“Elefante” lo llamaban a Gabriel sus compañeros juveniles de Newell’s, atribuyendo que tenía sus pies redondos, mientras él respondía con actitudes que ayudaban a comprenderlo. “Un día vino y me pidió un viático. Entonces, le digo: ‘Mirá, gordo (uno de sus motes), ¿te fijaste en todos los vidrios que hay en la confitería del club? Si vos querés un viático, andá y limpialos todos. Cuando estén limpios, vení que te hago dar unos mangos’. Y, efectivamente, lo hizo”, recuerda su formador futbolístico, Bernardo Griffa.
Nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, el 1 de febrero de 1969.
Debutó en Primera División, el 25 de septiembre de 1988. Newell’s Old Boys 1-San Martín (Tucumán) 0.
Lo cierto es que ese jugador precoz, se convirtió en un futbolista de élite de tal dimensión, que por ejemplo, en Florencia le construyeron una estatua de cuatro metros con su figura para tributarlo cuando cumplió 100 partidos con la camiseta de la Fiorentina. Hay entonces, en el desarrollo de Batistuta una conclusión fundacional para descifrar su éxito: mediante el esfuerzo, le transfirió al camino el mismo valor cualitativo que al objetivo y creció deportivamente, luego de neutralizar sus carencias.
Se retiró el 13 de marzo de 2005, jugando para Al Arabi SC (Qatar).
En toda su carrera convirtió 355 goles, en 633 partidos (0,56 tantos por encuentro).
Rosario guarda una concepción del juego, que se impuso como una doctrina. Es verdad que ese esquema se va diluyendo, pero la escuela rosarina ha sido un dato sensitivo para reconocer a grandes futbolistas. Uno de sus últimos representantes fue Alfredo Obberti, un delantero que sintetizó el infinito valor de la estética aplicada a la eficacia. Después surgió Mario Kempes y luego, llegó el tiempo de Gabriel.
Batistuta en el fútbol argentino (1991-2002): Partidos jugados 78, goles 56 y un promedio de gol de 0,72 por partido.
Aprendió a acomodar el cuerpo y a elegir el sector de la cancha donde amarrar al defensor para evitar que alguno de los centrales adversarios lo hagan con él y al igual que Kempes, con quien compartió el criterio posesivo del ataque vertical, le tomaba milésimas de segundos establecer su eje para comenzar la carrera (suele pasar con jugadores de físico portentoso).
Newell’s Old Boys (1988-1989): 8 (28 Partidos jugados-0,28 gol por partido)
River Plate (1989-1990): 4 (24 PJ-0,16)
Boca Juniors (1990-1991): 19 (47 PJ-0,36)
Fiorentina (Italia, 1991-2000): 207 (332 PJ-0,62)
Roma (Italia, 2000-2002): 33 (86 PJ-0,38)
Internazionale (Milán, Italia, 2002-2003): 2 (12 PJ-0,16)
Al-Arabi SC (Qatar, 2003-2005): 26 (26 PJ-1)
Selección Argentina: 56 (78 PJ-0,72)
Pero si bien uno de los secretos de su trayectoria radicó en el poder de su tren superior, más la capacidad de salto y la fortaleza de su cuello para cabecear, Batistuta se convirtió en un gran jugador cuando asimiló el valor lateral del juego, que desarrolló a la perfección porque iba de los costados a la médula del área con la precisión de un orfebre.
56 goles con la camiseta argentina: Chile 6, Colombia, Japón y Australia 4; Paraguay, Bolivia, Bosnia, Grecia y Jamaica 3, Brasil, México, Perú, Costa de Marfil, Israel, Venezuela y Eslovaquia 2; Irlanda, Sudáfrica, Bulgaria, Inglaterra, Holanda, Rumania, Gales, Uruguay y Nigeria 1.
La potencia para patear una vez afirmado y perfilado (otra de sus cualidades que se manifestó a través de la solidez de sus piernas y el equilibrio corporal que lograba al rematar), más su virtud de dar vuelta a los defensores con su cuerpo y dejarlos a su espalda, demuestran quién fue Batistuta.
Selección Argentina: Copa América (1991 y 1993), Copa Kirin World Annual (1992), Copa Rey Fahd (1992) y Copa Artemio Franchi (1993).
River Plate: Campeonato de Primera División (1989/90).
Fiorentina: Copa Italia 1995/1996, Supercopa Italiana (1995/1996), Campeonato Italiano Serie B (1993/1994).
Roma: Campeonato Italiano Serie A (2000/2001), Supercopa Italiana (2000/2001).
Al Arabi SC: Liga qatarí 2003/2004.
Y por ser tanto, lo pagó. “Dejé el fútbol y de un día para otro no podía caminar más. A los dos días no podía caminar, no al mes. Me oriné en la cama teniendo el baño a tres metros porque no me quería levantar. Eran las cuatro de la mañana y pensaba lo que me iba a doler el tobillo si me paraba. Me fui a ver al doctor Avanzi y le dije que me cortara las piernas. Me miró y me contestó que estaba loco. Yo insistía, no podía más, vivía malhumorado. No puedo contar el dolor…”, dijo para simbolizar la crueldad a que lo expuso la artrosis severa que sufre en sus tobillos y su inteligencia dentro de la cancha.
Debutó en la Selección Argentina, el 27 de junio de 1991, enfrentando a Brasil, en Curitiba. Su primer gol, fue ante Venezuela (3-0) por Copa América (8 de julio de 1991, en Santiago, Chile).
Gabriel transformó a un individuo práctico, en un futbolista sorprendente, cuya prioridad consistió en maximizar sus límites. Advirtió que en su caso, “lo físico debía potenciar a lo técnico”, como lo sintetizó el psicólogo Oscar Mangione.
Tercer jugador FIFA en 1999 (botín de bronce detrás de Rivaldo y David Beckham).
Máximo goleador de la liga italiana (1995, 26 goles).
Mejor jugador del mundo (1995, revista “Guerin Sportivo”).
Mejor jugador sudamericano (1994).
Máximo goleador de la Copa América 1991 (6 goles) y 1995 (4 goles).
Máximo goleador de la historia de Fiorentina.
Máximo goleador argentino en la historia del calcio.
Máximo goleador de la selección Argentina.
Máximo goleador argentino en los Campeonatos Mundiales, con 10 tantos, superando a Diego Maradona y Guillermo Stábile (8 goles).
Premio Konex de Platino en Fútbol en el Exterior (2000) y Diploma al Mérito en Fútbol en el Exterior (2000).
Pero su atributo más sobresaliente trascendió con un comentario de Carlos Aimar, su primer entrenador en Boca: “Todos coinciden en que la fuente principal de información de la vida de Gabriel es el campo de juego. Es una persona famosa y su notoriedad crece a partir de su actividad profesional. Lo cierto es que nadie está hablando de las cosas que él hace afuera de la cancha o de temas que estén por fuera del ámbito deportivo”. Ese es Gabriel Batistuta.
En enero de 2006, Batistuta recibió 3 de las 12 llaves de acceso a la antigua ciudad de Florencia. “Es un honor para mí recibir esta distinción, de la ciudad que más amo en el mundo. Este premio es el más importante de mi carrera”, sostuvo Gabriel.