Por el lado de los alemanes, potencia física y disciplina táctica. Toque corto y asociativo, capacidad de engaño e improvisación, en el equipo argentino. Llegaron a la final de menor a mayor, creciendo a base de solidez defensiva (en 6 partidos, Argentina recibió 3 goles y Alemania 4). La Selección de Bilardo llegó a la definición, con una diferencia a favor: era el equipo de mayor cantidad de goles a favor (11) en el torneo. De la mano del brillo de Maradona, los sudamericanos eran los favoritos para el último encuentro.
Primer cuarto de hora parejo, con leve superioridad albiceleste. Al mejor manejo de la pelota, le faltaba profundidad y cambio de ritmo ofensivo. A los 16 minutos y luego de una buena jugada colectiva, Alemania tuvo su primera situación de gol, a través de un tiro libre en la puerta del área. Más una amarilla para Maradona por protestarle al brasileño Arppi, por la repetición de la pena y mala ejecución por parte de los dirigidos por Beckenbauer.
A los 22′, combinación por la banda derecha entre Maradona-Cuciuffo. Toque del lateral derecho, pausa y taco genial de Diego al espacio libre, controló el lateral, aceleró y lo bajaron con infracción. Tiro libre a la altura del límite del área grande. Pegada precisa de Burruchaga, salida en falso de Schumacher, el Tata Brown ganó en el salto y con el arco vacío metió el cabezazo en la red. Argentina 1-0.
Luego del primer gol, los europeos se vieron obligados a salir. Alemania atacaba sin claridad y abría “zonas liberadas” en el fondo. Las únicas vías que tenían los teutones para llegar al empate, era pelota detenida o un ataque por las bandas. Chocaban con un sólido bloque defensivo muy compacto que reducía bien los espacios.
El primer tiempo, victoria parcial sudamericana.
En el inicio del segundo tiempo, tiro libre para los europeos en la banda derecha (48′). En esa jugada se lesionó Brown y hasta el final del partido, el central jugó con una luxación en el hombro. Luego de la ejecución Argentina salió rápido, toque corto de Batista para Maradona y Diego ubicó rápidamente a Burruchaga con un pase exquisito.
El ex jugador de Independiente cambió de velocidad y se metió en el área, pero no logró definir. La pelota le quedó a Valdano y el delantero ganó un corner. Alemania dejaba espacios y Argentina los aprovechaba.
A los 54 minutos, Alemania avanzó por la punta derecha. Olarticoechea derribó a Mathaus y de esa jugada nacería el segundo gol argentino. Salida rápida de Pumpido para Valdano que eludió a un hombre y tocó corto para Maradona. Diego para Enrique y el “Negro” para Valdano. Diagonal perfecta del atacante argentino que exploto el espacio libre y se encontró cara a cara con Schumacher. Acomodó su cuerpo, abrió el pie y con la cara interna de su pie derecho la puso por abajo contra el palo izquierdo del arquero alemán.
Con el 2-0 a favor, Argentina se retrasó. Alemania tomó la iniciativa con ataques imprecisos, pero con más actitud que ideas lograba progresar, fundamentalente por la banda izquierda a través de los arrestos individuales de Rumeneigge. Argentina preparada para el contragolpe, la tuvo a los 70′, pero el cabezazo de Valdano salió desviado. A los 73′ llegó el descuento de los alemanes. Corner al primer palo, cabezazo para la llegada del ex Bayern Munich que se encargaría de empujarla hacia la red. Alemania lanzaba frontal y desde las bandas. De esa manera llegó al empate: a los 82′ apareció Rudi Völler, centro de Brehme y doble cabezazo en el área para igualar el marcador.
Pero 3′ después, se hizo justicia con el trámite del partido. Maradona se puso de frente en la mitad de la cancha, encontró el hueco a través de un pase magnífico para Burruchaga y una corrida inolvidable para el pueblo argentino definió la final. El jugador del Nantes corrió con la pelota pegada a su pie y definió de punta ante la salida de Schumacher y puso el definitivo 3-2.
El conjunto argentino fue superior en el trámite del juego. Factores claves: el gran nivel de Pumpido, la firmeza de los cuatros del fondo (agresividad en los duelos individuales y coordinación en el achique de espacios), equilibrio en la mitad de la cancha (Batista dueño de la región clave y un trabajo excepcional de Enrique, en ataque y defensa), la sociedad Maradona-Burruchaga y la cuota goleadora, más el sentido colectivo de un punta de lanza como Jorge Valdano. Y por supuesto el plus de un Diego, que en ese Mundial confirmó, por si alguno tenía dudas, que era el mejor jugador del mundo y porque no, de la historia del fútbol.