La nuestra: Identidad cultural, en el viejo potrero y en el modelo de país

En el potrero, todos sabíamos qué era “jugar bien”. Ese era un dato que se transmitía de generación en generación. Nadie tenía dudas. Los que la llevaban pegada al pie, los que levantaban paredes con los compañeros que hablaban el mismos idioma, los que te pintaban la cara con la gambeta, los que se uniformaban usando las medias bajas, los que nunca eran los dueños de la pelota…  Nadie tenía dudas.
Hasta que desde los medios de comunicación, algunos sembraron la confusión y “jugar bien”, fue lo más parecido a “ganar a cualquier precio”, a pisotear las reglas escritas y las leyes populares. Se rieron del caño, la rabona, la bicicleta y el taco. Se burlaron del talento, la habilidad, la creación. Apareció el pragmatismo con su cara más cruel, le pegaron de puntín al pasado y amenazaron con llevarse para siempre, uno de los grandes tesoros populares; aquello que los veteranos llamaban “la nuestra”.
En la discusión política, todos sabíamos qué era “pensamiento nacional”. Nadie tenía dudas. Los que peleaban contra el imperialismo, los que hablaban de independencia, los que eran fuertes ante los fuertes, los que soñaban con más derechos y menos privilegios. Nadie tenía dudas. “Pensamiento nacional” era la YPF de Mosconi, los hospitales de Carrillo, los ferrocarriles de Scalabrini, las sentencias de Jauretche, la bronca de Discépolo con Mordisquito… Nadie tenía dudas.

Hasta que desde los medios de comunicación, alguien empezó a desarmar trenes y aviones buscando sin suerte a la soberanía, uno habló de “relaciones carnales” y otro te contó que un peso valía un dólar. Solo los nostálgicos no aceptaban boleto para el primer mundo.
Esta semana volvieron. Los sobrevivientes de los ’90 y el fruto de las semillas que sembraron en los últimos 20 años. Resulta que ahora el “pensamiento nacional”, volvió al banquillo de los acusados. Como antes el caño, la rabona, la bicicleta y el taco.

Alguien dijo alguna vez, que si estos tipos ganaban la batalla, un buen día nos íbamos a despertar y Pedernera, Moreno, Pontoni, Tucho Méndez o el Chueco García, nunca existieron. Que al gol de Grillo a los ingleses, lo iban a limpiar de los libros…
Hoy parece que algunos pretenden contarte que Mosconi, Carrillo, Discépolo, Scalabrini, Jauretche, Discépolo, nunca salieron a la cancha…

“Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de resto de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe (…) Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Eramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo” (Scalabrini Ortiz).

“El nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba del padre; el nuestro, se parece al amor del padre junto a la cuna del hijo (…) Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, todavía sigue naciendo” (Arturo Jauretche).

Paralelo entre el estilo criollo y el pensamiento nacional, a través de “Funes, el memorioso” (AM 750, junio 2014).

Capítulo “Pensamiento nacional” (“Funes, el memorioso” – AM 750, junio 2014).

 

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