1978: Desaparecido entrevistando al Flaco, en la concentración argentina

Raúl Cubas era un militante montonero que pasó por la ESMA (“un año esposado, con grilletes en los pies y seis meses encapuchado”), hasta que el 19 de enero de 1979 recuperó su libertad tras dos años y cuatro meses desaparecido. Para eludir los vuelos de la muerte, se hizo pasar por periodista deportivo. Raúl había sido administrativo en el semanario “Siete Días” y esa había sido su experiencia más cercana a la prensa.

Cubas era obligado a trabajar en el sector de la Escuela de Mecánica que los marinos bautizaron “La pecera”, detectando mensajes de la campaña anti argentina en una teletipo de France Press. Tenía dos misiones: clasificar los cables por su poder de fuego contra la dictadura y armar los textos del contragolpe que se emitían por Radio Argentina y Radiodifusión Argentina al Exterior (Radio Nacional).

Cuando empezó el Mundial ‘78, la Armada elaboró dos estrategias. La represiva, pasaba por secuestrar la mayor cantidad de militantes que estuvieran activos y la preventiva, se basaba en el control de todos los puntos fronterizos del país, ante el posible ingreso de montoneros para accionar políticamente durante el torneo.

La idea de entrevistar al técnico de la Selección argentina, fue del teniente Juan Carlos Rolón y el periodista sería Raúl Cubas. Le compraron un traje y Rolón junto al capitán de corbeta Alberto González, lo llevaron a mediados de abril de 1978 a la quinta de Natalio Salvatorio (José C. Paz), donde concentraba el equipo albiceleste.

El 20 de octubre de 1976, un comando de la Armada secuestró a Cubas en la Av. San Martín, a pocos metros de la parada del colectivo 49, que esperaba para ir a trabajar. Diez hombres armados descendieron de cinco coches, le pegaron y metieron su cabeza dentro de una capucha de tela gris. Pero en medio del forcejeo, Raúl logra meterse en la boca la pastilla de cianuro que llevaba en su bolsillo. Pero la pastilla que significaba la muerte para eludir la tortura, estaba vencida y cuando despertó estaba tirado sobre una pila de cadáveres en el sótano de la ESMA.
Su liberación: “Fue uno de los momentos más trascendentes de mi vida. Junto a Rosario Quiroga, ex detenida y mi actual compañera, una patota de la ESMA al mando del teniente Rolón nos llevó al aeropuerto de Ezeiza y nos metieron en un avión rumbo a Venezuela. A otros dos compañeros los mandaron para España. Nosotros nos fuimos a Caracas. Pero el viaje fue extraño: en el avión aún me sentía preso. No lo sé, tal vez porque creía que viajaba alguien de la marina escondido y que nos iba a hacer daño no bien aterrizáramos en Venezuela.
Liberaron prisioneros con el propósito de sembrar el miedo en la sociedad, específicamente en las organizaciones sociales y políticas.
Recién volví a la Argentina en el ‘84, cuando fui a declarar a la CONADEP” (Número 60 de la revista “Un Caño”, junio de 2013).

Al llegar a la conferencia de prensa, Raúl reconoció a controles de civil que eran guardias de “Capucha”, como el suboficial Víctor Cardó. Los militares pretendían que una pregunta del detenido-desaparecido, operara como disparador para que Menotti se pronuncie a favor de la imagen de la dictadura. Cubas se presentó como periodista de una revista del Ministerio de Relaciones Exteriores y en el diálogo, nunca llevó al técnico al terreno que pretendían los militares. Cuando volvió con las manos vacías, dijo que el entrenador no quiso hablar de esos temas.

Raúl portaba un papel con los nombres de los detenidos en la ESMA, pero no se animó a entregárselo al director técnico.

“Menotti se enteró de la historia -aseguró Cubas-. Cuando lo intenté, nunca me quiso recibir. Siempre se negó. En ese sentido, fue coherente. Siempre fue una persona cercana al Partido Comunista, de los intelectuales vinculados al PC. Y en ese momento, el PC tenía un apoyo crítico de la dictadura militar, a raíz de las buenas relaciones de la dictadura con la Unión Soviética. Incluso, tenían contradicciones públicas con Montoneros. Menotti participó como director técnico de la Selección sabiendo a qué se atenía. No tuvo mayores problemas de conciencia, hizo su trabajo como profesional”.

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