
“Barbosa”, relato que forma parte de “El fútbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano. La historia del arquero brasilero que para millones, le robó una vuelta olímpica a su Selección. Aquel partido en el Maracaná ante los uruguayos, que crucificó a un hombre para siempre. La absurda necesidad de buscar y encontrar culpables como sea, después de 90 minutos históricos cayó sobre sus hombros hasta su muerte.
17 de julio de 1950. Los dos goles históricos de la Selección uruguaya, en la tarde del Maracanazo. A los 13’ Juan Alberto Schiaffino, anotó el 1-1. La historia quedó sellada a los 33’, cuando Ghiggia escapar a la marca de Bigode, ingresó al área por el sector derecho y con un fuerte disparo quebró la endeble reacción del de Barbosa.
“Barbosa”: A la hora de elegir el arquero del campeonato, los periodistas del Mundial del 50 votaron, por unanimidad, al brasileño Moacir Barbosa. Barbosa era también, sin duda, el mejor arquero de su país, piernas con resortes, hombre sereno y seguro que transmitía confianza al equipo, y siguió siendo el mejor hasta que se retiró de las canchas, tiempo después, con más de cuarenta años de edad. En tantos años de fútbol, Barbosa evitó quién sabe cuántos goles, sin lesionar jamás a ningún delantero.
Pero en aquella final del 50,el atacante uruguayo Ghiggia lo había sorprendido con un certero disparo desde la punta derecha. Barbosa, que estaba adelantado, pegó un salto hacia atrás, rozó la pelota y cayó. Cuando se levantó, seguro de que había desviado el tiro, encontró la pelota al fondo de la red. Y ése fue el gol que apabulló al estadio de Maracaná y consagró campeón al Uruguay.