Cuando tenía 15 años (nació en Rosario, el 4 de octubre de 1899), apareció en la Reserva de Central Córdoba como puntero izquierdo. Después de 3 partidos, se convirtió en jugador de Primera.
Encontró definitivamente su lugar en el campo de juego, cuando se convirtió en centrodelantero, posición que ocupó durante dos décadas en el equipo rosarino y el combinado de la ciudad. Su historia se sintetiza en 408 partidos, 116 goles y 5 títulos vistiendo, con la azul y roja. En 1920, cuando cumplió con el servicio militar, jugó una temporada en Instituto (Córdoba).
Uno de los primeros grandes cultores de la gambeta, jugó 24 años vistiendo la camiseta charrúa. Cuando nació el profesionalismo argentino (1931), Gabino sumaba más de 15 años jugando en Primera y aunque fue tentado para fichar para otros clubes, nunca quiso dejar el barrio de Tablada.
Campeón en cuatro oportunidades con Central Córdoba, en los torneos de la Asociación Rosarina de Fútbol. Dos partidos inolvidables: la final del campeonato rosarino del ’32, cuando golearon 8-0 a Central y la victoria frente a Racing en la final de Copa Nacional Beccar Varela de 1934, disputada en la cancha de River.
“El tipo de juego que yo practico es el que más me gusta, pero eso no quiere decir de que tenga que practicarse así. Puede ser que en otras líneas una forma distinta dé iguales o mejores resultados. Las líneas que yo he dirigido han avanzado siempre en abanico. Los punteros un poquito adelantados, los tres centrales algo juntos y el centro más atrás de los insiders. Creo que el centro debe ser el verdadero distribuidor del juego, el que mueva a toda la línea. Yo lo hice siempre y lo haré mientras pueda, porque ese es mi juego, lo que no quita de que otro, haciéndolo al revés, le salga mejor. Si el centro que juega adelantado tiene la facilidad para meterse entre los backs, haciéndolo como yo lo hago facilita a los insiders. Central Córdoba ha tenido siempre a los scorers y esos han jugado a mi lado. El chueco Aguirre y Busolini marcaron muchos goles. La mayoría de ellos fueron hechos pateando dentro del área, aunque Aguirre, por su fuerte shot, solía hacerlos desde fuera. Había tardes en que con tres tiros al arco hacía tres tantos. Entiendo que debe patearse cuando existe la posibilidad de hacer el goal, nunca por las dudas. Esos remates sin seguridad malogran el avance y hacen perder armonía. Ahora bien: el hecho de que yo me haya habituado a estar un poquito atrás es probable que se deba a que rara vez en mi cuadro tuve un buen centre half. Por eso yo tenía que quedarme retrasado para ir llevando la pelota y, en esa forma, salí como soy. Ahora se estima la velocidad como lo mejor de un futboler. Yo creo que la más grande virtud debe ser la colocación. Saber dónde se está y qué se está haciendo. Nada de loqueríos. El pase, el pase es una gran arma. Pocas gambetas; nada de barullos. Todo tranquilo, sereno, con la cabeza bien despierta y no desorganizarse cuando el adversario detiene una y otra carga. Nada de correr para todos lados. Tener paciencia y seguir accionando como se sabe hacerlo. Yo he visto en el uruguayo Zibechi un centre hall que no precisaba “romperse” para parar a un forward. Veía que uno iba a cabecear, calculaba la fuerza del cabezazo y se ubicaba adonde debería ir la pelota. La tomaba, esquivaba a un hombre y luego de correr unos metros hacía el pase matemático. Si yo hubiera tenido la suerte de contar con un centre half así no hubiera tenido que cinchar tanto para llegar al área” (1934: Diálogo de Gabino y Borocotó, en “El Gráfico”).
Director técnico de Central Córdoba en la temporada 1939/40. Empleado ferroviario hasta su jubilación, a mediados de 1955. El 7 de noviembre de 1969, el estadio de Central Córdoba fue bautizado “Gabino Sosa”. Murió el 2 de marzo de 1971, luego de varios días de internación en el viejo Policlínico Ferroviario.