas, 1986).
“Nos sorprendió cuando llegó Videla. Se paró enfrente de nosotros y nos dio un discurso en el que llamaba a la hermandad latinoamericana y nos deseaba suerte. Videla daba miedo” (Héctor Chumpitaz, 1988).
El otro gran dato, fue Manzo. Pocos meses después del Mundial, el marcador de punta peruano estaba jugando en Vélez. Hombre fuerte del equipo de Liniers, Ricardo Petracca. El dirigente era uno de los titulares de Petracca-Acelco-Anelit, empresa encargada para el Mundial, de 150.000 butacas para los estadios de River Plate, Vélez Sársfield, Rosario Central, Córdoba, Mar del Plata y Mendoza para comprobarlo “Antes del partido, recibí un llamado telefónico en mi habitación. La voz tenía acento argentino, me dijo que nos pagarían 50 mil dólares a cada peruano si permitíamos la clasificación de Argentina. Me dio mucho miedo” (Rudolfo Manzo 1979).
Y por supuesto, todas las versiones que despertó con el resultado puesto, la presencia de un argentino, en el arco de Perú: “Un día antes del partido, cinco jugadores le pedimos al técnico, Marcos Calderón, que no pusiera a Ramón Quiroga (el arquero de Perú, que había nacido en Argentina y después se había nacionalizado), y él aceptó. Pero después de que llegaran Videla y Henry Kissinger al vestuario, el técnico igual lo puso. Eso fue muy raro” (José Velásquez, 2004).
“Pasaron muchas cosas raras, principalmente entre los defensores. Hubo jugadas demasiado anormales. Yo creo que corrió plata. Pero por Quiroga pondría las manos en el fuego. ¿Y por los otros? No, ahí quedo yo. No digo más”. (Oblitas 1986).
“No queríamos a Quiroga. Por más nacionalizado que fuera, no dejaba de ser argentino. Su familia vivía en ese país y la dictadura de Videla estaba dispuesta a todo por ganar ese campeonato. ¿Qué amenazas pudo recibir él o los suyos?, ¿qué tipo de presiones políticas hubo para que los dirigentes presionen, a su vez, al técnico? Ahí está la cosa. Quiroga pudo evitar dos goles, pero se quedó plantadito” (Velásquez 2004).
“Quiroga fue el responsable de la goleada, porque es argentino. De ése se puede esperar cualquier cosa. Jugó para quedar bien con su país y se prestó a la goleada. Si lo veo, lo reviento” (Manzo, 1996).
“Quiroga dijo pavadas, pero no comprobó nada y nos ensució a todos” (Raúl Gorriti, 2001).
“Yo no me vendí. Si miran el video, se van a dar cuenta de que no me comí ningún gol. Pero me dejaron solo: me hicieron cinco goles en el área chica” (Ramón Quiroga, 2005).
Investigaciones como la de Ricardo Gotta en “Fuimos campeones”, destacan que la Junta Militar sobornó cómo mínimo a dos futbolistas.
La tapa de “Clarín” del 22 de julio decía “Argentina finalista: 6-0”, con la imagen de Kempes con la boca llena de gol y sus brazos abiertos. A pie de portada, dos datos ligados a la relación Argentina-Estados Unidos. La posición oficial de Washington: “OEA: Reafirmó Carter su política de derechos humanos”. La extraoficial: “Kissinger almorzó con Videla: El presidente Videla almorzó ayer en la residencia de Olivos con el ex secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger. También participó el embajador Raúl Castro. Posteriormente, el teniente general Videla y Kissinger viajaron a Rosario para presenciar el partido de la Selección, en el que la Argentina se clasificó finalista”.
En declaraciones al diario “Trome”, Velásquez aseguró que seis integrantes de la selección peruana “se vendieron”, revelando el nombre de cuatro de ellos, entre los que destaca Ramón Quiroga, exportero argentino nacionalizado peruano que disputó aquél encuentro. “Es una realidad que los dirigentes se vendieron y muchos han investigado, hay hasta libros escritos. Que no tenga pruebas, no quiere decir que no haya pasado. Y seis jugadores también se vendieron. Solo puedo nombrar a cuatro, porque hay otros dos que son famosos y les puedo dañar sus carreras. Los que se vendieron fueron Rodulfo Manzo, Raúl Gorriti, Juan José Muñante y Ramón Quiroga”, señaló el ex jugador. (marzo 2018).
Fuente: «Tribunas sin pueblo», de Gustavo Campana.