Luis Alberto Cancio estudiaba ingeniería en la Universidad Nacional de la Plata, jugaba de volante en la Tercera de Gimnasia (La Plata) y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista. Su esposa Patricia Dillon cursaba Letras y trabajaba en la sucursal Berisso del Banco Provincia de Buenos Aires. Ambos fueron secuestrados el 7 de diciembre de 1976. Luis en el acceso a las oficinas de Vialidad Provincial, donde trabajaba y Patricia, posiblemente del Banco o de la ex Casa Beige (48 y 74).
Luis estuvo detenido en el Pozo de Banfield y fue fusilado. Su cuerpo fue enterrado como NN en el cementerio de Avellaneda, e identificado en el 2009. Lo ejecutaron con tres disparos.
Antonio Enrique Piovoso (13 de agosto de 1953), integró el plantel 1973 de la Primera de Gimnasia (La Plata); luego de pasar por las inferiores del Pincha (junto con su hermano Héctor Alfredo) y jugar como infantil en Peñarol de Gonnet. Los militares lo secuestraron 4 años después, cuando tenía 24 años (6 de diciembre de 1977), mientras terminaba quinto año de Arquitectura y era dibujante en un estudio del centro de La Plata. Los militares habrían ido a buscar a Jorge Martina y en el marco del operativo, el Tano fue una presa de río revuelto: “A vos te llevamos por pelo largo”, escuchó un testigo. El caso aparece en “Deportes, desaparecidos y dictadura”, de Gustavo Veiga.
Es el único futbolista de Primera División desaparecido durante la dictadura.
El Tano era el tercer arquero del Lobo, detrás de Hugo Gatti y Daniel Guruciaga, en un equipo que era dirigido por José Varacka y que tenía como referentes a Carlos Della Savia, Hugo Gottfrit y Carlos Bulla. Jugó 3 partidos en primera, reemplazando dos veces al Loco y una a Guruciaga. Debutó el 19 de abril de 1973 (Metropolitano), contra Argentinos en La Paternal (por Guruciaga). Victoria del Bicho con dos goles de Cordero.
Entró faltando 15′ (por Gatti), en la derrota 3-2 ante All Boys y el 28 de junio en el Bosque, reemplazó al Loco en el 1-2 ante Rosario Central.
En 1974, Piovoso jugó en Atlético Mones Cazón, a 40 kilómetros de Pehuajó; al año siguiente en Athletic de Azul y en 1976, en Nación de Mar del Plata.
Gustavo Olmedo jugaba en el club Los Andes de Los Sarmientos (La Rioja). Desapareció el 26 de marzo de 1976, cuando tenía 20 años y estudiaba Ingeniería en Córdoba. Era uno de los cinco hijos de Tomás Olmedo, importante dirigente de la Unión Cívica Radical.
Gustavo fue asesinado por un grupo de tareas del Tercer Cuerpo de Ejército, que por entonces comandaba Luciano Benjamín Menéndez, cuando lo encontraron en una casa del barrio San Vicente (Córdoba), junto a sus amigos José Luis Nicola y Vilma Ethel Ortiz. Los tres fueron atados y recibieron tres disparos en la cabeza y el tórax.
Gustavo fue enterrado en la fosa común del sector C del Cementerio San Vicente. Allí fueron encontrados en 2003 e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Eduardo Requena fue secuestrado el 23 de julio de 1976, por un grupo civil en el café Miracles de Villa María (Córdoba), cuando tenía 37 años. Profesor de historia y geografía, fue delegado del Sindicato de Educadores Privados y Particulares de la provincia de Córdoba y Secretario de la Rama de Docentes Privados en las dos primeras Juntas Ejecutivas de la CTERA (1973-1976). Jugó en la primera división de River Plate de Villa María. Pasó por el Centro Clandestino de Detención La Perla.
Carlos Alberto Rivada era delantero de Huracán de Tres Arroyos y de la selección local. Secuestrado la noche del 2 de febrero de 1977, después de enfrentar a Estación Quequén, el campeón de Necochea. Tenía 27 años. Roberto Seghezzo, por entonces presidente de Huracán, se dirigió por escrito al comandante del V Cuerpo de Ejército, general Osvaldo René Aizpitarte, para pedirle información sobre el paradero del puntero derecho: “En pleno vigor de los derechos constitucionales de todo habitante del país, consideramos un deber de autoridades y ciudadanos proceder a un exhaustivo examen y análisis de lo sucedido, lo que demuestre la vigencia de tales derechos, el fundamental de los cuales es la libertad”.
El 3 de febrero, la enfermera María Rosalía Fernández encontró abandonados a un chico de 3 años y a una beba de sólo 4 meses en la puerta del Hospital Pirovano de la ciudad. Eran los hijos de Rivada y su esposa, María Beatriz Loperena, también desaparecida el 2 de febrero, cuando estaba embarazada de un mes. Los dos niños fueron entregados al padre de Rivada.
Carlos Alberto se recibió de ingeniero electrónico, en la universidad de Bahía Blanca (militante de la Juventud Universitaria Peronista) y María Beatriz, licenciada en Humanidades y profesora de Letras.
Fotos: Antonio Enrique Piovoso junto al Loco Gatti y Luis Alberto Cancio.