El 11 de junio de 1974, en el Congreso que se llevó a cabo en el Hotel Francfort Intercontinental, cambiaron las autoridades de FIFA. Para los hombres de la Confederación Sudamericana, los votos que habían desplazado al inglés Stanley Rous de la presidencia por un brasileño, los favorecían y particularmente los argentinos, habían ganado un aliado que apoyaba con firmeza al Mundial ‘78, frente a los recelos europeos.
La primera elección adelantó a Joao Havelange por 62 a 56 y se registraron 4 votos en blanco. El artículo 15 párrafo 3 del estatuto de la Federación, indicaba que en estos casos había que resolver en segunda vuelta y en el balotaje, ganaría el candidato que reuniera mayoría simple. Después de casi 20 minutos de intervalo, llegó la victoria del sudamericano 68 a 52. La rápida negociación con los dueños de los votos en blanco, dio finalmente sus frutos.
El apoyo más importante, llegó desde Sudamerica. El encargado de sumar los porotos para el brasileño, fue el peruano Teófilo Salinas Fuller, presidente de la CSF. La sociedad se rompió cuando Havelange le quitó a Chile la organización de un Mundial juvenil, para entregárselo a la URSS por imposición de Coca-Cola.
En 1974 el timón del fútbol mundial cambió de manos, después de muchos años. Por primera vez “el dueño de la pelota”, no era europeo. Las únicas adhesiones que recogió el brasileño del viejo continente, fueron las de España, Portugal, Alemania Oriental, Rumania y Checoslovaquia.
Entre 1904 y 1906, la FIFA estuvo presidida por el francés, Robert Guerin. El segundo titular de la Federación, fue el inglés Daniel Burley Woolfall y en 1921 asumió el francés Jules Rimet. En 1954 inició su mandato, el cuarto presidente de la casa mayor del fútbol, el belga Rodolphe William Seeldrayere y en el ‘56, llegó otro inglés, Arthur Drewry. En 1961 comenzó su ciclo, Stanley Rous.
El presidente de la UEFA, el italiano Artemio Franchi, decía tras la asunción de Havelange, que había que esperar…: “Veremos cómo responde Havelange a sus compromisos preelectorales y cómo hace para no perjudicar a Europa, que tiene la mayoría de clubes, futbolistas y árbitros registrados en la FIFA y es quien hace los mayores aportes. Por ahora somos agudos observadores de todo lo que va a pasar”.
La gran apuesta de Brasil, había dado sus frutos. Por un lado, el apoyo de los representantes de la política futbolística y deportiva; pero fundamentalmente la compañía del gobierno brasileño, traducida en dinero y fuertes posiciones públicas. Todo sirvió para construir la campaña que lo llevó por 84 países y que le aseguraron finalmente los votos a Havelange. Su discurso estuvo basado en el futuro rol de Africa, la incorporación a la FIFA de países como China y realización de grandes competencias juveniles, como principales motores del nuevo tiempo que comenzaba para esta disciplina en el planeta.
Jean Marie Faustin Godefroidd’ Havelange, hijo de padres belgas, había nacido en Río de Janeiro, el 8 de mayo de 1916. En su corta carrera futbolística, todavía en tiempos del amateurismo, se consagró campeón de su ciudad natal en 1932, jugando como defensor en el Fluminense. Siempre contó que el proyecto de transformarse en profesional lo enfrentó con sus padres y entonces archivó la idea.
Su segundo deporte fue el waterpolo, disciplina con la que defendió a Brasil en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.
En 1958 asumió la presidencia de la Confederación Brasileña de Deportes. Ese mismo año presidió la delegación de su país, que se consagró campeón mundial de fútbol en Suecia.
Al final de su último mandato como presidente de la FIFA, Havelange había convertido al fútbol en una máquina que movilizaba en 1998 a cerca de 200 millones de personas (jugadores, técnicos, preparadores físicos, médicos, dirigentes, etc.) y que facturaba alrededor de 225 mil millones de dólares por año. Para los parámetros de la sociedad deporte-negocio, estas cifras colocaron al fútbol junto al Comité Olímpico Internacional, en lo más alto del planeta en materia de rentabilidad. De la mano de Havelange, entre 1974 y 1990, se multiplicaron por nueve los ingresos del Mundial de mayores de la FIFA y siempre se jactó de decir que su “empresa” era la multinacional más importante del planeta: “General Motors, la más grande del mundo, mueve 160 mil millones por año”.
Recorrió 186 de los 193 países afiliados a la Federación (“Hay más países afiliados a mi organización que a las Naciones Unidas”) y su segundo hogar mientras fue titular de la casa mayor del fútbol, fue la suite 409 del Hotel Savoy, en Zurich.
Cuando le dejó el sillón a Blatter, entre los logros más importantes de su gestión, él habló de seis ítems: organizar la sede de la FIFA en Suiza; desarrollar el fútbol en el mundo entero; sumar a China a las grandes competencias; no tener problemas entre árabes e israelíes; crear un torneo mundial con futbolistas menores de veinte años de edad y otro con jugadores de no más de diecisiete y por último aumentar de dieciséis a veinticuatro los equipos participantes en la Copa del Mundo (política que finalmente transformó en 32 a los protagonistas del torneo).
A la hora de sintetizar qué dejó su paso por el fútbol, nadie mejor que Havelange: “Desde 1974 a 1998 he trabajado 300 días al año para la FIFA. He visitado 192 países por lo menos tres veces. He pasado más de 800 horas al año volando, lo que equivale a casi 20 mil horas”.
Mucho antes de trabar muy buena relación con algunos de los máximos integrantes de la última dictadura militar argentina, Havelange ya había decidido cuál sería su rol a la hora de negociar con los gobiernos de facto. Brasil desde 1969 hasta mediados de los ‘80, vivió casi tres décadas manejada por uniformes que fueron sinónimo de escuadrones de la muerte, persecución, cárcel, torturas, asesinatos, censura y exilio. Y un solo recuerdo basta para marcar, qué rol jugó el futuro dueño de la FIFA en esta historia. Restaban pocos meses para el comienzo del Mundial ‘70 y el general Garrastazu Médici, era el dictador de turno. Un día, el uniformado se presentó al entrenamiento del equipo nacional para discutir con el técnico Saldanha, detalles del fútbol que practicaba el equipo verde-amarillo.
Cuenta la leyenda que cuando ingresó al campo de juego, el militar portaba un revólver. En el áspero encuentro, el dictador dijo que Darío debería jugar en la selección. La respuesta del entrenador fue: “Yo no le digo a quién debe usted escoger para su gobierno y usted no se mete en mi Selección”.
El general le ordenó a Havelange, por entonces presidente de la Confederación Brasileña de deportes, licenciar al entrenador y muy rápidamente, Zagalo reemplazó a Saldanha.
Sumamente diplomático, el brasileño dejó Alemania Federal apenas ganó la elección y antes del inicio del Mundial declaró: “Ahora le dejo a Sir Stanley Rous que clausure esta última etapa suya, que ha sido brillante. Este campeonato es de él, por eso me marcho ya mismo, para que él se lleve todos los honores y todos los homenajes”.
Testimonio de Havelange en la página web de la FIFA, titulado “La sede central de la FIFA se componía de una casa vieja y 20 dólares” (1974): “Ese fue el año en que fui elegido Presidente de la FIFA. Cuando llegué a las oficinas centrales de la FIFA, en Zúrich, me encontré con una casa vieja y veinte dólares en el bote. El día en que me marché, veinticuatro años más tarde, dejé propiedades y contratos por valor de más de cuatro mil millones de dólares.
Entre 1974 y 1998, visité todos y cada uno de los países miembros como mínimo tres veces, ¡y la FIFA tenía unos 186 países afiliados! El único que nunca pude visitar fue Afganistán, porque no podía entrar. En total, calculo que hice más de 26 mil horas de vuelo, el equivalente a pasarse tres años en un avión”.
Havelange fue el dirigente que revolucionó la relación fútbol-televisión, a partir de 1978 y a través de los millonarios resultados que arrojó la experiencia, sembró las bases del nuevo rol del deporte en la pantalla chica planetaria. El mexicano Cañedo fue su gran espejo (fútbol mexicano-Concacaf-FIFA-OTI). El brasileño multiplicó competencias instalando tres categorías en los mundiales juveniles y luego incorporando cupos de profesionales a los Juegos Olímpicos.
Antonio Samaranch desde el Comité Olímpico Internacional, se encargó de llevar adelante una política destinada a someter a cada disciplina a las necesidades de la tele, copiando el eje de la doctrina Havelange.
Havelange 20 años después: A fines de junio de 2008, cuando se cumplió una década de su alejamiento de la FIFA, el brasileño sorprendió al establishment del fútbol con declaraciones pesadas al diario Folha de Sao Paulo: “Hubo mundiales arreglados”. Pero con dialéctica quirúrgica se ocupó de subrayar el éxito de Argentina ’78 y sobre el 6-0 a Perú, argumentó: “Argentina tenía un buen equipo, le ganó a Holanda” y todos los peruanos, “tenían más de 30 años, su eficiencia física era ninguna”.
También habló del amarrete Brasil de Claudio Coutinho, a quien le pasó toda la responsabilidad por no haber llegado a la final, debido a que salió a firmar el empate con Argentina (segunda fecha de la fase final): “Cuando Brasil jugó contra Argentina, fui a los vestuarios y dije que necesitábamos ganar el partido para ser campeones. Me dijeron que iban a jugar por el empate. Hay que recordar que Rivelino no ingresó en la cancha. Empatamos”.
Havelange dijo estar convencido que, en los mundiales de Inglaterra 1966 y de Alemania 1974, hubo arreglos para beneficiar a los anfitriones en perjuicio de Brasil.
Sobre la supuesta trama secreta de Holanda 2-Brasil 0 en el ’74, Havelange aseguró que “Holanda llegó al torneo con un problema de petróleo, había aumentado mucho y andaban en bicicleta. Nunca lo olvido. El que había ido a regularizar esa situación fue Kissinger. Llegó al estadio para seguir Brasil-Holanda y Stanley Rous designó a el árbitro Tschenscher, de Alemania, quien tenía entonces 50 años”, recordó.
“Tschenscher me perjudicó. Perdí por 2-0. Suspendieron a mi (zaguero) central (Luis Pereira, expulsado en el partido contra Holanda) para la disputa por el tercer puesto contra Polonia” y responsabilizó a un error del árbitro italiano Aurelio Angonese de la derrota brasileña por 1-0 ante el equipo polaco.
En cuanto a Inglaterra 1966, se manifestó convencido que los árbitros designados para dirigir los partidos de Brasil, trataron de perjudicar al equipo sudamericano para beneficiar a los anfitriones y a Alemania.
“En 1966, Brasil tenía virtualmente el mismo equipo de 1962. ¿Quién era el presidente de la FIFA? Sir Stanley Rous, inglés. ¿Dónde se jugaba la Copa? Inglaterra. En mis tres partidos (de Brasil), con Portugal, Hungría y Bulgaria, había tres árbitros y seis asistentes. Siete eran ingleses y dos eran alemanes, ¿Por qué crees que pasó eso? Para destruir a mí equipo. Y lo destruyeron. Pelé se fue lesionado”, dijo.
Según Havelange, en ese mismo Mundial un árbitro inglés dirigió el partido entre Alemania y Uruguay, mientras que un alemán arbitró el duelo entre Argentina e Inglaterra. “¿Cual fue la final? Inglaterra y Alemania. ¿Por qué sólo había árbitros alemanes e ingleses en mis partidos? También en 1974, en Alemania. ¿A usted no le parece raro”? Y preguntó: “¿Inglaterra volvió a ser campeón o ganó algo? No…”.
En la década del ‘90, el escritor británico David Yallop desnudó muchos de los negocios sucios de la FIFA en tiempos de Havelange, en su libro “¿Cómo se robaron la Copa?”.El brasileño contestó que el trabajo era una venganza que se escribió casi cuatro décadas después: “En 1974, mi victoria para llegar a la presidencia de la FIFA relegó a Stanley Rous, que era inglés. Ellos no lo olvidan y no lo van a olvidar jamás”.
“Mi primera visita como presidente de la FIFA será a la República Argentina -dijo el nuevo titular de la FIFA después de ser electo-. Allí charlaré con la gente de la AFA y el gobierno argentino sobre el Mundial del ‘78, que va a ser un orgullo para toda América. Ya he conversado con Hermann Neuberger, que será el presidente del Comité Ejecutivo del Mundial ‘78 por la FIFA. Le ofrecí el cargo y lo aceptó. Además tendremos los 20 equipos que Argentina quería: 10 plazas para Europa, 4 para América del Sur, 2 para Asia, 2 para Africa y 2 para la CONCACAF”. Testimonio de Havelange en la página web de la FIFA, titulado: “Fue la primera vez que Argentina se vio libre de agitaciones”. “Argentina fue la campeona de La Copa Mundial de 1978, pero antes de la competición, el país se convirtió en el escenario de una revuelta. En contra del consejo de muchos, no suspendí la celebración de la Copa Mundial en el país, puesto que se le había adjudicado por decisión del Congreso de la FIFA y no por mi decisión personal como Presidente.
Además, la organización de la Copa Mundial avanzaba a buen ritmo. Cuando llegué un día al Sheraton de Buenos Aires, donde tenía su sede la FIFA, me recibió en el vestíbulo un imponente grupo de cincuenta señoras que querían hablar con mi esposa. Subieron todas a mi suite, donde fueron recibidas por la señora Havelange. ¿Para qué querían ver a mi esposa? ¡Para darle las gracias! Después de todos estos años de infierno, por fin tenemos paz en Argentina gracias a la Copa Mundial”, escribió el socio de la última dictadura argentina.