Alejandro “Finisterre” Campos Ramírez: El inventor del metegol

El “Futbolín” nació en 1937, un año después del comienzo de la guerra civil española. Su creador fue un joven poeta que se llamaba en realidad Alejandro Campos Ramírez, nacido en Finisterre (Galicia), el 6 de mayo de 1919.
Un republicano herido a los 17 años por un bombardeo alemán, que pese a las atenciones que primero recibió en Valencia y luego en Cataluña, arrastró una incapacidad motriz hasta el final de sus días.

En ese largo período de internaciones, tomó contacto con muchísimos niños que habían sido víctimas de los ataques de la aviación germana aliada al franquismo. Buscó un alivio inspirado en el tenis de mesa, para los pibes que eran tratados en el hotel Colonia Puig convertido en hospital y que sufrían alguna incapacidad que les impedía poder volver a caminar temporalmente o para siempre.

El creador del “Metegol” y de “La batalla naval”, es conocido por el nombre de su pueblo, porque obligado por la persecución de la dictadura, luego del final de la guerra en el ‘39, utilizó como apellido el nombre del lugar donde nació. El fisterrano también utilizó el seudónimo, Alexandre de Fisterra.

La idea de Alejandro quedó en manos de un carpintero vasco, Francisco Javier Altuna y luego lo patentó en Barcelona (enero 1937), para lograr la inmortalidad del juego y dejar establecido legalmente su árbol genealógico. El entretenimiento de los mutilados republicanos, rápidamente se convirtió en un juego planetario.


Finalizada la guerra, se exilió un tiempo en Francia. Cuenta la leyenda que en su cruce de los Pirineos a pie para quebrar la frontera, una tormenta arruinó en parte los documentos que lo convertían en el padre del invento. Pero una empresa francesa que ya estaba fabricando su idea, reconoció buena parte de sus derechos. Con el dinero que cobró, viajó primero a Ecuador y luego a Guatemala.

Estaba en Guatemala en 1954 fabricando con mucho éxito su invento, cuando auspiciado por la CIA se produjo el golpe militar del coronel Castillo Armas, que terminó con Jacobo Arbenz. En sociedad con Francisco Franco, la dictadura guatemalteca salió de cacería a buscar a los españoles exiliados. Finisterre fue secuestrado y trasladado a España; pero se salvó al simular que poseía una bomba (en realidad era un pan de jabón envuelto en un papel de aluminio) y obligó a que el avión desviara su ruta y bajara en Panamá.
Se trasladó a México y allí retomó su rol de editor convirtiendo en libro a más de 200 títulos de poesía de autores exiliados españoles, mexicanos y guatemaltecos. Entre ellos, nada menos que Octavio Paz, Ernesto Cardenal, Francisco Ayala, José Ramón Arana, Juan Larrea, Américo Castro, Ernestina de Champourcin, Max Aub, Emilio Prados, Américo Castro, Emilio Prados, Maruxa Vilalta, Federico Patán, Paco Ignacio Taibo, Griselda Alvarez Ponce de León y Andrés Henestrosa.

Finisterre que había trabajado como obrero gráfico, conoció a León Felipe. En la segunda mitad de su vida, fue editor del gran poeta y terminó siendo el albacea de su testamento. El ilustre integrante de la Real Academia Gallega, regresó a España en 1976 y murió en Zamora, el 9 de febrero de 2007. Tenía 87 años.

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