Mundial 1978: La larga historia de la victoria argentina ante los franceses

A fines de 1974, alrededor de 20 ciudadanos franceses que habían vivido en Buenos Aires, comenzaron a alertar a toda Europa. Crearon un comité de solidaridad “con la lucha del pueblo argentino”. El trabajo estaba liderado entre otros por Francois Geze, corresponsal en la Argentina del semanario “Politique hebdo”, entre 1972 y 1974.
Las primeras acciones del grupo, fueron denunciar los crímenes de la Triple A; pero cuando comenzó a instalarse en los medios la cuenta regresiva del Mundial ‘78, fundaron el Comité Organizador del Boicot a la Argentina. La sede del COBA, estaba en el 14 Rue Nanteuil de París.
Con relación a la Copa, las bases de acción de la agrupación estuvieron ligadas al espíritu de los Juegos Olímpicos modernos, que dictó Pierre de Coubertin: “Impedir que un evento deportivo de carácter mundial, sea aprovechado políticamente”.

Lograr emparentar lo que iba a pasar en la Argentina, con los Juegos hitlerianos de Berlín en 1936, fue el primer éxito de la campaña. Un sector planteó luchar por lograr instaurar en las Naciones Unidas, una postura igual a la que le ordenó a sus miembros, no mantener relaciones económicas, culturales o deportivas con el régimen segregacionista sudafricano.

En los primeros meses de trabajo, el Comité no encontró eco favorable en partidos políticos, sindicatos y prensa especializada. Chocó con la indiferencia de algunos y con posturas que afirmaban que la Copa tenía que servir para torcerle el brazo a los militares, en materia de violaciones a los derechos humanos: “El Mundial debe obligar a la dictadura a hacer concesiones”, posición que defendían por entonces, muchos exiliados argentinos. La concientización volcó la balanza a favor de quienes pensaban que el torneo serviría para afianzar la confusión interna y a esto se arribó recién después que Francia, logró su clasificación. La sociedad francesa se sumó mayoritariamente, cuando entendió que su equipo tenía que viajar al país que había convertido en desaparecidos, a 22 compatriotas.

A comienzos de 1978 ya existían más de 200 filiales del grupo en el territorio francés; con conexiones en Alemania Federal, Holanda y Suecia. Se largaron campañas publicitarias en los medios y en vía pública, dieron conferencias, armaron debates y editaron en dos oportunidades, con una venta de 100 mil ejemplares, una imitación de la mayor publicación deportiva francesa “L’Equipe”, bajo el nombre de “L’Epique”. Desde esas páginas y con el lema “No al fútbol al lado de campos de concentración”, el Comité dio una de los golpes más fuertes a los sectores que hasta ese momento eran indiferentes a su acción.
A fines de la década del ’70, París se transformó en una de las principales cajas de resonancia europea, de las violaciones a los derechos humanos en nuestro país.

CENTRO PILOTO DE PARIS: En 1977, el almirante Emilio Eduardo Massera creó un grupo para operar contra la campaña antiargentina; pero las acciones de inteligencia que ejecutaron los oficiales recién bajados de las camionetas de los grupos de tareas en la Argentina, solo empantanaron la deteriorada imagen internacional de la dictadura.
Desarrollaron acciones de propaganda política, para desvirtuar la existencia de desaparecidos y la denuncia de los organismos defensores de los derechos humanos y se infiltraron entre los grupos de exiliados.

En aquellos países donde Massera pretendía mostrarse como lo nuevo de lo viejo, ningún gobernante o político opositor, creía en el “marino democrático”. Francia, Italia, Suecia, España o Estados Unidos, eran impermeables al discurso humanitario del victimario.

El Centro Piloto de París, que funcionaba en el edificio del ’83 de la Avenida Anri Martan, primero estuvo a cargo de Tomás Joaquín de Anchorena; embajador argentino en Francia entre julio de 1976 y 1981 y amigo personal de Videla.
Massera le presentó al presidente francés Giscard d’Estaing, un listado de desaparecidos, cuyos casos habían sido denunciados por los organismos defensores de los derechos humanos y que según él, vivían en Francia e Italia. El marino sacó a estos militantes que se encontraban secuestrados en la ESMA, los instaló en Europa e intentó convencer al gobierno francés, que nunca habían estado desaparecidos. Buscó engañar a los servicios de Inteligencia de Francia, diciendo que los desaparecidos eran un invento nuestro y que en realidad se trataba de cuadros que habían abandonado la lucha y que por temor a la represalia de la organización, se escondían y se clandestinizaban en Europa.

LA RED ANTIARGENTINA: En su número del 24 de mayo de 1978, la revista “Siete Días”, en el marco de una nota bautizada “El libro negro de la subversión”, publicó nombres y apellidos de “La red antiargentina”.
Encabezaba la lista Martin Emnals e Inger Farlander (Amnesty International); Guillermo Da Chuna, Alejandro Artusio y el ex ministro Macdermott (Comité Internacional de Juristas); Linda Binbi, Ello Baso y Leandro Despui (Liga de los Derechos de los Pueblos y Fundación Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos); Jean Claude Lum (Federación Internacional de los Derechos Humanos); George Kullisner (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados); Charles Harper (Oficina de Defensa de los Derechos Humanos para América Latina); Leopoldo Nihilius (Consejo Mundial de Iglesias); Santiago Carrillo, José María González Jerez y Leonor Bornao (Partido Comunista Español); Felipe González y Luis Yañez (Partido Socialista Obrero Español); Enrique Tierno Galván y José Enjuto Bernal (Partido Socialista Popular español); Manuel Simón (Unión General de Trabajadores de España); Rodolfo Matarolo, Alejandro Teitelbaun, M. Yankelevich, Norman Briski, Marek Halter, Paco Ibañez, Francois Rabbath, Yves Simon, Claude Brasseur, Annie Novel, Philippe Richeux, Groupe Huascar Amarú y Víctor Correa (militantes y colaboradores del Comité Argentino de Información y Solidaridad, de Francia); Alain Labrouse Carpani (Comité de Información y Solidaridad con la Argentina en Lucha, de Francia) y Francois Mitterrand y Gaston Deferre (Partido Socialista francés).
En carácter de “colaboradores internacionales”, figuraban cinco nombres: Tata Cedrón, Julio Cortázar, Julio Le Parc, Costa Gavras y Charles Aznavour.
“Somos” (26 de mayo, edición 88): “Relaciones con Estados Unidos: AHORA NOS DAN LA ESPALDA”, decía el título de tapa. Restaba un año para la visita de la Comisión Interamericana de la OEA y Editorial Atlántida en su rol de abogado defensor de la dictadura, comenzaba a atacar al gobierno de Carter. 

LOS “CHANGARINES ANTI-VIDELA”, DEL HOTEL MEURICE: El jueves 25 de mayo, cerca de las 22:30, coches oficiales estacionaron en el Hotel Meurice de París (228 rue de Rivoli); edificio tristemente célebre por haber sido durante la Segunda Guerra Mundial, sede del Estado Mayor de ocupación del ejército nazi.
De los vehículos descendieron militares argentinos, que en su equipaje llevaban calcomanías con el símbolo del Mundial ‘78. Según fuentes del diario francés “Liberation”, dos botones que se acercaron para trasladar el equipaje, advirtieron cuál era la procedencia de estos oficiales, que habían llegado a Europa para negociar la compra de armas. Y se negaron a prestar servicio.
Después de largas discusiones, el recepcionista cargó las valijas y asunto terminado. Pero al día siguiente, los trabajadores fueron despedidos: “Por falta grave, quedan licenciados sin preaviso ni indemnización”.

El 29 de mayo, otro botones se negó a entregar la llave de su habitación al capitán de navío Oliva, acompañante en la capital francesa, del almirante Armando Labruschini. Y también fue echado del hotel.

Consumado el tercer caso, la prensa habló de “los changarines anti-Videla” y se formó un comité de apoyo a Moise Azoulay, Patrick Abraini y André Behar-Kemaloff; encabezado por el Partido Socialista Francés, el Partido Socialista Unificado y el Movimiento Gaullista.
El abogado defensor de los tres, cuando concurrieron a tribunales para pedir su reincorporación, leyó un párrafo del libro de la Comisión Argentina por los Derechos Humanos, en el que se denunciaban las torturas a las que eran sometidas los detenidos por el régimen militar.
La Justicia justificó los despidos, pero no admitió la falta de preaviso. Entonces impuso a la empresa, el pago de 4.500 francos a Azoulay y Behar-Kemaloff y 4.000 a Abraini.

EL SECUESTRO DE MICHEL HIDALGO: El técnico de Francia se trasladaba de Saint-Sevin a Burdeos, la tarde del 23 de mayo de 1978. Allí tenía que tomar un tren con destino a París, para subir al Concorde en el que la selección francesa viajaría a Buenos Aires, previa escala en Dakar.
Un coche bloqueó al de Hidalgo en la ruta. Del vehículo bajaron tres personas, una de ellas armada. Le ordenaron dirigirse a un bosque cercano. Hidalgo se resistió y pudo quitarle la pistola a uno de los secuestradores. Los otros dos escaparon.
El técnico hizo la denuncia policial y describió al jefe de la banda, como “un hombre de aspecto mediterráneo de unos 50 años”. La policía confirmó que el arma utilizada no estaba cargada y que se movían en un Citröen GS matriculado en París, que había sido alquilado por un militante de Izquierda Proletaria. Horas después y a través de un llamado a la agencia France Press, el grupo asumió la operación inconclusa: “Tenemos el disgusto de anunciarles el fracaso del intento de secuestro de Michel Hildalgo, patrón de la selección francesa. Queríamos con esta acción, de carácter puramente humanitario, llamar la atención sobre la hipócrita complicidad de Francia, principal exportadora de material militar a Argentina y denunciar que con su participación en el Mundial avala las masacres de Videla”. Izquierda Proletaria pedía la liberación y protección hasta la frontera, de “todos los prisioneros sobrevivientes hasta la frontera, sabiendo que está en curso su exterminio”.

A una semana del comienzo del mundial, Francia era escenario de los debates más fuertes en torno a Argentina ’78. El Comité del Boicot de la Organización de la Copa Mundial de Fútbol por la Argentina, liderado por Pierre Grenet, seguía reclamando no participar; mientras los Montoneros exiliados apoyaban el viaje, porque creían que la presencia extranjera iba encontrar las pruebas del terrorismo de Estado.
Por su parte, importantes dirigentes del Partido Comunista Francés, como George Marchaisse se mostraban a favor de la Copa del Mundo, argumentando que había  muchos países en el mundo a los que la selección francesa debería renunciar.
El Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, creado en 1972, empapeló la capital con mensajes en los que se apoyaba la organización del Mundial en Argentina y se pedía que no se mezclara política y deporte.

En abril de 1978, la derecha francesa se expresaba a través del periodista Jacques Schoonjans. En una nota en el mensuario “Le nouvel Europe magazine”, el autor subrayaba que la realidad argentina que pudo comprobar “es muy diferente a los cuadros de pesadilla pintados por una propaganda interesada”, que hablaban de un país en guerra.
Schoonjans dijo que los militares argentinos a los que entrevistó, le reconocieron haber librado en el pasado reciente, importantes combates “de una tercera guerra mundial no declarada”; pero que entre marzo del ’76 y diciembre de 1977, “la comunidad argentina ha comenzado a resurgir de las profundidades a las que había sido empujada por el terrorismo y el desgobierno”.

INTERFERENCIA EN LA EMISION DE CANAL 13: Con este título apareció en el diario La Nación del miércoles 7 de junio, una información fechada en La Plata: “Una interferencia que duró alrededor de 13 minutos, cuando faltaba muy poco para que en la cancha de River Plate comenzara el match entre la Argentina y Francia, se registró ayer a partir de las 19:05, por parte de un autodenominado Movimiento Peronista Montonero. Tras los acordes de una marcha se anunció la palabra de alguien que se identificó como Mario Eduardo Firmenich, quien censuró con agresivos términos a las actuales autoridades. La interferencia fue captada en la zona céntrica de esta ciudad”.

GANAR O GANAR: Los resultados de la primera fecha (2 de junio de 1978), obligaban una victoria Francia para soñar con la segunda ronda. La derrota ante Italia en Mar del Plata (2-1) y el triunfo argentino frente a Hungría (2-1), lo dejaban casi sin alternativa. El 3-1 de los italianos ante los húngaros, fue un callejón sin salida. Si quería pasar, tenía que ganarle a Argentina en la cancha de River.
Bossis, Michel, Lacombe y Six, fueron la columna vertebral de una selección francesa, a la altura de las circunstancias. No podía perder y enfrentaba al dueño de casa buscando sobrevivir. Y a los europeos lejos de pesarle el partido, por momentos manejaron mejor la pelota y tuvieron más profundidad.
Argentina pesó en las dos áreas en momentos claves: Fillol (una de las grandes actuaciones individuales de la noche), Passarella (el único regular de una línea de fondo muy imprecisa) y la dupla Luque-Kempes (el primero autor de un golazo desde 25 metros, que terminó con un choque de resultado abierto y el Matador, para preocupar a todo el fondo francés, a pura potencia).

Dos historias. El hermano de Luque murió en n accidente automovilístico en la Panamericana a la altura de San Isidro, cuando llegaba a Buenos Aires desde Santa Fe, para ver el partido. El centrodelantero jugó uno de los partidos más trascendentes de su carrera, sin saber la noticia, por decisión de su familia. En ese encuentro se luxó el codo derecho, estuvo ausente frente a Italia y Polonia y regresó ante Brasil.
Alonso se desgarró luego de estar en la cancha solo 7’ minutos. Ingresó por Valencia y luego fue reemplazado por Ortiz. Volvió ante Brasil y no pudo estar en los últimos dos partidos frente a Perú y Holanda.

Con Ardiles y Valencia sin aportar volumen de juego, la Selección fue un equipo partido en dos: por un lado su fragilidad defensiva y de tres cuartos hacia adelante, toda su presión ofensiva a través de dos hombres.
Menotti perdió a Alonso 7’ después de haber ingresado (desgarro parte posterior de la pierna derecha) y sufrió la lesión de Luque, que terminó el encuentro en la cancha, pero con luxación de su codo derecho.

Argentina: Fillol; Olguín, Galván, Passarella y Tarantini; Ardiles, Gallego y Valencia (Alonso 64’, luego Ortiz 71’); Houseman, Luque y Kempes. DT: César Luis Menotti.
Francia: Bertrand-Demanes (Baratelli 55’); Battiston, Christian López, Tressor y Bossis; Bathenay, Michel y Platini; Rocheteau, Lacombe y Six. DT: Michel Hidalgo.
Goles: Passarella (45’, penal), Platini (60’) y Luque (’73).
Arbitro: Jean Dubach (Suiza)
Estadio: River Plate.

El dato clave de la noche: la mano de Tressor en el penal que abrió el marcador, que Dubach cobró a instancias del línea canadiense Winsemann. La jugada del Mundial, que necesitó de mayor cantidad de fotógrafos de los medios gráficos, para documentar desde todos los ángulos posibles, que el brazo derecho del defensor francés, frenó el remate de Luque.
Primer gol en la historia de los mundiales del gran Michel Platini (1978: 1 gol, 1982: 2 y 1986: 2).

Franceses desaparecidos durante la última dictadura argentina. “Funes, el memorioso”, el caso Yves Domergue. 

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