Cuarto Sudamericano de Guillermo Stábile como técnico de la Selección nacional y el primero como local. Argentina salió a la cancha, como defensor del título conseguido un año antes en Chile.
Ceremonia inaugural nocturna en la cancha de River y victoria albiceleste 2-0 con goles de Vicente de la Mata y Rinaldo Martino. Una roja por equipo: expulsados Mario Boyé (Argentina) y Villalba (Paraguay). En la segunda presentación, el local goleó
7-1 a Bolivia: Salvini (2), Méndez (2), Labruna (2) y Loustau (1).
Recambio sustancial en el ataque, porque en ese segundo encuentro no jugaron Boyé (suspendido por el resto del torneo), De la Mata, Pontoni y Martino; sin embargo todo funcionó igual. Sobraban los nombres de peso, en aquella generación de cracks.
Selección del ’46 (campeón sudamericano en Argentina): Vacca; Salomón y Sobrero; Fonda, Strembel y Pescia; Dela Mata, Méndez, Pedernera, Labruna y Loustau. Completaron el plantel: Ogando, Marante, Eduardo Rodríguez, Sosa, Ongaro, Ramos, Boyé, Salvini, Pontoni, Martino y Sued.
Luego Argentina derrotó a Chile 3-1:Labruna (2) y Pedernera. Partido duro desde el arranque. A los 2’ Salvini chocó contra el arquero Fernández y tuvo que ser reemplazado por Pontoni.
Después una prueba de fuego, frente al Uruguay que venía de derrotar en el Gasómetro 4-3 a Brasil. Y con goles de Pedernera, Labruna y Méndez, el equipo albiceleste se impuso 3-1 (Riephoff, para los celestes).
La final, con Brasil en la cancha de River. Victoria 2-0 con goles de Tucho y vuelta olímpica. El dato negativo del clásico, la fractura de tibia y peroné del gran capitán Salomón, después de un choque con Jair y la batalla campal que se desató después. Expulsados, Chico y De la Mata.
Argentina campeón luego de 5 victorias, sobre igual cantidad de partidos (10 puntos): 17 goles a favor y 3 en contra. Segundo Brasil, con 3 triunfos, una derrota y un empate (7 puntos): 8 goles a favor y 8 en contra.
Gran actuación de Vacca; Salomón (Marante) y Sobrero; Fonda, Strembel (Ongaro) y Pescia; De la Mata, Méndez, Pedernera, Labruna y Loustau.
Salomón, caído tras un encontrón con Jair; Fonda y Strembel persiguieron a Chico y a Jair; puñetazos y puntapiés; revuelo general, confusión, zancadillas, palos; invasión del campo por innumerables agentes de policía; Chico, tras pegarle a Pescia, es perseguido por Marante, recibe un puntapié, sigue su carrera hacia el túnel y los policías, ante la imposibilidad de alcanzarlo con los brazos, pretenden derribarlo haciéndoles zancadillas; cae Chico frente al mismo palco de periodistas, y recibe una andanada de golpes, hasta que lo dejan reanudar su marcha hacia los vestuarios, tomándose la cabeza dolorida y mirando, extraviada la vista, con expresión de terror; en el resto del campo de juego -¡amarga ironía!- se prolonga la gresca. Son cinco o diez minutos de locura increíble. La policía, excesivamente numerosa, ha sido también excesiva e innecesariamente enérgica. Atenuada la riña, desahogados los puños y los pies, van los brasileños al vestuario, mientras los jugadores locales permanecen en la cancha. Y transcurre una hora y once minutos hasta el momento en que se reanuda el match. En realidad, el match no se reanudó. Por lo menos el juego no tenía nada que ver con lo que habíamos presenciado antes del escándalo. El árbitro había decidido expulsar a Chico y a De la Mata, de manera que cada cuadro reapareció con diez hombres. No estaba Salomón en el equipo argentino. El capitán había resultado la víctima más seria: doble fractura en la pierna derecha (Félix Frascara, “El Gráfico”).