Brasil 2014: El Mundial que no miramos (Por Daniel Mancini)

Antes del partido que definió la Copa del Mundo de 2014, Schweinsteiger, el formidable medio centro alemán, dijo que Mascherano era el jefe de una manada de lobos. La afirmación es colorida, pero certera, debido a que el jugador del Barsa fue la referencia argentina desde que el equipo cambió su identidad en medio de la competencia.

En realidad, Sabella recuperó su eje cuando reforzó las protecciones (Demichelis y Biglia) y decidió que su equipo recurra a la abnegación para poner en marcha un sistema regresivo. Es que sucedió un hecho sintomático y por demás sorprendente cuando a media voz Messi reconoció que el entrenador le había anticipado que lo reemplazaría antes de finalizar el partido con los nigerianos. Bien, este episodio tiene algunas lecturas. Una de ellas es la más conocida (cuidar a Messi, evitar accidente musculares cuando Argentina estaba clasificada para octavos) y otra, por caso inadvertida, admite que cuando Sabella dispuso quitar a Leo del campo le estaba informando al mejor futbolista del mundo que acababa de convertirse en un jugador más.

Luego, llegaron las correcciones posicionales y el cambio de prototipo colectivo en base a un gran espíritu de cuerpo. Entonces, el liderazgo de Mascherano no sólo se manifestó en la batalla, ya que también se consumó en el manejo de la pelota. La idea estaba presente: Argentina no debía arriesgar el balón hasta cruzar el centro del campo. Por eso, nuestro volante de bandera fue uno de los futbolistas que más pases realizó pero, por ejemplo, frente a Holanda ninguna de las 70 entregas que hizo tuvieron como arribo el área naranja.

“Argentina abandonó la exhibición que prometían sus delanteros y se refugió en el sótano para asegurar la supervivencia. Partido a partido la defensa y los mediocampistas, que llegaron a Brasil siendo invisibles, asomaron tímidamente, ganándose después el respeto, y finalmente, alcanzando la dimensión de héroes”.

Sobreviviendo…

Este desarrollo de la metamorfosis nacional que hizo Jorge Valdano está en la línea del análisis de Axel Couto, el entrenador y psicólogo español que gusta del fútbol argentino. “Al alejarse Leo Messi de la portería, al equipo no le importa en absoluto tirar pases y pases en zonas no ´militarizadas´, en horizontal, cortitas y al pie. Por algo, Mascherano es el jugador del Mundial que más maneja la pelota. Pero, de forma arriesgada, jamás. A Argentina le ha ido de maravillas”, comentó Couto tras el triunfo nacional frente a Holanda.

Valdano terminó de completar la realidad, diciendo que “la supervivencia requiere oficio, solidaridad, esfuerzo y también poco sentido del riesgo. Todo lo fue criando Argentina en un mes en el que fue retrasando su base de sustentación. Mascherano, que se convirtió en líder, es una unidad de medida. La toca mucho y la tiene poco, que es una gran virtud. Pero el equipo no arriesga colectivamente en la posesión y el juego se hace burocrático porque en el siguiente escalón no hay un Modric, un Cuadrado o un Di María (ya estaba lesionado) para cambiar el ritmo. Enzo Pérez fue un buen sustituto de Di María, pero definió la tracción trasera hacia la que evolucionó el equipo”.

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