
Miles no estuvieron dispuestos a olvidar, no aceptaron traicionar tanta broca acumulada y se plantaron acompañando al ídolo cuando se preguntó: “¿Ahora les piden que se sientan italianos y alienten a la Selección?”.
Para la prensa mundial, los azzurros eran los grandes favoritos. Los bancaban una serie de razones que siempre parecen obvias, pero que a veces el fútbol ignora caprichosamente. Desde el peso de su localía, hasta el mal herido equipo argentino que se resistía a abandonar el trono conseguido en México, todos eran argumentos válidos para predecir con seguridad el futuro.
La Italia de Baggio, Maldini, Zenga, Vialli y Schillaci, venía cumpliendo el plan de vuelo con precisión. Invicta y sin goles en contra, había realizado el recorrido: Austria, Estados Unidos, Checoslovaquia, Uruguay y República de Irlanda.
Posiblemente para una Copa hambrienta de brillo, el resultado futbolístico de aquella noche terminó siendo inolvidable y un final que en apariencia solo tenía lugar en la ficción, borró al dueño de casa de la final y estiró la épica leyenda del capitán argentino.
Después del gol de Totó Schillaci, a los 17’ del primer tiempo, los sobrevivientes del ’86, empezaron a mandar. Giusti, Olarticoechea, Burru, Diego, Ruggeri y desde el banco salto Batista, para asumir la responsabilidad de nivelar el trámite y ladrarle a la luna napolitana.
Maradona para el Vasco, centro y el cabezazo de Cani que murió en la red, ante la salida en falso de Zenga. El gol que enmudeció a millones de tanos y generó un grito interminable en el sur del mundo.
Empate en los 90’ y todo igual en el alargue. Otra vez penales en el horizonte argentino, como frente a Yugoslavia y como en esa definición por cuartos, otra vez el mismo gran protagonista: Sergio Goycochea.
Arrancó Franco Baresi 1-0, José Serrizuela 1-1, Roberto Baggio 2-1, Jorge Burruchaga 2-2, Luigi De Agostini 3-2 y Julio Olarticoechea 3-3.
Hasta que llegó el turno de Roberto Donadoni (foto 1). Remate con cara interna del botín derecho, buscando el palo izquierdo de Goyco, vuelo del arquero argentino y otra definición desde los 12 pasos que empezaba a teñirse de celeste y blanco. El volante italiano quedó arrodillado en el punto del penal, buscando explicaciones que nadie le podía dar.
El turno de Diego, después de fallar ante Yugoslavia y en el marco de un duelo mano a mano con la Italia del norte. Maradona 4-3: zurdazo al rincón derecho del arco, mientras Zenga buscaba el otro palo. El grito contenido del 10, la carrera hasta el banco de suplentes y el abrazo con Galíndez.
Ultimo capítulo de esta historia, a cargo de Aldo Serena (foto 2). Remate fuerte buscando el palo derecho, segundo vuelo del Vasco y en dos tiempos durmió la pelota, primero con sus manos y luego con todo el cuerpo.
Argentina finalista por cuarta vez en la historia de los mundiales, en una noche que pintaba oscura y que terminó siendo mágica, como cantaba Gianna Nannini…
Relatos de Víctor Hugo Morales por Radio Continental.
