Osvaldo Bayer: El siglo XX argentino a través del fútbol (Primera parte)

La investigación de Bayer, primero fue guión cinematográfico y más tarde llegó al papel. Lita Stantic lo convocó en 1989, para concretar una empresa inimaginable para el autor: escribir la historia de nuestro fútbol, desde finales del siglo XIX hasta el Mundial 1986, para que luego Víctor Dinenzon la lleve al cine.

Dice Osvaldo en “Palabras necesarias” (edición “Biblioteca Bayer”, de Planeta 2016), que aceptó el encargo “tomándolo como un juego. Un juego que enhebrara los recuerdos infantiles con la investigación, la nostalgia y el sueño. Pero eso sí, metiendo al fútbol en la vida real, en su entorno histórico y sociológico. Metiendo a esos sueños en el corset de la realidad. Aprovechar la imagen cinematográfica para hacer recordar al espectador, un trozo de su propia vida y dejarlo navegar en sus imágenes, en sus fantasías”.

El prólogo es de su gran amigo, Osvaldo Soriano, quien bajo el título “Fútbol, esa pasión de inocente apariencia”, dice que “No es otro Bayer, este del fútbol; es el mismo que ha comprometido su vida y su obra para que los argentinos conozcan la verdadera historia, tan ajetreada y deformada. No me sorprende que Varallo, Di Stéfano, Sívori, Pipo Rossi, Sanfilippo y Maradona, formen parte de ella. Albert Camus, arquero en Argel, autor de La Peste y El extranjero, decía que el fútbol le había enseñado todo lo que creía saber de la vida. Es posible. Aunque parezca exagerado, en un rectángulo de césped los hombres escenifican siempre el imprevisible drama de la vida”. 

https://www.youtube.com/watch?v=jlIBYZ4mVMc

Fragmento del capítulo 1: LOS INGLESES
“1953 fue el año de la hazaña. Vencimos a nuestros maestros. Sí, no hubo dudas. Argentina 3-Inglaterra 1. Audacia e improvisación, contra técnica y disciplina. Los argentinos habían dado su característica propia al fútbol que los ingleses trajeron al Río de la Plata en el siglo pasado.
‘Les ganamos como en las invasiones inglesas, en 1806 y 1807’, escribió un sobreexcitado cronista al día siguiente. ‘Nacionalizamos hace poco los ferrocarriles y ahora nacionalizamos el fútbol’, declaró un eufórico político de la época.
Los primeros en jugarlo entre nosotros fueron marinos británicos en los baldíos del puerto.
Los criollos miraban asombrados el juego de esos ‘ingleses locos’, sin la menor intención de mezclarse.
En el elegante Buenos Aires Cricket Club, el 20 de junio de 1867, se jugó el primer partido de fútbol. Su inspirador, Thomas Hogg, publicó un aviso en el diario inglés local en el que invitaba a jugar al fútbol y fundar el Buenos Aires Football Club. El día del partido, varios asistentes no se animaron a los pantalones cortos, por las damas presentes. Y sólo jugaron ocho contra ocho.
La república liberal-conservadora argentina se vestía según El Corte Inglés. Creía en la libertad de comercio y quería marchar al mismo ritmo que Londres. Era positivista y creía a ciegas en el progreso. Se sentía orgullosa de ser la oligarquía de los que saben, los que pueden y los que poseen. Aportaba a la civilización europea contra lo que ellos llamaban la barbarie”.

https://www.youtube.com/watch?v=mCcPTluu1iY

Fragmento del capítulo 2: AGNOSTICOS Y CREYENTES, PROLETARIOS Y BACANES
“En las dos primeras décadas del lsiglo, en apenas una generación, el fútbol se había acriollado, definitivamente, igual que los hijos de los inmigrantes europeos. En cada barrio nacían uno o dos clubes. Se los llamaba ahora Club Social y Deportivo, que en buen porteño significaba: milonga y fútbol.
Los anarquistas y socialistas estaban alarmados. En vez de ir a las asambleas obreras o a los picnics ideológicos, los trabajadores concurrían a ver fútbol los domingos a la tarde y a bailar el tango los sábados a la noche.
El diario anarquista La Protesta escribía en 1917 contra ‘la perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo’. Comparaban, por sus efectos, al fútbol con la religión, sintetizando su crítica en el lema: ‘misa y pelota: la peor droga para los pueblos’.
Pero de pronto debieron actualizarse y ya en la fundación de clubes de barriadas populares aparecieron socialistas y anarquistas. Por ejemplo, el Club Mártires de Chicago, en La Paternal, llamado así en homenaje a los obreros ahorcados en Estados Unidos por luchar en pos de la jornada de ocho horas de trabajo. Fue el núcleo que años después pasó a ser el club Argentinos Juniors, un nombre menos comprometedor. También el club El Porvenir, como su nombre lo muestra, estuvo la mano de los utopistas. Y el mismo Chacarita Juniors nació en una biblioteca libertaria precisamente un 1 de mayo, la fiesta de los trabajadores, en 1906″.

https://www.youtube.com/watch?v=aesLjuOD42w&t=501s

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