1971 Boca-Sporting Cristal: 18 rojas, 3 al hospital y todos a la comisaría

Miércoles, 17 de marzo de 1971. Una multitud en la Bombonera, a pesar de televisación del encuentro. Boca-Sporting Cristal por la Libertadores, terminó con 18 expulsados, 3 jugadores hospitalizados y todos detenidos por unas horas en la Seccional 24a de la Federal, en Pinzón al 400.

El local necesitaba una victoria para pasar a semifinales, mientras el equipo peruano no tenía ninguna chance, pero si impedía el triunfo xeneize le regalaba el pasaporte a Universitario de Lima.

En Perú, Boca perdió con Sporting 2-0 y luego igualó sin goles con Universitario, un partido en el que al visitante no le cobraron un gol de Coch que Ballesteros sacó de adentro del arco y además anuló uno de Angel Clemente Rojas.

Con goles de Coch y Rojitas, Boca se fue al vestuario ganando 2-1. Pero a 21’ del final, González Pajuelo, que había ingresado en reemplazo de Orbegozo, convirtió el empate.
A los 84’, con todo el equipo argentino buscando el tercero, Rogel cayó en el área. El árbitro uruguayo Alejandro Otero, no compró y todo Boca pidió penal. En ese momento, la impotencia se tradujo en violencia. Locura colectiva, ley de la selva.
Cuando Rubén Suñé agredió al delantero Alberto Gallardo, el peruano respondió con una patada voladora que le produjo un corte en pómulo izquierdo. Siete puntos de sutura en la clínica Santa Isabel de Flores, para el hombre de Boca.
A la madrugada, un policía y un escribiente, llegaron al sanatorio para tomarme declaración al Chapa. El Tribunal de Penas le dio un año y medio de suspensión, pero una amnistía le limpió el “prontuario” a fines de abril. 

La cancha se transformó en un campo de batalla, de la que participaron 21 de los 22 protagonistas.  ¿Quién fue la excepción? El peruano Julio Meléndez, uno de los mejores centrales de la historia azul y oro.
Entre los más violentos, estuvieron Coch que pisó a Eloy Campos y le fracturó el tabique nasal y los golpes de Rogel a Mellán. Los dos fueron internados en el Hospital Argerich. Campos, hematoma en el malar izquierdo, fractura del tabique nasal y corte en el labio superior. Mellán, conmoción cerebral de primer grado.
Orlando De la Torre fue acorralado por varios jugadores de Boca y arrancó el banderín del córner para protegerse. Su madre estaba viendo el partido por televisión y murió de un ataque cardíaco.
El presidente de Boca, Alberto J. Armando, convocó a una reunión extraordinaria de la Comisión Directiva cuando terminó el partido, de la que salió un comunicado de seis puntos condenando todo lo sucedido.

Fruto del Edicto para Reuniones Deportivas de la dictadura del General Juan Carlos Onganía,
que penaba con prisión a los futbolistas expulsados “por acciones recias o agresiones”, todos los implicados pasaron por la comisaría. Pero la policía solo se llevó a los peruanos… Una multitud apedreó la embajada argentina en Lima, reclamando por el arresto a sus jugadores.
Para calmar los ánimos,
los dirigentes de Boca le pidieron a Rattín, organizar la búsqueda de los jugadores a sus casas, para presentarse en la 24.

El juez  expulsó a 18 jugadores y los únicos que no vieron la roja, fueron Meléndez y los dos arqueros Rubén Omar Sánchez (Boca) y Rubiños (Sporting Cristal); pero la Policía se llevó a todos los protagonistas. Ambos equipos permanecieron detenidos hasta el mediodía del 18 de marzo.
Documentos fotográficos que se conocieron días después del partido, mostraron a Rubén Sánchez intentando sin suerte, golpear al delantero Carlos Gonzales Pajuelo.

Sanciones de la Confederación Sudamericana, presidida por el peruano Teófilo Salinas, para los jugadores de Boca: Seis partidos de suspensión a Suñé; cuatro a Rogel, Rojitas y Cabrera; dos a Pianetti y José Rubén Palacios y uno a Ovide. Roma y Novello fueron amonestados.
Sanciones para los peruanos: Seis partidos a Mellán; cuatro para Eloy Campos, De la Torre, González Pajuelo y Gallardo; dos a Roberto Elías y Torres y uno para Quesada. Amonestados Mifflin y Del Castillo.
Boca fue eliminado de esa edición de la Liberadores y la CSF le dio por ganados los partidos contra los xeneizes, a Universitario y Rosario Central. La Bombonera, fue clausurada.

El veedor oficial de la CSF, fue Alfredo Francisco Cantílo, presidente de la AFA durante el Mundial ’78.
Sanciones del Tribunal de Penas de la AFA: A Suñé le aplicaron un año y seis meses de suspensión. A Roberto Domingo Rogel, un año y cuatro meses; a Antonio Roberto Cabrera, un año y dos meses y a José María Silvero (director técnico) y Jorge Antonio Coch, un año.
Veinte días más tarde, la cercana celebración del Día de los Trabajadores sirvió de excusa para la aprobación de una amnistía que dejó sin efecto todas las sanciones. La excusa perfecta, fue que la Federación Peruana de Fútbol no aplicó a sus jugadores ninguna sanción.

“Este Tribunal se siente en la obligación de poner de relieve como hecho sintomático la circunstancia de que en ocasión de la disputa de partidos de esta categoría es que se han producido grandes escándalos o anormalidades en el desarrollo de los mismos, que no son las comunes en confrontaciones locales o internacionales. Pareciera que sobre los participantes, acuciados por las perspectivas de beneficios económicos, sin duda importantes, actúa la pasión desenfrenada por triunfar a toda costa, sin reparar en los medios, lo que resulta peligroso frente a la posibilidad de que los hechos despierten la reacción tumultuosa del público asistente, cuyas consecuencias no son fáciles de prever”, señaló el comunicado del Tribunal de Penas de la AFA.

“Suñe se acercaba a Gallardo, amenazándolo. Gallardo le pidió por la Virgen que no le pegara, pero Suñé igualmente lo golpeó. El peruano replicó con una patada voladora y ahí ve generalizó la pelea. Expulsé a 18 jugadores, aunque después viendo el tape, observé que Sánchez también intervino en los incidentes. Mientras yo estuve en la cancha él había permanecido en su área. Cuando estalla la pelea me reuní con el linesman y le dije al comisario deportivo  que el partido estaba suspendido por expulsión de 18 jugadores. Después, la policía me obligó a bajar por el túnel por razones de seguridad: caían trapos encendidos a la cancha y, en algunos sectores, se intentaba invadirla”. Firmado, Alejandro Otero.

El árbitro uruguayo contó que terminado el partido, un hombre de civil llegó al vestuario, presentándose como el oficial de la Policía Federal, de más alto rango en el estadio. Le dijo que era el gran responsable de lo que había sucedido en el campo de juego y que debía llevarlo detenido.  Después del interrogatorio en la 24, pudo volver al hotel. En Montevideo se reunió con el uruguayo Eduardo Rocca Couture, tesorero de la Confederación Sudamericana; quien le comunicó que cuando vieron el tape, no encontraron fallas en su trabajo, salvo que las expulsiones tenía que haberlas explicitado en la cancha y no en el vestuario.

Al día siguiente el presidente peruano, general Velazco Alvarado, envió un telegrama a sus compatriotas, incitándolos que “continúen defendiendo la divisa con honor e hidalguía”. El dictador argentino, general Roberto Marcelo Levingston, recibió a los periodistas peruanos y formuló votos por la confraternidad americana.

Boca se presentó a jugar frente a Universitario, con el objeto de labrar un acta que constate la no presentación del equipo peruano… Pero nada cambió.

Después de una batalla campal entre Boca y Sporting Cristal (Perú), por la Copa Libertadores en la Bombonera (19 jugadores expulsados), el “BuenosAires Herald” publicó en marzo del ’71, que el árbitro del partido fue arrestado por la policía. Muy preocupado “El Gráfico”, por la imagen argentina, decía que esta información podía llegar a manos de Stanley Rous y de la FIFA:“Como si la verdad fuera poco grave, encima tenemos que aguantar estas mentiras que siguen dañando nuestro prestigio internacional”.
El peruano Teófilo Salinas, era el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Después del escándalo Boca-Sporting Cristal, algunos hombres cercanos a Salinas comenzaron a pedir a la CSF, la desafiliación de la AFA. Por supuesto, el tiro por elevación hacía centro donde más le dolía al fútbol argentino: el Mundial ’78.

Un día después de la batalla en el “Camilo Cichero”, todos los periodistas peruanos fueron invitados a Editorial Atlántida, en el marco de un brindis organizado por “El Gráfico”. A cada visitante, la revista le entregó una medalla. Rápida de reflejos y como si se tratara de un apéndice de la AFA, la revista buscó cerrar heridas lo más rápido posible.

En realidad eran fuegos artificiales. La FIFA salió al cruce de los rumores, a través de René Courte (primer Secretario Adjunto): Argentina como afiliada directa a la Federación Internacional de Fútbol Asociado, podía ser desafiliada por la Confederación, sin que esto afecte su relación con la Federación (Fragmento de “Tribunas sin pueblo”, Gustavo Campana).

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