Cuando la huelga de Agremiados, derrotó a la dictadura de Lanusse

Después del Cordobazo (1969), la dictadura quedó herida de muerte. El descontento social mostraba los dientes en todos los frentes y el escenario se tornó cada vez más complejo para la dictadura. El 29 de mayo, cuando un sector del Ejército hablaba de la posible reaparición del general Pedro Eugenio Aramburu como reemplazante de Onganía, el ex presidente de facto fue secuestrado por Montoneros, en el marco de su presentación en sociedad.
Juicio popular y muerte del ideólogo de los fusilamientos del ’56. Su cadáver apareció el 16 de julio.
La Junta de Comandantes (Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, titular del Ejército; Almirante Pedro Gnavi, de la Armada y el Brigadier General, Carlos Rey, al frente de la Fuerza Aérea), entendió que el golpista que terminó con el gobierno de Illia, se había quedado sin respuestas políticas y que solo aspiraba a perpetuarse en el poder. El 8 de junio se difundió por radio un ultimátum del Comando en Jefe del Ejército: “Nos oponemos a seguir otorgando cheques en blanco a Onganía”.
El dictador fue depuesto, luego de tres años y 357 días de usurpación de la Rosada.
El poder quedó en manos de la Junta de Comandantes, pero fundamentalmente descansaba en la figura de Lanusse, quien sorprendió a propios y extraños nombrando como presidente de la Nación al General de Brigada, Roberto Marcelo Levingston. Un oficial desconocido para la opinión pública, que en ese momento era agregado militar en Washington.
En la localidad cordobesa de La Calera (Córdoba), el 1 de julio Montoneros atacó la comisaría y luego asaltó un banco.
El 27 de agosto fue asesinado, el secretario general del gremio del vestido y ex secretario general de la CGT, José Alonso.
Levingston organizó un nuevo gabinete con mayoría de ministros civiles, mientras prometía elaborar un plan para concretar la apertura política. Mientras tanto desde su exilio en Madrid, Juan Domingo Perón hablaba del socialismo a la criolla y la juventud desbordaba la organización política del justicialismo. La compleja convivencia de las partes, fue una marca de nacimiento del desencuentro setentista. El ex presidente hablaba del “trasvasamiento generacional” y los dueños del sindicalismo, no sabían qué lugar ocuparían en ese futuro confuso. Pero más allá de cualquier condimento interno, el peronismo hacia afuera seguía siendo la única alternativa. (Foto de portada: Grito de gol de Joaquín Martínez, en la portada de la revista River y José Omar Pastoriza). 

Roberto Levingston nombró como interventor de la AFA, a Raúl D’Onofrio. La orden de Casa Rosada, fue disolver el convenio dictado por el Ministerio de Trabajo en 1949, que reconocía a los futbolistas como trabajadores en relación de dependencia. Buscaban desconocer los contratos vigentes y pasar a considerar al futbolista, como un trabajador deportivo.
Después de varios meses de enfrentamiento, entre representantes de la dictadura, dirigentes y jugadores, José Omar Pastoriza, al frente de Futbolistas Argentinos Agremiados, encabezó durante 18 días, la cuarta huelga de la historia.
El conflicto abarcó tres fechas del torneo Nacional.
Algunos clubes buscaron disciplinar a sus planteles y comenzaron a sancionar a los profesionales que se adherían al paro, con la suspensión de los contratos. El fútbol continuó y en lugar de los jugadores de Primera, durante tres semanas salieron a la cancha muchísimos jóvenes de divisiones inferiores.
Los referentes de Boca, encabezados por Silvio Marzolini, Rubén Suñé, Roberto Rogel y Rubén Sánchez, enfrentaron a Alberto J. Armando, por entonces presidente xeneinze. Aparecieron en Primera, apellidos como Potente, Mouzo y Ferrero.
Della Savia encabezó el conflicto en River y la respuesta de Julián William Kent, fue licenciar a los huelguistas. El técnico Didí entonces recurrió a juveniles de entre 17 y 20 años y mandó a la cancha entre otros, a Juan  José López, Norberto Alonso, Reinaldo Merlo y Carlos Morete. Los pibes cosecharon 3 victorias y un empate.
Los dos más grandes de la Argentina tenían que enfrentarse en la jornada interzonal y antes del superclásico jugado en la cancha de Racing, el paro terminó. D’Onofrio no pudo torcerle el brazo al gremio y finalmente, la Secretaría de Trabajo reconoció el 21 de noviembre de 1971 el convenio de 1949. La AFA apeló, pero su pedido no prosperó.
La huelga tuvo un cierre inesperado en la cancha, cuando Boca con titulares, enfrentó a los juveniles de River. La Comisión Directiva millonaria, seguía muy dura con sus profesionales y decidió salir a la cancha con la tercera.
El primer tiempo terminó 1-1. Joaquín Martínez abrió el marcador para la banda roja y de penal, empató Ponce. El complemento fue todo para el equipo de Núñez. Con un golazo de Jota Jota, se puso nuevamente en ventaja y el tercero llegó después de un gran error del Loco Sánchez, que perdió la pelota en su intento por eludir a Morete. Gol del Puma y 3-1 histórico.

Tiempos en que la Juventud Peronista, se había quedado con la herencia política de Evita y al viejo símbolo revolucionario de tres décadas atrás, se lo imaginaba presente jugando un rol protagónico en la interna.
La actualización política del justicialismo, llegaba a través de mensajes grabados por el ex presidente en la capital española. Lluvia de críticas al capitalismo de la “guerra fría”, como parte de la nueva-vieja prédica del general. Después de casi 18 años, se adivinaba en el horizonte político, que el regreso de Perón era posible. La pregunta sin respuesta, era ¿quién se iba a convertir en el dueño de la victoria que significaba traer a casa al ex presidente?
El 7 de septiembre, Fernando Luis Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus, fundadores de Montoneros, murieron en un tiroteo con la policía en la localidad de William Morris. El 11 de noviembre quedó conformada en Buenos Aires, la Hora del Pueblo, grupo de partidos políticos liderados por el peronismo y la UCR, que le reclamaban elecciones a la dictadura.
El 15 de marzo de 1971, estalló en Córdoba el Viborazo. Un nuevo movimiento social que produjo la renuncia del interventor provincial, José Camilo Uriburu. El representante de la dictadura, señaló que había que “cortar de un solo tajo, la cabeza de la serpiente marxista infiltrada entre los cordobeses”  y durante tres días la provincia fue tierra de nadie, hasta que la represión aplastó el levantamiento popular. Pero el poder militar, como ante el Cordobazo, había quedado debilitado y el Viborazo terminó con Levingston. El 17 de marzo fue intervenida la provincia y el poder quedó en manos del contraalmirante Helvio Guozden (1971-1973).
El 22 se reunió el presidente de facto con los tres comandantes en jefe. Levingston responsabilizó a Lanusse por su inacción para frenar el nuevo levantamiento y este lo reemplazó por Cáceres Monié. En la madrugada del  23, Lanusse terminó con Levingston y tres días después asumió la presidencia de la Nación, reteniendo su cargo como titular del Ejército.
El nuevo presidente de facto, sabía que no existía alternativa: había que buscar una salida política a través de las urnas y el último dictador de la Revolución Argentina comenzó a armar la agenda, buscando ser el principal protagonista del próximo gobierno.
El 7 de abril de 1971 fueron habilitados los partidos políticos, trabajo encomendado al ministro del Interior, el radical Arturo Mor Roig, quien asumió ese rol sin la autorización de su partido.
El discurso oficial llamaba a “superar los errores del pasado y alcanzar el Gran Acuerdo Nacional. Es necesario perdonar agravios, detener revanchismos y establecer el juego limpio, sin limitaciones ni exclusiones”.

 

 

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