El dueño del silencio: El Lobo Carrascosa y su renuncia al Mundial

Passarella, Gallego, Olguín, Pernía, Gatti, Carrascosa (arriba), Bertoni, Ardiles, Luque, Villa y Larrosa (abajo).

El viernes 13 de enero Jorge Carrascosa le comunicó a Menotti, su decisión de dejar la Selección argentina. Había sido titular aquel 12 de octubre de 1974, en el primer partido del nuevo ciclo y a 4 meses del comienzo del objetivo soñado, le daba la espalda al Mundial. Se trataba de un gesto inédito para el archivo del fútbol argentino y 40 años después, no aparece otro caso similar a nivel planetario.
Antes de incorporarse a la pretemporada de Huracán, en aquel verano del ’78, el Lobo se tomó un par de semanas de vacaciones en Los Acantilados (Mar del Plata), con su mujer y su hija. Las respuestas del jugador se escondían, demasiado lejos de todas las preguntas del periodismo.
Sin decir una sola palabra se fue el capitán del equipo y uno de los máximos referentes del ciclo. Nadie conocía de boca del marcador de punta, las causas de su histórica decisión.

Debutó en la Primera de Banfield en 1967 y hasta el ’69, disputó 52 partidos. Luego dos temporadas en Rosario Central (1970-1972), con 88 presencias y 3 goles. Su última camiseta fue la de Huracán, entre 1973 y 1979 (287 partidos). Campeón con Rosario (Nacional 1971) y Huracán (Metropolitano 1973). Mundialista en Alemania ’74 (2 partidos).

Lo primero que hizo la AFA a través de Cantilo, fue pedirle a los dirigentes de Huracán que más allá de su irrevocable determinación, al Lobo lo querían en la concentración por su indiscutida ascendencia en el grupo. El equipo de Parque Patricios no puso obstáculos, pero Carrascosa no aceptó el ofrecimiento.
Buscando intentar aclarar lo que el protagonista no habilitaba, empezaron a circular todo tipo de hipótesis. Primero se argumentó que el motivo era el “delicado” embarazo de su esposa, quien esperaba a su segundo hijo para agosto. Estar casi seis meses concentrado con la selección, le impediría estar junto a ella. Pero ese trascendido, rápidamente lo descartó el propio matrimonio.
Otros aseguraban que el jugador frente a la responsabilidad mundialista, no se sentía a la altura de las circunstancias; que físicamente ya no rendía como lo necesitaba Menotti.

En “El Gráfico” del 10 de abril de 1973 (2792), le hizo un reportaje Osvaldo Ardizzone (“Ahora sí que Huracán tiene todo, hasta un tipo como Carrascosa”). Y el Lobo, quizás tiró una respuesta premonitoria, con relación a su decisión de abandonar la Selección 5 años después: “¿Sabe quien administra la felicidad? La conciencia. La que uno mismo se construye. Cuando usted no tiene nada que reprocharse, cuando vive en paz consigo mismo, entonces está cerca de alcanzarla. Y su conciencia usted la fortalece con los principios morales que siempre valen”.

En el revoleo de rumores, apareció uno ligado con las repatriaciones. Se decía que el técnico no cumplió un pacto con el plantel y para Carrascosa, eso era inadmisible. El Flaco se habría comprometido con sus jugadores a disputar el Mundial solo con hombres del medio local. Cuando convocó a Mario Kempes y Osvaldo Piazza, el 3 sintió que como capitán, debía dar un paso al costado.
Pero la gran mayoría defendió y defienden, desde una conjetura que nunca contó con el aval del protagonista central de esta historia, su posible saturación frente al poder militar. Una convivencia a la distancia (cada vez más estrecha a medida que se acercaba la Copa), que por entonces se había tornado insostenible para el Lobo.
Ese mismo fin de semana, dijo que se iba a tomar unos días para hablar con la prensa: “Primero quiero saber cómo expresar lo que pienso. Tengo una filosofía de vida, una manera de pensar, que me indica que debo renunciar”. Nunca lo hizo.
“Ya me adelantó su renuncia a la selección por motivos particulares que no voy a dar a conocer -dijo Menotti a la prensa-. Lo siento muchísimo como jugador y como persona. Es un ejemplo para tener siempre en cuenta. Me duele que algunos critiquen su decisión sin saber la verdad. Solamente había que pensar en las cosas que pierde de ganar, para valorar su gesto”.
El silencio del 3 se quedó con los verdaderos motivos para siempre. Pasaron 40 años y nadie, salvo él, sabe el porqué de su ausencia.
En la revista “Mística” (semanario de “Olé”), Carrascosa señaló dos décadas después, que aquella decisión de enero del ’78, estaba ligada a su hastío del fútbol: “No es necesaria una dictadura militar para dejar el fútbol. Hay muchas cosas que pasan en este sistema de vida que te hacen dejar, perder las ilusiones. Si yo hubiera tenido que jugar el Mundial de España mientras estábamos en guerra con Inglaterra, también habría renunciado. ¿Va a estar un vecino, un amigo en guerra y yo voy a estar jugando un Mundial? Cuando un pibe te pide algo para comer se acabaron los planes. ¿Vos podés comer un sandwich de jamón crudo cuando hay un nene pidiéndote comida? Y el mundo del fútbol, donde yo estaba, no era el mejor de los mundos. Yo me empecé a sentir mal en el medio. Cuando vi el tema del incentivo, de la droga. ¿Te parece lindo saber que vas a salir campeón porque el árbitro te va a dar un penal? ¿Podés festejar algo que ganaste con arreglo? Si un tipo, en cambio, te gana con talento, hay que aceptarlo. Pero, ¿por qué hay que ganar siempre? Sucede que uno está en una sociedad donde uno vale por lo que gana y no por lo que realmente es. Y fuera del fútbol, la cosa es igual, superficial…”.

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