1978: Concejal comunista italiano en Clarín: Argentina “vive sin miedo”

Bajo el título “Testimonio elocuente”, en la contratapa del suplemento “Mundial” de Clarín (miércoles 21 de junio de 1978), el diario resaltó declaraciones del concejal comunista italiano, Gino Conti. En la presentación del político, el matutino contaba que Conti formaba parte del partido que lideraba por entonces Enrico Berlingueri, que era “jefe de estación de ferrocarriles” y que se “presentó” en la redacción “para dejar su pensamiento”.

“En mi país me hablaron mucho, sobre problemas políticos y sociales en la Argentina. Yo me había decidido a venir a ver el Mundial, pero aún sentía miedo por los comentarios de mis amigos que me insistían sobre las inseguridades que ofrecía el país. Pero cuando llegué a la Argentina no encontré ni soldados armados, ni tanques de guerra por las calles. Todo fue hospitalidad y la cordialidad de la gente, hizo que me sintiera casi como en mi casa”.

Prometía a su regreso a Italia, llevar “la verdad” y aclarar que esas versiones eran fruto de la “mala intención”. “En la Argentina se vive sin miedo”, sentenció Conti, “es mentira que la guerra aquí hubiera estallado”.

CAMPAÑA ANTIARGENTINA:
En la edición de la revista “Gente” de fines de mayo de 1976, la publicación de Editorial Atlántida bajo el título “Quién está detrás de todo esto”, hablaba de una supuesta “campaña de desprestigio contra el país, organizada por el terrorismo internacional; sugestivamente en un momento clave del Proceso de Reorganización Nacional, cuando Argentina tiene que fortalecer su paz interior y su imagen en el exterior”.
El semanario hablaba de 1.956 cartas que habían llegado a Casa de Gobierno dirigidas a los generales Videla y Harguindeguy y que pedían “la pronta liberación” de los presos políticos de nacionalidad chilena detenidos en la Argentina. El semanario de Atlántida hablaba de un trabajo del “terrorismo internacional”, a través de mensajes con firmas “apócrifas” y “falsificadas”. El ministro del Interior, apuntaba que la campaña era obra de “personalidades de la izquierda”.
En su número del 24 de mayo de 1978, la revista “Siete Días”, en el marco de una nota bautizada “El libro negro de la subversión”, publicó nombres y apellidos de “La red antiargentina”.
Encabezaba la lista Martin Emnals e Inger Farlander (Amnesty International); Guillermo Da Chuna, Alejandro Artusio y el ex ministro Macdermott (Comité Internacional de Juristas); Linda Binbi, Ello Baso y Leandro Despui (Liga de los Derechos de los Pueblos y Fundación Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos); Jean Claude Lum (Federación Internacional de los Derechos Humanos); George Kullisner (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados); Charles Harper (Oficina de Defensa de los Derechos Humanos para América Latina); Leopoldo Nihilius (Consejo Mundial de Iglesias); Santiago Carrillo, José María González Jerez y Leonor Bornao (Partido Comunista Español); Felipe González y Luis Yañez (Partido Socialista Obrero Español); Enrique Tierno Galván y José Enjuto Bernal (Partido Socialista Popular español); Manuel Simón (Unión General de Trabajadores de España); Rodolfo Matarolo, Alejandro Teitelbaun, M. Yankelevich, Norman Briski, Marek Halter, Paco Ibañez, Francois Rabbath, Yves Simon, Claude Brasseur, Annie Novel, Philippe Richeux, Groupe Huascar Amarú y Víctor Correa (militantes y colaboradores del Comité Argentino de Información y Solidaridad, de Francia); Alain Labrouse Carpani (Comité de Información y Solidaridad con la Argentina en Lucha, de Francia) y Francois Mitterrand y Gaston Deferre (Partido Socialista francés). En carácter de “colaboradores internacionales”, figuraban cinco nombres: Tata Cedrón, Julio Cortázar, Julio Le Parc, Costa Gavras y Charles Aznavour.
“Somos” (26 de mayo, edición 88): “Relaciones con Estados Unidos: AHORA NOS DAN LA ESPALDA”, decía el título de tapa. Restaba un año para la visita de la Comisión Interamericana de la OEA y Editorial Atlántica en su rol de abogado defensor de la dictadura, comenzaba a atacar al gobierno de Carter. (Fragmento de “Tribunas sin pueblo”, Gustavo Campana).

PARTIDO COMUNISTA: El documental “La historia pararela”, cita que Menotti, un viejo afiliado al Partido Comunista, mantenía encuentros secretos en plena preparación mundialista, con viejos compañeros de militancia. Cuenta que el técnico en plena preparación mundialista, salía de la concentración de José C. Paz escondido en un automóvil para charlar con dirigentes del PC: “Tuve muchas (reuniones) en Olivos, en la casa de Florindo Moretti (miembro del comité central del Partido Comunista). Se discutía la lucha armada, todo… Y hay otras cosas que a mí me avalarían en un juicio, para demostrar que yo fui mucho más combativo. Yo tuve gente en mi casa, yo saqué gente de la cárcel”.
Menotti dice que fue orgánico, que respetó las órdenes del Partido Comunista argentino. El PC consideraba en el ’76, que con el golpe del 24 de marzo no había triunfado el sector que ellos denominaban “pinochetista”, o sea el ala más retrógrada de las Fuerzas Armadas. La inteligencia del partido, que se jactaba por entonces de tener muy buena penetración en las tres armas, aseguraba que se trataba de un sector dialoguista, cuyo objetivo era restaurar lo antes posible la vida democrática. Creían que los “halcones” habían sido derrotados por dos supuestas “palomas”: Videla y Viola.
La ambigüedad del primer documento del Partido Comunista después del golpe, quedó documentada en la tibieza del manifiesto: “El PC está convencido de que no ha sido el golpe el método más idóneo para resolver la profunda crisis política, cultural y moral. Nos atendremos a los hechos y a nuestra forma de juzgarlos: su confrontación con las palabras y promesas”.
Esta insólita posición, nació en Moscú y se aferró con uñas y dientes en la Argentina, por lo menos durante los cuatro años del binomio Videla-Martínez de Hoz. Negocios son negocios y el Kremlin no quería romper relaciones con su principal proveedor de trigo. Una alianza que permitió que cada vez que el Consejo de Seguridad amagara con tratar las violaciones a los derechos humanos en la Argentina, el único voto que rompía la unanimidad, era el soviético.
Cuando la dictadura eligió recomponer su diálogo con Estados Unidos, antes que seguir profundizando la alianza roja, decidió alinearse detrás de Carter, en el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú (1980).
La dictadura cerraba exportaciones millonarias por debajo de la mesa, con aquellos a los que le apuntaba a través de su mensaje publicitario: “Argentina tierra de paz y de enorme riqueza. Argentina bocado deseado por la subversión internacional, que intentó debilitarla para poder dominarla. Fueron épocas tristes y de vacas flacas. Hasta que dijimos basta. Basta de despojo, de abuso y de vergüenza. Hoy vuelve la paz a nuestra tierra”. (Fragmento de “Tribunas sin pueblo”, Gustavo Campana).

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