Comentarista de José María Muñoz: Julio C. Calvo, hermano de Adriana

Miércoles 24 de marzo de 1976: Argentina tenía que presentarse por primera vez en Polonia, ante la selección local. El historial hablaba de cuatro partidos, con dos triunfos de la celeste y blanca, un empate y una derrota (3-2 en la primera fecha del Mundial de Alemania).
Desde Buenos Aires, un llamado telefónico avisó a José María Muñoz. El relator fue el encargado de comunicar el golpe de Estado al presidente de la delegación, Pedro Orgambide y de transmitir la orden de cumplir con el encuentro programado ante los polacos y después continuar la gira. Todo debía seguir con “total normalidad” (tapa de Clarín del 25 de marzo de 1976).
El comentarista de Muñoz en ese partido fue Julio César Calvo, hermano de Adriana Calvo de Laborde, detenida-desaparecida y luego integrante de la Asociación de Detenidos-Desaparecidos.
El “Marqués” (apodo ganado por el correcto uso del castellano y algunas pronunciaciones exactas de apellidos célebres: “Boquini” por Bochini o “Roiteman” por Reutemann), declaró en los Juicios por la Verdad en La Plata, en abril de 2000, un año antes de su muerte: “El 4 de febrero de 1977, yo prestaba servicios profesionales en Radio Rivadavia, en donde estuve alrededor de 25 años en el Departamento deportivo que dirigía José María Muñoz, como comentarista de esa transmisión. Hacíamos un programa desde Mar del Plata que se llamaba de Cara al País, con Velazco Ferrero, Mario Monteverde y José Gómez Fuentes. Siendo aproximadamente las 11 de la mañana yo estaba en el aire y de pronto en el estudio de Punta Iglesias se presentó uno de mis hermanos, Gustavo Calvo y escuché por primera vez en mi vida la palabra chupado. Me dijo se chuparon a Adriana y a Miguel, Miguel mi cuñado”.

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Adriana Calvo de Laborde, era militante del gremio docente de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Fue secuestrada embarazada en 1977 y detenida-desaparecida en el Pozo de Banfield. Fue la primera sobreviviente de los centros clandestinos de detención que declaró en el Juicio a las Juntas (29 de abril de 1985). Adriana relató que el 15 de abril, cuando comenzó con trabajo de parto, dos hombres y una mujer la trasladaron en un auto: “Les decía que estaba por nacer mi criatura, que no podía aguantar más; que pararan, que no era mi primer hijo, yo sabía que estaba por nacer; Lucrecia no hacía nada, el que manejaba y el que lo acompañaba se reía, me decía que era lo mismo, que igual me iban a matar, iban a matar al chico, qué me importaba; por fin, yo no sé ni cómo alcancé a sacarme la ropa interior para que naciera, realmente no lo recuerdo; les grité, íbamos a toda velocidad por la ruta que une La Plata con Buenos Aires, iba el auto a toda velocidad, y yo les grité ya nace, no aguanto más, y efectivamente nació, nació mi beba, Lucrecia gritaba ya nació, paren; pararon en la banquina, estábamos exactamente frente al laboratorio Abbot, creo que es en el cruce de Alpargatas.

Mi beba nació bien, era muy chiquita, quedó colgando del cordón, se cayó del asiento, estaba en el piso, yo les pedía por favor que me la alcancen, que me la dejen tener conmigo. Lucrecia le pidió un trapo al de adelante, que cortó un trapo sucio y con eso ataron el cordón y seguimos camino. Habían pasado tres minutos, mi beba lloraba, yo seguía con las manos atrás, seguía con los ojos tapados, no me la querían dar. Ese día hice la promesa de que si mi beba vivía y yo vivía, iba a luchar todo el resto de mis días porque se hiciera justicia.

Llegamos al Pozo de Banfield, me dejaron en el auto, abrieron las cuatro puertas, como solían hacer; hacía mucho frío, era de noche, de madrugada, me tuvieron 2 horas, 3 horas allí con mi beba llorando en el piso y yo no podía hacer nada por recogerla; por fin, bajó o llegó el médico, el doctor Bergés, cortó el cordón y se fue inmediatamente; les pedí por favor que me entregaran la nena, ahora que habían cortado el cordón, y alguien me la dio y la pude poner sobre mi vientre; ordenó que me subieran y me subieron”.

https://www.youtube.com/watch?v=ouRn9hnBxy8

El testimonio de Adriana Calvo de Laborde, sintetizó en la película “Argentina, 1985”, el valor documental de los testigos. Mujeres y hombres claves que dejaron sus historias en manos de los jueces a través de relatos desgarradores, con los asesinos a menos de dos metros de distancia…

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