Memoria, verdad y justicia, sobre la gran revista argentina del siglo XX

“El Gráfico” nació el 30 de mayo de 1919, como un magazine generalista, con apenas un lugarcito destinado al deporte. Pero a partir de la primera tapa futbolera, la revista cambió para siempre. En el número 5 (26 de julio de 1919), instaló en portada el último Argentina-Uruguay y la imagen elegida fue la de Américo Tesoriere; mítico arquero de Boca y por entonces, dueño indiscutible de los tres palos nacionales.
Para cinco generaciones de lectores argentinos, la revista fue el más importantes de todos los difusores del deporte. Sin dudas, fue casa de un grupo numerosísimo de periodistas que desde sus páginas montaron una escuela sin aulas de la profesión: Félix Daniel Frascara, Borocotó, Ardizzone, Cherquis Bialo, etc., etc.
Pero fue parida por una editorial que siempre fue funcional al poder real, que fue incondicional desde el silencio a todas las dictaduras del siglo XX y fue socia con su grito al genocidio 1976-1983.
Todo está en la misma bolsa. Sus tesoros y sus miserias.

Editorial Atlántida, al servicio de Videla-Martínez de Hoz: La vieja estructura de la familia Vigil, había puesto en manos del Ejército y su ministro de Economía, todas sus publicaciones y con cada una llegaba a un segmento distinto del público argentino. El mensaje del autoproclamado “Proceso de Reorganización Nacional”, le apuntaba a la clase media desde “Gente”, a la patria agroexportadora a través de “Chacra”, a los amantes del deporte con “El Gráfico”, a la mujer vía “Para ti” y a los pibes con “Billiken”. Y ante la falta de un semanario político en su producción, crearon “Somos”.
Todas cumplieron un rol fundamental. Desde esas revistas se repartieron las postales “Argentina toda la verdad”, que se publicaban junto con las direcciones de los principales políticos y representantes de la cultura, que defendían la causa “antiargentina” en todo el planeta. El plan apuntaba a que ciudadanos comunes cuenten la realidad” a quiénes habían sido “engañados” por el relato de sobrevivientes del terrorismo de Estado y exiliados.

En “Para Ti” y con el título “Habla la madre de un subversivo muerto”, se publicó una nota en la que Thelma Jara de Cabezas, por entonces detenida-desaparecida en la ESMA, fue llevada por una patota encabezada por el represor Ricardo Cavallo a la confitería “Selquet” (Figueroa Alcorta y Pampa, muy cerca de la cancha de River), para fraguar un reportaje. En ese supuesto diálogo, Cabezas acusaba a los organismos de derechos humanos, de “mentir sobre la existencia de desaparecidos”.
Por esta historia, el director de la revista Agustín Botenilli, fue procesado por el juez Sergio Torres, quien lleva adelante la megacausa ESMA, por el delito de “coacción”. La Cámara Federal Porteña revocó el procesamiento en 2014.
“Gente”, dirigida por Chiche Gelblung, publicó en tapa la muerte de Norma Arrostito; cuando aún se encontraba con vida en la Escuela de Mecánica. La operación que fue tapa, buscaba quebrar las filas de Montoneros, después de haber perdido supuestamente a una pieza clave de su conducción.

Un hombre común…: En el número 3065 (4 de julio), de la revista “El Gráfico”, Atlántida reafirmó su alianza con el Ejército. Sus publicaciones jugaron un rol importantísimo, en la construcción del dique de contención mediático, en el que se apoyó la “evangelización cultural” de la dictadura.
El viernes 30 de junio, Constancio Vigil (director ejecutivo de la editorial), Héctor Vega Onesime (subdirector de “El Gráfico”) y Ernesto Cherquis Bialo (jefe de Redacción), visitaron a Videla: “El Campeonato Mundial de Fútbol, tuvo en el presidente de la República, a uno de sus más fervorosos adherentes. Al margen de los aspectos protocolares que exigió su alta investidura, sufrió y disfrutó con la marcha de nuestra Selección. Tuvo una participación, espontánea y activa”.
Acompañado por el secretario de Información Pública, el contraalmirante Rubén Franco, el dictador recibió en su despacho a los portadores de todo el material que la revista produjo durante la Copa (4 ediciones tradicionales y 3 extras), en una lujosa encuadernación.
“El significado del Campeonato Mundial, es múltiple -dijo Videla cuando le preguntaron por el saldo país que dejó el torneo-. En primer lugar ha representado, ante todos los países del mundo, una imponente demostración de capacidad organizativa. Todo lo que se hizo, en tan corto tiempo y con tanta eficacia, es una muestra de lo que los argentinos pueden dar, en la parte técnica y humana, cuando se lo proponen y lo hacen juntos.
En segundo lugar, toda la población, sin excepciones, brindó el espectáculo de su alegría y su legítimo fervor, mostrándose también hospitalaria y amiga de los visitantes. Ellos serán, sin duda, los fieles testigos de nuestra verdadera realidad frente a sus países, sin la intencionada deformación de una campaña internacional de falsedades.
En último lugar, quiero señalar el contenido emocional y patriótico e esa comunión que se vivió en los hogares y en las calles, al grito de ¡Argentina! Lo deportivo fue, en esta oportunidad, el camino para expresar, como nunca se había visto antes, el sentimiento de unión nacional y comunes esperanzas de paz, unión y fraternidad. Estas esperanzas abren un gran futuro para la realización de toda la comunidad”.
En la semblanza del genocida (“Recogimos del teniente general Jorge Rafael Videla, expresiones y testimonios de enorme valor prospectivo y a la vez repasamos el Mundial humanizando la figura del señor Presidente”), el semanario lo invitó a que cuente su simpatía por Independiente y a que confiese que entre sus recuerdos de infancia, estaban los nombres de Lecea, Coletta, Sastre y Erico. Dijo que le gustaba jugar en la línea media y que el segundo gol argentino en la final, fue la jugada que más le impactó de todos los partidos de la Selección de Menotti.
– Señor presidente, le pedimos una consideración final.
-Hemos sido, durante semanas, el foco de atracción más importante del mundo. Los medios de difusión masiva, especialmente los audiovisuales, han proyectado una auténtica y pujante imagen del país. Nos reconforta todo lo ocurrido y los resultados obtenidos. Pero más que nada, nos alienta la demostración -a nivel universal- de un pueblo maduro, capaz de las mayores empresas sobre la base de la unión y el esfuerzo compartido. Que esa unión y ese esfuerzo prosiga, de hoy en más, en todas las instancias del camino que los argentinos nos hemos propuesto”.
En el editorial de ese número (“El Mundial sigue en El Gráfico”), la revista presentó la nota asegurando, que “Fue una nota fácil y placentera. Fácil porque su protagonista accedió a través de un trámite directo y rápido; placentera porque frente a él nos sentimos bien (sentirse bien en periodismo quiere decir estar con alguien que sabe sobre lo que está hablando y todo cuando sabe lo dice en forma sincera y generosa)”.
La tristemente célebre imagen de la Junta Militar festejando el tercer gol argentino en la final, es una foto con Videla en el centro, a su derecha Massera y a la izquierda Agosti. Pero en la tapa del número 93 de “Somos” (la revista política de Atlántida), “casualmente” solo hubo espacio para el hombre del Ejército. “Los argentinos y el Mundial: Un país que cambió”, fue la expresión de deseo transformada en título, que pretendía la unidad de víctimas y victimarios, para sepultar la historia: “Estábamos todos. No hubo distinciones. Se vio -esta vez sí- una sola bandera. Argentina había aprobado un examen muy exigente. Organizó el Mundial y lo hizo bien. Y además lo ganó. Somos analiza el fenómeno y sus consecuencias. La campaña en el exterior. La forma en que fue revirtiéndose. Lo que dijeron los periodistas extranjeros. El balance económico del torneo. El desaire holandés. Videla en el balcón. Un informe completo sobre este acontecimiento que puede marcar el comienzo de una verdadera transformación en nuestras actitudes. Depende de lo que hagan, gobernantes y gobernados”.

Antecedentes históricos: “El Gráfico” en su edición 2240 (12 de septiembre de 1962), anunció en un recuadro de página 9 y en el marco de la cobertura de Chacarita 0-Boca 0 en San Martín, el alejamiento de Dante Panzeri. El título pretendía suavizar el verdadero conflicto, hablando de “Una desvinculación informal”. En realidad, el periodista renunció por negarse a publicar una alabanza al ministro de Economía, Alvaro Alsogaray, que había sido solicitada por los dueños del semanario, la familia Vigil.
Los militares habían terminado con el gobierno de Arturo Frondizi, el 29 de marzo de 1962 y José María Guido, asumió homologado por la Corte Suprema ante la acefalía provocada por el Golpe de Estado. En realidad, Guido fue hasta el 12 de octubre del ’63, un instrumento de las Fuerzas Armadas, que lo utilizaron para cerrar el Congreso e intervenir los gobiernos provinciales. Alsogaray fue su ministro de Economía, entre el 30 de junio de 1962 y el 10 de diciembre del mismo año.
Aquella nota del adiós, anunciaba que Panzeri abandonaba Editorial Atlántida, “después de 17 años de trayectoria en nuestra casa, que lo llevaron a ocupar por propios méritos la Secretaría de Redacción”. La revista recordó en aquel discurso de ocasión, que Dante llegó a “El Gráfico” en 1945 y desde entonces, “volcó en sus páginas todo el entusiasmo de su periodismo joven, la salud moral de sus convicciones y prédica esclarecedora en todos los problemas del deporte y de su vida institucional”.
Despidieron a una de las plumas más importantes de su historia, a través de un texto que apenas cumplía con una formalidad de “puertas abiertas”, planteando que la revista “seguirá brindándole sus páginas para que continúe el diálogo que inició con nuestros lectores hace tantos años. Panzeri deja la Secretaría de Redacción, pero permanecerá vinculado como colaborador”.

Los fusiles que disparaban flores, desde una carta que nunca existió: Había terminado la última fecha de la primera fase del Mundial ’78 y la derrota del local con Italia, ocupaba la tapa de la edición 3062 de la revista (13 de junio). Por lo tanto, a la competencia le quedaban 12 días y una publicación que llegó a tirar por entonces más de 250 mil ejemplares cada siete días, llegó con todo su poder de fuego a manos de Ruud Krol (capitán de Holanda), muy pocas horas después de la salida a la calle.
Solamente los dueños de uno de los cercos mediáticos, más oscuros que vivió la Argentina, podían animarse a escribir una carta del jugador a su hija, que nunca existió…
El rebote lo conocimos muchos años después, pero el silencio que reinó hasta el 25 de junio, día de la final, fue absoluto. Sin embargo el hecho provocó la reacción de la embajada holandesa y la Real Asociación de Fútbol de los Países Bajos, amenazó con retirar al equipo de la competencia.
El autor fue el corresponsal de “El Gráfico” en Mendoza, Enrique Romero; el “Cabezón Romero”, jefe de Deportes del diario “Mendoza”.
La carta es una defensa de la dictadura, con eje en la paz y se planta contra las todas las voces que atacaban el Mundial. Es una operación, digna del Centro Piloto de París (la embajada paralela que la Armada armó en Francia, para desarmar denuncias en los medios europeos) o de Burson Marsteller (la consultora de Estados Unidos, que fueron los guionistas de la dictadura. Autores de la publicidad de la silla y “Somos derechos y humanos”).

El mensaje dedicado a Mabelle, la hija de Krol de tres años de edad, comenzaba diciendo: “Mi preciosa. Tu madre te leerá esta carta. Quiero decirte antes que nada, que te extraño mucho, aunque el recuerdo y la sonrisita que sale de tu foto, siempre me acompaña. Ya compré la muñequita que te prometí. Es rubia como tú y tiene un par de ojos exactamente iguales a los tuyos. Camina, habla y muy pronto, cuando yo regrese, jugaremos con ella tirados en el living.
Mamá me contó que los otros días lloraste mucho porque algunos amiguitos te dijeron cosas muy feas que pasaban en Argentina. Pero no es así. Es una mentirita infantil de ellos. Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esta no es la Copa del Mundo, sino la Copa de la Paz.
No te asustes si ves algunas fotos de la concentración con soldaditos de verde al lado nuestro. Esos son nuestros amigos, nos cuidan y nos protegen. Nos quieren como toda la gente de este país, que desde el mismo momento de la llegada nos demostró su afecto. Como en el aeropuerto cuando nos esperaron con banderas de nuestra patria y nos tiraban besos y todas las manos querían abrazarnos”.
Romero hablaba del “Prinicipito”, un pibe mendocino al que los holandeses le abrieron las puertas de la concentración en la primera fase: “Todas las noches después de la cena me llevo a Principito -¿te acordás? es nuestra mascota- a mi habitación. Le enseño por enésima vez tu foto y conversamos mucho sobre ti. Tanto que ya te conoce. El me llena un poquito tu ausencia. Se adormece como tú, cuando comienzo a contar los mismos cuentos que tantas veces has escuchado. A la mañana muy temprano sube a nuestras habitaciones a despertarnos. Hasta en eso me hace recordarte más, porque es igual a ti cuando vienes nuestro lado a buscar el calor de mamá y papá apenas te levantas. ¿Sabes qué me pregunta? ¿Soñaste con Mabelle, Ruud?”.

Cuando el 2 de febrero de 2002, Máxima Zorreguieta se casó con el príncipe heredero de Holanda, le permitieron que el músico Carel Kraayenhof, ejecutara “Adiós nonino”. Pero paralelamente, le prohibieron que su padre, funcionario de la dictadura argentina, presencie la boda.

El texto finalizaba con aquella imagen de fusiles que disparan flores: “Cada vez hace más frío. Por las ventanas del hotel vemos todos los días caer la nieve. El paisaje es hermoso pero me faltas tú. Sonríe, pronto estaremos juntos. No tengas miedo, papá está bien, tiene tu muñeca y un batallón de soldaditos que lo cuida. Que lo protegen y que de sus fusiles disparan flores. Dile a tus amiguitos la verdad. Argentina es tierra de amor. Algún día cuando seas grande podrás comprender toda la verdad.
Te adoro, cuidá a mamá, esperame con una sonrisa y andá pensando un nombre para la muñequita. Mi beso. Papito.
PD: Yo ya elegí el nombre para tu muñeca. Sería Argentina. Si puedes elegir uno mejor, dímelo”.

Krol habló con “Página 12” en 1993: “No sé por qué razón ese periodista inventó esa carta. ¿Por qué a mí? ¿Por qué utilizarme de ese modo? Me gustaría saberlo. Jamás escribí eso, más aún, jamás escribí una carta en inglés en toda mi vida. Además, a mi hija Mabelle era absurdo escribirle una carta en inglés, sencillamente porque es holandesa”.
En una entrevista publicada en el diario “El País” de España en 2010, Ruud Krol declaró: “El clima político de aquella Argentina era terrorífico. No podías salir a la calle ni ir de compras. La policía acompañaba con metralletas al autobús, la gente nos gritaba… Si hubiésemos ganado, teníamos previsto evitar que Videla nos diera la Copa”.
La noche del 25 de junio de 1978, en el Hotel Sheraton se realizó la “Cena de los campeones” y los holandeses no fueron a recibir sus medallas.
“El Gráfico” nunca se disculpó por tamaña mentira. Krol en aquel ’78, brindó una conferencia de prensa negando haber escrito la carta, pero nadie publicó su respuesta…

Carta de Videla a “El Gráfico”: Con fecha 24 de mayo de 1979 y dirigida a Constancio Vigil, el dictador saludó a la revista ante un nuevo aniversario del primer número (“Un saludo que nos honra y nos compromete con el futuro”): “Los sesenta años ininterrumpidos de ‘El Gráfico’, representan la continuidad de un noble empeño periodístico. Una memorable historia del deporte argentino e internacional se ha reflejado, a ritmo semanal, desde las páginas de esta revista, verdadera precursora de su género.
Asimismo, en tan dilatado y fecundo período, muchas han sido sus iniciativas a favor de las sanas y alentadoras competiciones que unen y solidarizan a los hombres y a los pueblos. Por eso, en esta significativa circunstancia, me complazco en hacer llegar a sus editores, mis más sinceras congratulaciones”.

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