
Las sensaciones empujan y postergan el análisis hasta nuevo aviso. Son reglas naturales, que siguen existiendo a pesar de todo. En estos casos, nunca hay plazos estipulados para confirmar el regreso de la razón y la prioridad de los sentidos se sostiene, hasta que los sentimientos necesiten un respiro después de tanta vuelta olímpica imaginaria.
Que esto siga sucediendo en medio de tanto contrato de cifra obscena, entre tantos dirigente-empresario-sponsor que le vendieron su alma al diablo más de una vez, es una pequeña prueba de vida que ofrece la pelota. Y como siempre, el grito con la o estirada hasta el infinito, se filtró entre los que necesitan que todo sea insensible, para no aparecer como los responsables de la amputación del alma futbolera.
La mirada debe ser completa, para transformarse en real. Y la escenografía de pandemia de esta inolvidable Copa América, obliga a reparar en datos ineludibles. Terminó el campeonato que no encontraba sede por su peligrosidad sanitaria potencial, los partidos con minuto de silencio por las víctimas antes del coronavirus, el torneo de los estadios vacíos, las burbujas y los barbijos.
La competencia que abrió una hendija, para que se dibuje una sonrisa entre tanto dolor, para los que aún pueden permitirse ese privilegio.
Entre cláusulas de rescisión, derechos de televisión millonarios y otras yerbas, apareció Messi arrodillado después del pitazo final, para que una montaña humana lo tape de felicidad. Lo viste mostrándole la medalla por un celu a su familia en medio del campo de juego, besando mil veces la Copa, revoleado al aire por los suyos como si fuera el único campeón y en estado más puro que nunca, riendo con el amigo Neymar después de la batalla. Por si hace falta recordarlo, el tipo ganó 38 títulos (entre ellos el Mundial Sub-20 en 2005 y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008), sin embargo parecía que en el Maracaná, todo pasaba por primera vez; que estrenaba felicidad debutante, que no sabía qué hacer ni qué decir en estos casos.
Messi ganó Mundial de Clubes (2009, 2011 y 2015), Liga de Campeones (2006, 2009, 2011 y 2015), Supercopa de Europa (2010, 2012 y 2016), Liga española (2005, 2006, 2009, 2010, 2011, 2013, 2015, 2016, 2018 y 2019), Copa del Rey (2009, 2012, 2015, 2016, 2017, 2018 y 2021), Supercopa de España (2006, 2007, 2010, 2011, 2012, 2014, 2017 y 2019) con Barcelona.
En cuanto a la Selección, la última noche del 47° campeonato continental, significó el fin de 28 años de sequía, después de regresar con las manos vacías de 6 finales (4 de Copa América, el Mundial 2014 y Copa Confederaciones 2005) y padecer ni siquiera marcar en las últimas cuatro definiciones.
El resultado del scanner sobre los 90’ de fútbol ante Brasil, en su casa y por una final continental, arrojó beneficios que exceden el título logrado y permiten imaginar la forma de lo que viene. A la hora de subrayar individualidades ante el equipo de Tite, hay que hacer foco en el mayúsculo trabajo de De Paul (figura argentina, dueño del mediocampo), Otamendi (clave para sostener el segundo tiempo de Brasil), Montiel (enorme en la marca de Neymar y Vinicius) y Dibu Martínez (se quedó con dos pelotas con destino de red, de Richarlison y Gabigol).
En ese cuarteto estuvieron los mejores solistas de la orquesta y en ese orden de aparición. También fue muy especial el plus Di María, por dos razones: una muy buena actuación (por derecha con pierna cambiada, el lugar donde se siente más cómodo) y una definición que vale un campeonato, casi clonada del gol que nos dio la primera medalla de oro en la historia de los Juegos Olímpicos.
En lo colectivo, Argentina se plantó con firmeza, sin dar señales de debilidad en ningún momento, ni siquiera cuando el local guapeó y buscó llevárselo por delante. Transmitió seguridad desde un planteo grupal muy sólido para bancar la parada. El equipo tuvo un rol preponderante, para “jugar sin Messi”, porque el 10 le dio franco al genio y apenas vivió partido terrenal. Fatiga muscular, tobilllo golpeado y el cierre de una temporada de más de 100 partidos.
La contracara de “Lio apagado y equipo encendido”, fue el caso Neymar; porque el capitán verde amarelo sin dudas fue la figura de Brasil en el último encuentro, pero su búsqueda no contó con el respaldo de un colectivo en la misma sintonía.
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Por encima de los jugadores y equipos, apareció el gran arbitraje del uruguayo Esteban Ostojich, porque garantizó reglas de juego claras, después de tanta hipótesis barata sobre jueces oscuros monitoreados a control remoto por la Conmebol.
El campeonato dejó la idea de un plantel donde se mixtura con acierto el recambio generacional, entre los Messi-Di María-Agüero-Otamendi y los apellidos nuevos. Hay promesa de equipo más o menos inamovible, en el horizonte de un cuerpo técnico (Scaloni, Ayala, Samuel y Aimar), que se siente cómodo trabajando apellidos a “pedido” de las exigencias y características del rival.
De los 66 jugadores utilizados en este nuevo ciclo de 34 partidos, la mitad fueran debutantes en la selección mayor. El torneo no solo demostró que Messi es el mejor jugador entre sus contemporáneos, sino que a lo largo de la Copa demostró su enorme vigencia a los 34.
Renovación que madura, a través de las convocatorias repetidas en los casos de Leandro Paredes, Rodrigo De Paul y Giovani Lo Celso o de los exitosísimos primeros pasos de Emiliano Martínez y Cristian Romero.
En Brasil se abonó el terreno más fértil, para profundizar el trabajo que viene. En lo que queda de Eliminatorias y la planificación de Qatar 2022, Argentina deberá dejar de ser un equipo ciclotímico, una Selección que se adueña y se despoja del partido, con la misma facilidad para consolidar su añeja condición de candidato a todo.
Los que habían estado cerca de la gloria y los que se volvieron campeones de su primera Copa América, sellaron un grupo compacto. Invitan a creer en el resultado de un proceso, que fue cascoteado antes y durante el campeonato, a raíz de la fragilidad mediática que ofrecía un técnico sin pasado y jugadores sin kilometraje, que indefectiblemente iban a estar en modo “examen permanente”.
Hubo alegría de piberío en Río de Janeiro, por eso palabras como revancha o venganza, deberán esperar otra oportunidad…
“Fue una Copa increíble, sabemos que todavía podemos mejorar muchas cosas, pero la verdad es que los pibes dejaron el alma y no puedo estar más orgulloso de tener la suerte de ser capitán de este grupo espectacular.
Este éxito se lo quiero dedicar a mi familia que siempre me dio la fuerza para seguir adelante, a mis amigos que tanto quiero, a toda la gente que nos banca y en especial a los 45 millones de argentinos que tan mal la pasaron con esta mierda de virus, sobre todo a los que les tocó más de cerca. Va por todos ustedes. Y por supuesto también por el Diego que seguro nos bancó desde donde esté.
Para poder seguir festejando nos tenemos que seguir cuidando, no nos olvidemos que aún queda mucho para volver a la normalidad y aprovechen esta felicidad para agarrar un poco de fuerza para luchar juntos para ganar al virus.
Gracias Dios por todo lo que me diste y gracias por haberme hecho ser argentino!!!” (Carta de Messi publicada en las redes el 11 de julio, desde Rosario).
El capítulo final de la Copa América, le regaló una cuota de alegría necesaria a un grupo jaqueado permanentemente por críticas honestas y deshonestas, para trabajar pensando en el próximo Mundial. Lo Celso, Acuña y el Papu Gómez, sinónimos de solidaridad en la mitad de la cancha, marca para cerrar el lateral y talento ofensivo.
De atrás hacia adelante, a lo largo de todo el torneo (por Hernán Campana): Enorme actuación del arquero del Aston Villa. Una garantía desde el inicio del campeonato, buen juego de pies, seguridad en las pelotas aéreas, reflejos y personalidad para “comerse el arco”. A Dibu solo le convirtieron 2 goles en 6 partidos.
En el fondo no hubo desacoples. Firmeza en los duelos, achicaron siempre al compás del ataque, no dejaron espacios a espalda de los mediocampistas e interpretaron cuando asumir riesgos. Datos destacados, el Cuti Romero elegido como el mejor defensor de la Serie A italiana, salió a jugar con la albiceleste como lo hace habitualmente en el Atalanta y fue uno de los puntos altos de la última línea. Otamendi impasable en los partidos decisivos y Montiel punto muy alto en la final, clausurando su sector ante la presencia nada menos que de Neymar y Vinicius Junior.
¿Qué falta? Seguramente en la búsqueda de la excelencia, Argentina va a necesitar que sus laterales aporten más en la fase ofensiva.
Messi sigue sorprendiendo a los 34 años. Convertido en estratega, liderandocada ataque y luchando como nunca, para lograr el ansiado título con los colores argentinos. El 10 fue el mejor jugador de la Copa, 4 goles en 7 partidos, al frente en las asistencias y un promedio de tres recuperaciones por partido. Fue el que más buscó el arco y el segundo que más duelos ofensivos ganó, por detrás de Neymar.
Con molestias físicas sobre todo en los últimos dos partidos, es un ejemplo de superación y resiliencia. El crack del Barcelona, cómodo con el grupo que se fue construyendo, invita a soñar con una Copa del Mundo.
El mediocampo tuvo salida clara y muy buen pase largo en Leandro Paredes. Lo Celso aportó gran despliegue para liberar a Messi.
Párrafo aparte para Rodrigo De Paul: El armador del Udinese, el jugador con más gambetas exitosas en las 5 ligas top del futbol mundial, se convirtió en un jugador total. Fue el socio ideal de Lío, marcó un gol contra Ecuador, asistencia fundamental para Di María en la final, actitud y personalidad para mostrar su mejor versión, siendo eje de la victoria en la final.
Otro que cada vez que le tocó, lo hizo muy bien fue el Papu Gómez. Dos golazos, uno después de una notable jugada colectiva y otro ante Bolivia. En ambas oportunidades, definió con categoría.
Con relación a los de arriba, Nico González defiende con el mismo nivel de compromiso con el que asume las tareas ofensivas, excelente juego aéreo en las dos áreas, veloz y maneja bien los cambios de ritmo. El flamante refuerzo de la Fiorentina se adapta a varios roles y es una pieza clave de la Selección.
Lautaro Martínez fue de menor a mayor, convirtió tres goles en seis partidos y es otra de las fijas en este recambio generacional.
El Kun tuvo pocos minutos, fue titular ante Bolivia y llegó al partido número 100 con la celeste y blanca. Su experiencia será importante para Qatar 2022.
El talento de Di María fue determinante e hizo impostergable su salida en el once titular. Altísimo nivel en todas sus apariciones a lo largo de la Copa América y por supuesto, el gol ante Brasil que lo tuvo todo: matarla de taco primero, para ejecutar a Ederson con una sutileza por encima de la cabeza del arquero.